Síndrome del gemelo
sobreviviente
Con una exquisita animación,
la francesa Sarah Brigaud Van Den Boom explora un fénomeno no tan
conocido y sumamente atractivo: la sensación de incompletitud que
poseen algunas personas que perdieron a su hermano gemelo antes del
nacimiento. En el síndrome del gemelo sin gemelo, existe un
misterioso drama el cual Van Den Boom explora con virtuosismo a través del cómo puede afectar la vida de estas personas aún sin saberlo, sus relaciones y su compartamiento. La
animación es colorida, sumamente detallada, los escenarios donde se
mueven los personajes tienen un soberbio toque de realismo y el
estilo de la animación proyecta sombras en los lugares correctos
para darle la sensación de volumen y el contraste melancólico que
le proporciona el tema. Si en algo acierta Van den Boom es en como
decide narrar “En aguas profundas” (Dans les eaux profondes) como
un confesional donde sus protagonistas finalmente deciden compartir
su experiencia con este fenómeno, como un pecado que había que
callar y que otorga una liberación al salir de sus bocas. Al hacerlo
de esta manera, logra que el espectador se empalme con la
experiencia, descubriéndola junto a sus protagonistas. La estructura es bastante clásica construida
en tres tiempos: con tres personajes intercalados, una presentación
diseñada para denotar un poco de misterio continuando con la
experiencia de cada uno de ellos y al final una reflexión llena de
triste resignación. Es un drama muy bien construido con un atinado
guión, tan atinado que aparenta ser un documental animado.
Hay una cita del dramaturgo
Maurice Maeterlinck extraída de “El pájaro azul” (The Blue
Bird) que reza: “Es desde aquí que vienen los niños que nacen
sobre la tierra. Cada uno espera su día”. La cita es la respuesta
que da la luz a uno de los personajes cuando le pregunta que hace un
grupo de niños en el Reino del Futuro, al cual la luz explica que en
este lugar habitan los niños que están por nacer. La cita resulta
más que pertinente cuando “En aguas profundas” relata lo que
podría suceder cuando los niños no pueden nacer. Si
en “El pájaro azul” es un par de hermanos los que son enviados
por encargo de un hada a buscar al pájaro azul que proporciona la
felicidad, Van den Boom cuestiona lo que sucede cuando no se tiene
quien le acompañe en la aventura y también que es lo que ocurre
cuando ese pájaro mágico que proporciona la felicidad ya no
existe. La respuesta es el vacío de los protagonistas, pero también
existe una solución: Van den Boom equilibra la sensación de vacío
que transmiten los protagonistas con una señal de comunión. Su
experiencia es única, pero eso no significa que se se encuentren
solos.
Y luego
está el increíble acompañamiento musical obra de Pierre Caillet,
quien usando el piano como base y acompañándolo con violines,
chelos, violas, un toque de arpa y otro tanto de percusiones va
elevando esta música melancólica dramática hasta el momento en que
entra un coro angelical de niños a rematar las historias de estos
personajes. Lo más extraño del asunto
en “En aguas profundas” es que a pesar de la excelencia en la
realización de la animación y el fino acompañamiento musical, lo
que permanece en la mente es la sensación de que algó faltó. En
algún otro trabajo eso debería contar como un defecto, pero cuando
se habla de un trabajo como el de “En aguas profundas”, es éste
su mejor halago.

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