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martes, 17 de mayo de 2016

En la distancia (In the distance)



Cuando la guerra llega a domicilio

En “En la distancia” (In the Distance), el alemán Florian Grolig ha creado una animación que técnicamente es en extremo simple tomando en cuenta que se dibuja sobre un imaginario plano general, donde la falta de movimiento del escenario facilita el proceso de trabajo. Sin embargo, como todo buen animador sabe, siempre es mejor simplificar las cosas y hacerlas de tal forma que el enfoque siempre esté destinado a contar una buena historia. Lo ingenioso en “En la distancia” se encuentra en como usa estas condiciones a su favor para desenmarañar una narrativa donde la guerra hace su aparición. 

En este caso tenemos una casa de la cual no conocemos a ciencia cierta su ubicación, donde lo raro en ella es que a pesar de que la estática perspectiva no nos permite ver con exactitud qué tan alto se encuentra, sí nos permite dilucidar que está a una altura lo suficientemente considerable. ¿Cómo le hace el sujeto que la habita para vivir en este muro de concreto a chorrocientos metros de altura? Algo de esta interrogante es respondida durante el inicio, que se desenvuelve como si observaramos a un naúfrago en una isla de concreto. Como no podemos ver completamente el interior, el movimiento más enriquecedor es el que ocurre en el techo, aunque el diseño es lo suficientemente audaz como para dejarnos ver lo que sucede en una ventana donde asoma una maceta y a través de la puerta que vemos de frente, la cual evidentemente da hacia el precipicio.

Como dicta el refrán, “si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma”. Si la pizzas se entregan a domicilio, aquí lo que llega a la puerta en menos de 30 minutos es la guerra. Sin importar que este inquilino de las nubes intente aislarse de la realidad, la realidad ha tocado a su puerta en forma de balas y destrucción. Aquí el diseño sonoro toma una importancia bárbara desde el momento en que se escucha como se avecina una tormenta y el sonido de las explosiones, junto con el caos, se van aproximando a la ubicación de este hombre exiliado de la sociedad. La forma en la que Florian Grolig se las ingenia para que el escenario cambie, a pesar de que todo conserve la misma perspectiva, es en extremo valiosa. La ubicación es la misma pero los colores, la iluminación y las circunstancias van evolucionando acordemente.

Si bien en ficción con actores este tipo de filmación donde la cámara suele permanecer estática en cada escena es bastante común (Austria tiene a Michael Haneke, Suecia tiene a Ruben Östlund, México a Michel Franco, etc.) en la evolución de la animación se ha perdido bastante el gusto por filmar de esta forma. En animaciones europeas como las que hacía Donio Donev en Bulgaria, con todo y que varias de ellas ocurrían en una sola locación solían tener la sensación de movimiento. Florian Grolig no lo hace, toma esta decisión arriesgada de que la toma esté fija. “No muevas la cámara, mueve la historia” parece ser su mantra y lo hace con verdadera habilidad confiando en que el espectador sabrá poner atención a los detalles, con el lejano y diminuto protagonista moviéndose en este rascacielos solitario. No luce como un escenario teatral, sino como uno totalmente cinematográfico. 

Si Florian Grolig es un formalista valiente, su inquilino protagonista tendrá que tomar algunas duras decisiones ante lo que sucede a su alrededor con la animación llegando hasta sus últimas consecuencias. No importa qué tanto haga uno por aislarse de la sociedad, lo que ocurre en el mundo eventualmente tocará a la puerta y el cómo uno se enfrenta ante estas eventualidades es lo que puede lograr la diferencia. Es por ello que las últimas dos secuencias en “En la distancia” son cruentas y desgarradoras a partes iguales, pero de cierta manera, también esperanzadoras.

domingo, 1 de mayo de 2016

En aguas profundas (Dans les eaux profondes)



