Educación por la
liberación
Un piano suena y una niña recoge una
paloma como símbolo de la esperanza, una premonición de la armonía
que está por venir. En un sentido más propio lo que se ve es a una
pequeña mujer que sabe exactamente lo que quiere, aunque no tiene
las mejores condiciones para alcanzar esa meta: Awa es una niña
africana que lo único que quiere es poder estudiar. En “El sueño
de Awa” (Le Rêve d'Awa), los directores Zéna Zeidan y Yancouba
Diémé crean una animación muda que basa su poderío en el caracter
aspiracional de su protagonista. Los colores son brillantes como el
sol africano, tan cegadores que los fondos son como nubarrones. Los
personajes son coloreados de la misma manera pero sus contornos son
delineados con mayor fuerza para centrar nuestra atención en ellos.
Hay un carácter idílico, inspirador y un tono claramente feminista.
El mayor acierto recae en dicho tono. Tenemos a una mujer que lucha
por conseguir su sueño, tan simple como su título, tan pertinente
como el tema del que habla: la educación y las dificultades a las
que se enfrentan personas de bajos recursos.
Si hay reclamos hacia “El sueño de
Awa”están en alguna pronta transición cuando ésta pasa de niña
a mujer, en algún momento donde se insinúa cierto romance y en la
falta de confianza al recalcar por medio de las palabras sobre el
pizarrón lo que ya ha sido expresado por medio de las imágenes. La
transición por lo abrupta, el romance porque distrae del tema
principal restándole fuerza y las palabras porque terminan
estorbando más de lo que ayudan. Hay cierta nobleza en dichos
fallos, precisamente por lo que buscan, aspiran a llevar la historia
hacia lugares más amables: hacia la madurez, hacia la unión y hacia
el entendimiento.
La música de Stephen Ibaaku Bassene es
sobriamente bella, al acompañamiento de piano lo comienza a
complementar la melodía de una guitarra a los cuales se le añaden
percusiones, sonidos de campana y cuerdas. Los instrumentos suenan
como respondiéndose unos a otros, alternando notas agudas con graves
o en ocasiones contrastando los ritmos dándole un bello dinamismo a
las imágenes. Si hay algún momento genuinamente encabronante es
justamente porque lo que le sucede a Awa por ser mujer, es
complementado por el ritmo musical que se torna pausado, triste y
reflexivo.
“El sueño de Awa” resulta una
sencilla y bonita historia que si bien no es soberbia es más que
bienvenida en un mundo en donde los sistemas suelen ser generadores
de injusticias. A pesar de las adversidades, hay una solución
posible, por eso la imagen final es un espejo de la que ocurre en un
inicio, aunque Awa se encuentre en el mismo lugar, ya no es la misma persona pequeña de antaño. La educación,
la verdadera educación, nos libera.

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