Altivos Apareamientos
Si en “La era de lo
extraño” (The age of curious) la animadora húngara Luca Tóth ya
demostraba un gusto por lo disruptivo, en “Superbia” conserva
intactas sus ambiciones entregando una obra exótica, agresiva y
transgresora. Junto a su equipo de seis animadores y uno adicional,
crea imágenes que se saturan de colores con movimientos donde los
personajes parecieran nadar sobre la pantalla, como si se tratara de
pinturas desplazándose a través del río de la jungla. La sensación
primitiva adornada con tambores africanos da comienzo con un ritual
de apareamiento donde las hembras cazan a los machos a campo abierto.
Los personajes son seres
humanos con cualidades mutantes, las mujeres poseen senos alargados
los cuales usan como brazos que asimilan a los de un simio,
mientras que sus manos se han tornado en pequeños e
inútiles adornos, como los diminutos brazos de un extinto
Tiranosaurio Rex. Siguiendo los preceptos de la vigorexia, estas
amazonas ejercitan sus pectorales de la misma forma en que se
ejercitan los bíceps, sus cuerpos se moldean cambiando del estado
flácido al de la firmeza contrayéndo sus músculos a voluntad. En
esta extraña sociedad los hombres serán los que paren a sus crías
y los bebés tendrán cuerpos con la fisonomía de un adulto pero en
tamaño pequeño. Los hombres son separados de las mujeres al nacer,
cada uno habitando por su lado. Las mujeres son presentadas con
tambores salvajes mientras que los hombres tocan el arpa y se peinan
delicadamente. En resumidas cuentas, Tóth apuesta
por el intercambio de roles: los machos tienen rasgos afeminados, las
hembras son descaradamente varoniles.
Si el título “Superbia”
nos indica soberbia en latín, el pecado capital que mueve la trama
no es precisamente ese, sino la lujuria. Una hembra desea a un macho,
pero no de la misma forma primitiva y carnal que todas las otras
hembras, ella ha notado algo especial en el sexo opuesto. Se impone
el deseo de placer sobre el reproductivo. Pareciera una contradicción
que no todo ocurra de manera explícita y que de todas formas todo
ocurra de maneras bastante gráficas. En algún momento se nos indica que cualquier diferencia en la perspectiva de género debe ser y será sepultada, pero de cualquier manera todo el relato altera la perspectiva de géneros. Habrá un momento clave en el
que no veamos lo que sucede, pero luego regresaremos a ese instante a
manera de flashback. Y la cereza del pastel, en este extraño lugar
habrá una especie de manantial que surge de las ubres de un animal
montaña, el cual luce afectado con todo lo que acontece a su
alrededor.
Lo sorprendente es como un
relato tan simple logra aparentar ser toda una malviajadez, todo se
construye a través del deseo de copular con el sexo opuesto, pero la
virtud aparece en como Tóth logra retratar a toda esta primitiva
sociedad tribal en todo su crudo y salvaje esplendor. En “Superbia”
el orgullo no viene tanto en el personaje que no sabe asimilar la
derrota, sino en aquel que sale victorioso en esta serie de altivos
rituales de apareamiento. El amor, es una salvajada.

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