Síndrome del gemelo sobreviviente

Con una exquisita animación, la francesa Sarah Brigaud Van Den Boom explora un fénomeno no tan conocido y sumamente atractivo: la sensación de incompletitud que poseen algunas personas que perdieron a su hermano gemelo antes del nacimiento. En el síndrome del gemelo sin gemelo, existe un misterioso drama el cual Van Den Boom explora con virtuosismo a través del cómo puede afectar la vida de estas personas aún sin saberlo, sus relaciones y su compartamiento. La animación es colorida, sumamente detallada, los escenarios donde se mueven los personajes tienen un soberbio toque de realismo y el estilo de la animación proyecta sombras en los lugares correctos para darle la sensación de volumen y el contraste melancólico que le proporciona el tema. Si en algo acierta Van den Boom es en como decide narrar “En aguas profundas” (Dans les eaux profondes) como un confesional donde sus protagonistas finalmente deciden compartir su experiencia con este fenómeno, como un pecado que había que callar y que otorga una liberación al salir de sus bocas. Al hacerlo de esta manera, logra que el espectador se empalme con la experiencia, descubriéndola junto a sus protagonistas. La estructura es bastante clásica construida en tres tiempos: con tres personajes intercalados, una presentación diseñada para denotar un poco de misterio continuando con la experiencia de cada uno de ellos y al final una reflexión llena de triste resignación. Es un drama muy bien construido con un atinado guión, tan atinado que aparenta ser un documental animado.

Hay una cita del dramaturgo Maurice Maeterlinck extraída de “El pájaro azul” (The Blue Bird) que reza: “Es desde aquí que vienen los niños que nacen sobre la tierra. Cada uno espera su día”. La cita es la respuesta que da la luz a uno de los personajes cuando le pregunta que hace un grupo de niños en el Reino del Futuro, al cual la luz explica que en este lugar habitan los niños que están por nacer. La cita resulta más que pertinente cuando “En aguas profundas” relata lo que podría suceder cuando los niños no pueden nacer. Si en “El pájaro azul” es un par de hermanos los que son enviados por encargo de un hada a buscar al pájaro azul que proporciona la felicidad, Van den Boom cuestiona lo que sucede cuando no se tiene quien le acompañe en la aventura y también que es lo que ocurre cuando ese pájaro mágico que proporciona la felicidad ya no existe. La respuesta es el vacío de los protagonistas, pero también existe una solución: Van den Boom equilibra la sensación de vacío que transmiten los protagonistas con una señal de comunión. Su experiencia es única, pero eso no significa que se se encuentren solos.

Y luego está el increíble acompañamiento musical obra de Pierre Caillet, quien usando el piano como base y acompañándolo con violines, chelos, violas, un toque de arpa y otro tanto de percusiones va elevando esta música melancólica dramática hasta el momento en que entra un coro angelical de niños a rematar las historias de estos personajes. Lo más extraño del asunto en “En aguas profundas” es que a pesar de la excelencia en la realización de la animación y el fino acompañamiento musical, lo que permanece en la mente es la sensación de que algó faltó. En algún otro trabajo eso debería contar como un defecto, pero cuando se habla de un trabajo como el de “En aguas profundas”, es éste su mejor halago.

viernes, 1 de abril de 2016

Ghost Cell



Exploding Cell


Like an exercise in animated technique, taking the City of Paris as if it was an animal cell, French filmmaker Antoine Delacharlery builds a kind of virtual anthill where it is possible to see from the Parisian streets trance transit to the Stalingrad subway's station with the passersby coming to life. This animated short film in black and white begins faking a microscope’s zoom, focusing its “cell” with a musical note fading in until it reaches a trance rhythm courtesy of composer Bastien Prevosto. Seems like in this electronic microscope, the filmmaker is adjusting the microscope's diaphragm little by little, in order to be able to see in detail whatever is taking place in this small microorganism.

If at the beginning everything is a little fuzzy, as urban passages define themselves, “Ghost Cell” starts reaching its own rhythm, just like Bastien Prevosto’s music. It is a film that honors its title since images always look like a virtual world that doesn’t seem to be fully constructed, like the halo of a ghost. It’s like watching the edges of an animation that has not been finished, where one can see the outlines, fill them with some unpolished details and leaving those as incomplete structures. It also reflects the visual qualities of an actual cell, with its enzymes and proteins replaced by cars and pedestrians, injecting life to this architectural structure. At some times like an unfinished Wachowski Sisters' “Matrix”, at others like the lines designed for that old video game system in 3D known as Virtual Boy, but with a better definition, the structure evolves until it plays in a style reminiscent of Christopher Nolan's “Inception”, with its buildings unfolding one in top of each other.

There is a smell of video clip in all the matter, specially taking in consideration that the work avoids a narrative and the music is as important as the animation itself. At the end of the day, “Ghost Cell” ends being that enjoyable exercise in style where its mutations know exactly how to evolve, giving the impression that by unfolding like they do, they will know how to enhance their DNA without seeming someone else’s clone.