lunes, 16 de mayo de 2016

Casa del Subconsciente (Alateadvuse maja)




¿Sueñan los deshollinadores?


Hay veces en que los cineastas se encuentran con algún músico que se vuela la barda de manera tan impactante que uno no puede separar la escena de la música en la mente. El ejemplo más sencillo y uno de los más conocidos, la escena de la bañera en “Psicosis” (Psycho), de Alfred Hitchcock con música de Bernard Herrmann. El director estonio Priit Tender, armado con una banda de cinco animadores sobresalientes, han sido afortunados en encontrar en el guitarrista Rainer Jancis a uno de esos músicos que de plano eleva las cosas a un nuevo nivel. Por si sola, “Casa del Subconsciente” (Alateadvuse maja) ya es lo suficientemente extraña como para intrigar al espectador. Añádale la música y las cosas explotan de manera espectacular.

La animación toma una estructura típica de videojuego con un protagonista que va subiendo a distintos escenarios donde habrá algún jefe de nivel dispuesto a darle un toque bizarro a todo el asunto. Mas que enfrentamientos con estos seres monstruosos, la disputa se centra en observar las interacciones del protagonista con estas criaturas. Probablemente no sea completamente necesario saberlo de antemano para poder disfrutar del viaje, pero pudiera ayudar a poner las cosas bajo cierta perspectiva, las animaciones se basan en los sueños recurrentes que poseen las personas que se dedican a limpiar chimeneas. El guión toma esta estructura donde el protagonista, con deshollinador en mano, tiene la misión de ir de un sueño a otro a través de distintos portales. Tenemos al protagonista en un inicio caminando bajo la niebla, el cual decide entrar a esta casa donde comienzan a ocurrir cosas extrañas. Lo que le sucede tiene su dosis de erotismo y de pachequez por igual, lo sensacional de la estructura es que juega con el mundo de los sueños de tal manera que brinca de uno al otro pero al mismo tiempo no pierde el sentido de una narración lineal, mezcla lo onírico con una forma narrativa sumamente sólida.

Como ya anticipa el título, en “Casa del subconsciente” el inconsciente es el que ha tomado posesión de todo lo que acontece dentro de este recinto. La animación mezcla el rojo con el azul de maneras brillantes, el tono es oscuro, los monstuos parecieran no tener volumen como si se tratara de recortes fantasmales, habrá un momento en que veamos una animación dentro de otra animación a través de cierto libro, alguna perversa seducción y personajes transformados en sombras. En general el ambiente es propio de una casa de los sustos, los niveles del absurdo llegan incluso a una secuencia donde se sirve a algún bebé como cena. Hay un toque de terror en todo esto, con misteriosas secuencias siempre a punto de estallar en mil pedazos. 

Aquí es donde entra la música de Rainer Jancis, con una composición de blues sumamente básica, pero letal. Resucitando el espíritu del guitarrista Link Wray, en un inicio no son las notas lo que causa revuelo, sino el tono de su guitarra. Más que una verdadera distorsión, el sonido luce como si se hubieran perforado las bocinas dándole un caracter sucio que acompaña de forma pesada a los monstruos que habitan los cuartos de la casa. Luego llegarán los armónicos de la guitarra anticipando que algo más extraño está por venir. Y cuando la secuencia climática está por ocurrir, se añaden unas percusiones (Pelle Louk) con una voz femenina (Kadri Voorand) incluída que cambia por un momento el blues por un enfrentamiento circense que pretende elevar todo a niveles épicos, anticipando que esto se va a descontrolar. Y se decontrola, cuando llegamos al final, entrará por completo la banda de blues con batería (Margo Pajula) y grave voz masculina (Steve Vanoni) para convertir el clímax en una previsible pero espectacular secuencia de horror puro. El protagonista hará algo danzando al ritmo de la música, transformado en un monstruo más. Es una pesadilla por la vocación. Una pesadilla extremadamente alucinante.

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