martes, 31 de mayo de 2016

Si yo fuera Dios... (If I Was God...)



Divagaciones Omnipotentes


El dos veces nominado al Óscar, Cordell Barker, es un viejo conocido del mundo de la animación, pese a que en su larga trayectoria sólo haya filmado cuatro cortometrajes. Con un estilo frenético, un humor un tanto cínico y una predilección por un tono de ironía, se convirtió en uno de los animadores canadienses más reconocidos. En “Si yo fuera Dios...” (If I Was God...) hay dos cambios importantes: es la primera vez que Barker filma en stop motion y el frenetismo cambia la rápida sucesión de imágenes por una reflexiva voz en off donde el propio Cordell va relatando cierto día escolar donde su clase diseccionaba una rana.

Cordell es un niño de 12 años que en plena pubertad comienza a sentir la llegada del mundo adulto en la dichosa clase, por lo que empieza a divagar sobre qué pasaría si el fuera un Dios. Bajo esta premisa Cordell Barker, el director, se comporta como niño con juguete nuevo experimentando con técnicas de animación desconocidas para él. Las reglas son bastante claras, usar lo que Cordell, el protagonista, tiene a su disposición en el salón de clases como pretexto para que él cree mundos de fantasía con dichos objetos. Así, el póster de clase del experimento de la rana diseccionada se transforma, en la cabeza del protagonista (tanto en sentido literal como figurado), en un folioscopio estilo Frankenstein donde la rana es reanimada a través de un ingenioso mecanismo de animación. El pizarrón, con sus incomprensibles ecuaciones, se transformará en una animación tradicional relatando una persecusión para luego saltar a una animación con plastilina, usando los dioramas encontrados en el salón de clases. Y finalmente, la lluvia dará pie a que la maqueta del planetario escolar se transforme en otra fantasía donde hace su aparición la animación con papel maché.

Si en un inicio se nos indica lo manipuladora que puede resultar la educación mencionando como los niños ignoran que han sido sistemáticamente civilizados para tomar el control del planeta, existe una clara lucha entre el cinismo adulto y la imaginación infantil. La trama es narrada por el Cordell adulto, mientras que la animación es protagonizada por el Cordell niño. El Cordell director es el que manipula cual Dios a un equipo de animadores bastante talentosos (Sylvie Trouvé y Dale Hayward impresionando especialmente en los efectos de la lluvia y la mosca) quienes le ayudan con las maquetas y las marionetas que conforman el stop motion del salón de clases. Cordell, el animador, es quien construye los mundos de fantasía contrastándolos con los creados por Trouvé y Hayward. El experimento de la rana de Galvani termina siendo un pretexto para recordar a través de la fantasía, justamente como un trabajo que toma vida utilizando corrientes alternas de animación. Si casi todo mundo ha divagado en alguna aburrida clase, Cordell utiliza la nostalgia a su favor, equiparando la sensación de poder que se tiene al transformarse en un adulto con la que tendría un Dios al mismo tiempo que hace una disección de estereotipos de la clase escolar, con un inesperado giro positivo.

El resultado es sumamente meritorio. Si en todos sus trabajos anteriores el mundo puede estar al borde del desastre debido a la aparición de alguien inesperado, en esta ocasión, por más que el Cordell adulto intente hacerse valer, terminará optando por una resolución lúdica. “Si yo fuera Dios...” narra una memoria de tiempos más ingenuos, una donde el niño termina venciendo al adulto, por más que éste quiera jugar a ser Dios.

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