¿A dónde van los
amores perdidos?
Un hombre entra a una
oficina cargando una caja. En dicha oficina hay cientos de cajas
similares y cuando la caja se abre, se devela ante nuestros ojos una
historia de amor. El contenido de la caja son los remanentes de dicha
relación: una colección de fotografías danzantes a ritmo de vals,
algunos trozos de papel, pequeños obsequios que se ofrecieron como
prueba de amor entre una mujer llamada Amélia y un hombre llamado
Duarte. Sus súbitos cambios de vestuario, el movimiento de alguna
hoja de papel, un baile sobre el viejo tocadiscos, algunos recortes
al libro de “El crimen del Padre Amaro” y algunos otros
caprichos, funcionan para expresar como se enfrenta uno al mundo
cuando el amor tiene fecha de caducidad.
¿Qué se hace con la
persona que alguna vez se amó pero que por alguna razón ya no se
ama? Las portuguesas
Alice Guimarães y Mónica Santos buscan ofrecer una respuesta
con un tono decididamente optimista, con una estoica visión de
madurez y utilizando una técnica no tan usual como debiera serlo, en
“Amélia & Duarte” el stop motion se realiza con humanos, es
decir, con actores reales. Si el amor es esa cosa extraña que
repentinamente se puede ganar o perder sin razón, los actores Sara
Costa (Amélia) y Gilberto Oliveira (Duarte) posan para la cámara
con gestos que implican este arbitrario cambio de emociones con
gracia y encanto. El stop motion que gira en torno a los personajes
funciona como una suerte de efectos especiales en lo que se anima
alrededor de ellos: el papel, sus ropas, lo que traen entre las
manos, los recuerdos de su amor.
“Amélia & Duarte” trata
pues, de como se lidia con el rompimiento. Hacia el final habrá un
encuentro por las calles entre viejos amores en el que uno teme que
se traicione lo que se está contando, pero las cineastas son lo
suficientemente inteligentes para entregarnos una escena cargada de
optimismo, sin traicionarse a sí mismas. Hay momentos en que para
estar en paz con el desamor se intenta extirpar por completo el
nombre de la persona que ya no se ama, es verdad, aunque Guimarães y
Santos proponen algo más pragmático, que aunque los recuerdos del
amor siempre se llevan en el corazón, algunos nos pueden ocasionar
dolor, así que habrá que guardarlos en algún lugar y seguir
caminando hacia adelante, con una sonrisa.

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