domingo, 1 de mayo de 2016

En aguas profundas (Dans les eaux profondes)



Síndrome del gemelo sobreviviente

Con una exquisita animación, la francesa Sarah Brigaud Van Den Boom explora un fénomeno no tan conocido y sumamente atractivo: la sensación de incompletitud que poseen algunas personas que perdieron a su hermano gemelo antes del nacimiento. En el síndrome del gemelo sin gemelo, existe un misterioso drama el cual Van Den Boom explora con virtuosismo a través del cómo puede afectar la vida de estas personas aún sin saberlo, sus relaciones y su compartamiento. La animación es colorida, sumamente detallada, los escenarios donde se mueven los personajes tienen un soberbio toque de realismo y el estilo de la animación proyecta sombras en los lugares correctos para darle la sensación de volumen y el contraste melancólico que le proporciona el tema. Si en algo acierta Van den Boom es en como decide narrar “En aguas profundas” (Dans les eaux profondes) como un confesional donde sus protagonistas finalmente deciden compartir su experiencia con este fenómeno, como un pecado que había que callar y que otorga una liberación al salir de sus bocas. Al hacerlo de esta manera, logra que el espectador se empalme con la experiencia, descubriéndola junto a sus protagonistas. La estructura es bastante clásica construida en tres tiempos: con tres personajes intercalados, una presentación diseñada para denotar un poco de misterio continuando con la experiencia de cada uno de ellos y al final una reflexión llena de triste resignación. Es un drama muy bien construido con un atinado guión, tan atinado que aparenta ser un documental animado.

Hay una cita del dramaturgo Maurice Maeterlinck extraída de “El pájaro azul” (The Blue Bird) que reza: “Es desde aquí que vienen los niños que nacen sobre la tierra. Cada uno espera su día”. La cita es la respuesta que da la luz a uno de los personajes cuando le pregunta que hace un grupo de niños en el Reino del Futuro, al cual la luz explica que en este lugar habitan los niños que están por nacer. La cita resulta más que pertinente cuando “En aguas profundas” relata lo que podría suceder cuando los niños no pueden nacer. Si en “El pájaro azul” es un par de hermanos los que son enviados por encargo de un hada a buscar al pájaro azul que proporciona la felicidad, Van den Boom cuestiona lo que sucede cuando no se tiene quien le acompañe en la aventura y también que es lo que ocurre cuando ese pájaro mágico que proporciona la felicidad ya no existe. La respuesta es el vacío de los protagonistas, pero también existe una solución: Van den Boom equilibra la sensación de vacío que transmiten los protagonistas con una señal de comunión. Su experiencia es única, pero eso no significa que se se encuentren solos.

Y luego está el increíble acompañamiento musical obra de Pierre Caillet, quien usando el piano como base y acompañándolo con violines, chelos, violas, un toque de arpa y otro tanto de percusiones va elevando esta música melancólica dramática hasta el momento en que entra un coro angelical de niños a rematar las historias de estos personajes. Lo más extraño del asunto en “En aguas profundas” es que a pesar de la excelencia en la realización de la animación y el fino acompañamiento musical, lo que permanece en la mente es la sensación de que algó faltó. En algún otro trabajo eso debería contar como un defecto, pero cuando se habla de un trabajo como el de “En aguas profundas”, es éste su mejor halago.

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