Divagaciones Omnipotentes
El
dos veces nominado al Óscar, Cordell Barker, es un viejo conocido
del mundo de la animación, pese a que en su larga trayectoria sólo
haya filmado cuatro cortometrajes. Con un estilo frenético, un humor
un tanto cínico y una predilección por un tono de ironía, se
convirtió en uno de los animadores canadienses más reconocidos. En
“Si yo fuera Dios...” (If I Was God...) hay dos cambios
importantes: es la primera vez que Barker filma en stop motion y el
frenetismo cambia la rápida sucesión de imágenes por una reflexiva
voz en off donde el propio Cordell va relatando cierto día escolar
donde su clase diseccionaba una rana.
Cordell
es un niño de 12 años que en plena pubertad comienza a sentir la
llegada del mundo adulto en la dichosa clase, por lo que empieza a
divagar sobre qué pasaría si el fuera un Dios. Bajo esta premisa
Cordell Barker, el director, se comporta como niño con juguete nuevo
experimentando con técnicas de animación desconocidas para él. Las
reglas son bastante claras, usar lo que Cordell, el protagonista,
tiene a su disposición en el salón de clases como pretexto para que
él cree mundos de fantasía con dichos objetos. Así, el póster de
clase del experimento de la rana diseccionada se transforma, en la
cabeza del protagonista (tanto en sentido literal como figurado), en
un folioscopio estilo Frankenstein donde la rana es reanimada a
través de un ingenioso mecanismo de animación. El pizarrón, con
sus incomprensibles ecuaciones, se transformará en una animación
tradicional relatando una persecusión para luego saltar a una
animación con plastilina, usando los dioramas encontrados en el
salón de clases. Y finalmente, la lluvia dará pie a que la maqueta
del planetario escolar se transforme en otra fantasía donde hace su
aparición la animación con papel maché.
Si
en un inicio se nos indica lo manipuladora que puede resultar la
educación mencionando como los niños ignoran que han sido
sistemáticamente civilizados para tomar el control del planeta,
existe una clara lucha entre el cinismo adulto y la imaginación
infantil. La trama es narrada por el Cordell adulto, mientras que la
animación es protagonizada por el Cordell niño. El Cordell director
es el que manipula cual Dios a un equipo de animadores bastante
talentosos (Sylvie Trouvé y Dale Hayward impresionando especialmente
en los efectos de la lluvia y la mosca) quienes le ayudan con las
maquetas y las marionetas que conforman el stop motion del salón de
clases. Cordell, el animador, es quien construye los mundos de
fantasía contrastándolos con los creados por Trouvé y Hayward. El
experimento de la rana de Galvani termina siendo un pretexto para
recordar a través de la fantasía, justamente como un trabajo que
toma vida utilizando corrientes alternas de animación. Si casi todo
mundo ha divagado en alguna aburrida clase, Cordell utiliza la
nostalgia a su favor, equiparando la sensación de poder que se tiene
al transformarse en un adulto con la que tendría un Dios al mismo tiempo que hace una disección de estereotipos de la clase escolar, con un inesperado giro positivo.
El
resultado es sumamente meritorio. Si en todos sus trabajos anteriores
el mundo puede estar al borde del desastre debido a la aparición de
alguien inesperado, en esta ocasión, por más que el Cordell adulto
intente hacerse valer, terminará optando por una resolución lúdica.
“Si yo fuera Dios...” narra una memoria de tiempos más ingenuos,
una donde el niño termina venciendo al adulto, por más que éste
quiera jugar a ser Dios.












