domingo, 15 de mayo de 2016

El sueño de Awa (Le Rêve d'Awa)




Educación por la liberación

Un piano suena y una niña recoge una paloma como símbolo de la esperanza, una premonición de la armonía que está por venir. En un sentido más propio lo que se ve es a una pequeña mujer que sabe exactamente lo que quiere, aunque no tiene las mejores condiciones para alcanzar esa meta: Awa es una niña africana que lo único que quiere es poder estudiar. En “El sueño de Awa” (Le Rêve d'Awa), los directores Zéna Zeidan y Yancouba Diémé crean una animación muda que basa su poderío en el caracter aspiracional de su protagonista. Los colores son brillantes como el sol africano, tan cegadores que los fondos son como nubarrones. Los personajes son coloreados de la misma manera pero sus contornos son delineados con mayor fuerza para centrar nuestra atención en ellos. Hay un carácter idílico, inspirador y un tono claramente feminista. El mayor acierto recae en dicho tono. Tenemos a una mujer que lucha por conseguir su sueño, tan simple como su título, tan pertinente como el tema del que habla: la educación y las dificultades a las que se enfrentan personas de bajos recursos.

Si hay reclamos hacia “El sueño de Awa”están en alguna pronta transición cuando ésta pasa de niña a mujer, en algún momento donde se insinúa cierto romance y en la falta de confianza al recalcar por medio de las palabras sobre el pizarrón lo que ya ha sido expresado por medio de las imágenes. La transición por lo abrupta, el romance porque distrae del tema principal restándole fuerza y las palabras porque terminan estorbando más de lo que ayudan. Hay cierta nobleza en dichos fallos, precisamente por lo que buscan, aspiran a llevar la historia hacia lugares más amables: hacia la madurez, hacia la unión y hacia el entendimiento.

La música de Stephen Ibaaku Bassene es sobriamente bella, al acompañamiento de piano lo comienza a complementar la melodía de una guitarra a los cuales se le añaden percusiones, sonidos de campana y cuerdas. Los instrumentos suenan como respondiéndose unos a otros, alternando notas agudas con graves o en ocasiones contrastando los ritmos dándole un bello dinamismo a las imágenes. Si hay algún momento genuinamente encabronante es justamente porque lo que le sucede a Awa por ser mujer, es complementado por el ritmo musical que se torna pausado, triste y reflexivo.

“El sueño de Awa” resulta una sencilla y bonita historia que si bien no es soberbia es más que bienvenida en un mundo en donde los sistemas suelen ser generadores de injusticias. A pesar de las adversidades, hay una solución posible, por eso la imagen final es un espejo de la que ocurre en un inicio, aunque Awa se encuentre en el mismo lugar, ya no es la misma persona pequeña de antaño. La educación, la verdadera educación, nos libera.

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