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sábado, 21 de mayo de 2016

Superbia



Altivos Apareamientos


Si en “La era de lo extraño” (The age of curious) la animadora húngara Luca Tóth ya demostraba un gusto por lo disruptivo, en “Superbia” conserva intactas sus ambiciones entregando una obra exótica, agresiva y transgresora. Junto a su equipo de seis animadores y uno adicional, crea imágenes que se saturan de colores con movimientos donde los personajes parecieran nadar sobre la pantalla, como si se tratara de pinturas desplazándose a través del río de la jungla. La sensación primitiva adornada con tambores africanos da comienzo con un ritual de apareamiento donde las hembras cazan a los machos a campo abierto.

Los personajes son seres humanos con cualidades mutantes, las mujeres poseen senos alargados los cuales usan como brazos que asimilan a los de un simio, mientras que sus manos se han tornado en pequeños e inútiles adornos, como los diminutos brazos de un extinto Tiranosaurio Rex. Siguiendo los preceptos de la vigorexia, estas amazonas ejercitan sus pectorales de la misma forma en que se ejercitan los bíceps, sus cuerpos se moldean cambiando del estado flácido al de la firmeza contrayéndo sus músculos a voluntad. En esta extraña sociedad los hombres serán los que paren a sus crías y los bebés tendrán cuerpos con la fisonomía de un adulto pero en tamaño pequeño. Los hombres son separados de las mujeres al nacer, cada uno habitando por su lado. Las mujeres son presentadas con tambores salvajes mientras que los hombres tocan el arpa y se peinan delicadamente. En resumidas cuentas, Tóth apuesta por el intercambio de roles: los machos tienen rasgos afeminados, las hembras son descaradamente varoniles.

Si el título “Superbia” nos indica soberbia en latín, el pecado capital que mueve la trama no es precisamente ese, sino la lujuria. Una hembra desea a un macho, pero no de la misma forma primitiva y carnal que todas las otras hembras, ella ha notado algo especial en el sexo opuesto. Se impone el deseo de placer sobre el reproductivo. Pareciera una contradicción que no todo ocurra de manera explícita y que de todas formas todo ocurra de maneras bastante gráficas. En algún momento se nos indica que cualquier diferencia en la perspectiva de género debe ser y será sepultada, pero de cualquier manera todo el relato altera la perspectiva de géneros. Habrá un momento clave en el que no veamos lo que sucede, pero luego regresaremos a ese instante a manera de flashback. Y la cereza del pastel, en este extraño lugar habrá una especie de manantial que surge de las ubres de un animal montaña, el cual luce afectado con todo lo que acontece a su alrededor.

Lo sorprendente es como un relato tan simple logra aparentar ser toda una malviajadez, todo se construye a través del deseo de copular con el sexo opuesto, pero la virtud aparece en como Tóth logra retratar a toda esta primitiva sociedad tribal en todo su crudo y salvaje esplendor. En “Superbia” el orgullo no viene tanto en el personaje que no sabe asimilar la derrota, sino en aquel que sale victorioso en esta serie de altivos rituales de apareamiento. El amor, es una salvajada.

jueves, 31 de marzo de 2016

Olas '98 (Waves '98)




Buenas noches, Beirut


“Olas '98” (Waves '98) es una enigmática animación acerca de la experiencia de salir a conocer el mundo, anclada en el Beirut de 1998. El cineasta libanés Ely Dagher crea un personaje tratando de reflejar ese primer encuentro con el mundo exterior. El protagonista, Omar, es un chico que pasa las tardes aburrido ya sea mirando las noticias en el televisor (con imágenes de archivo reales en vez de animadas) y cuyos padres gustan pasar las tardes en el sillón mirando algún programa de entretenimiento (nuevamente con imágenes de video real). En algún momento, mientras contempla la ciudad desde alguna azotea, ve un extraño brillo, lo cual lo motiva a explorar de donde es que viene éste.

En “Olas '98” existen elementos tanto de fantasía como contrastantes: el personaje en un principio mira a la ciudad desde el centro hacia afuera, más tarde lo hará desde afuera hacia adentro; el diseño sonoro al inicio utiliza sonidos tanto de un rítmico tren como del tráfico de la ciudad, para después utilizar el ruido uniforme de una motocicleta resuelta al escape; las calles llegan a ser una mezcla de realidad con animación con una edición no tan sutil; hay una estatua moviéndose como una especie de monstruo que funciona como metáfora del mundo exterior, al tiempo que encapsula a la juventud dentro de la misma ciudad. Hay también un deseo de salir a descubrir el mundo y luego un aire de que, aunque no se quiera escapar de un lugar mejor para regresar a lo monótono, tampoco se puede dejar de pertenecer al lugar que lo vió a uno crecer. De algún modo, es imposible dejar de pertenecer, por eso el universo de fantasía creado por Dagher no sale realmente nunca de la Ciudad, al menos no de manera física. Es una mezcla de rebeldía juvenil vista con los ojos nostálgicos de un adulto. Quizás por eso, por el entorno y por tener un tema fácil con el cual conectarse, el cortometraje haya sido ganador de la Palma de Oro en el pasado festival de Cannes.