jueves, 5 de mayo de 2016

Amélia & Duarte




¿A dónde van los amores perdidos?


Un hombre entra a una oficina cargando una caja. En dicha oficina hay cientos de cajas similares y cuando la caja se abre, se devela ante nuestros ojos una historia de amor. El contenido de la caja son los remanentes de dicha relación: una colección de fotografías danzantes a ritmo de vals, algunos trozos de papel, pequeños obsequios que se ofrecieron como prueba de amor entre una mujer llamada Amélia y un hombre llamado Duarte. Sus súbitos cambios de vestuario, el movimiento de alguna hoja de papel, un baile sobre el viejo tocadiscos, algunos recortes al libro de “El crimen del Padre Amaro” y algunos otros caprichos, funcionan para expresar como se enfrenta uno al mundo cuando el amor tiene fecha de caducidad.

¿Qué se hace con la persona que alguna vez se amó pero que por alguna razón ya no se ama? Las portuguesas Alice Guimarães y Mónica Santos buscan ofrecer una respuesta con un tono decididamente optimista, con una estoica visión de madurez y utilizando una técnica no tan usual como debiera serlo, en “Amélia & Duarte” el stop motion se realiza con humanos, es decir, con actores reales. Si el amor es esa cosa extraña que repentinamente se puede ganar o perder sin razón, los actores Sara Costa (Amélia) y Gilberto Oliveira (Duarte) posan para la cámara con gestos que implican este arbitrario cambio de emociones con gracia y encanto. El stop motion que gira en torno a los personajes funciona como una suerte de efectos especiales en lo que se anima alrededor de ellos: el papel, sus ropas, lo que traen entre las manos, los recuerdos de su amor.

 “Amélia & Duarte” trata pues, de como se lidia con el rompimiento. Hacia el final habrá un encuentro por las calles entre viejos amores en el que uno teme que se traicione lo que se está contando, pero las cineastas son lo suficientemente inteligentes para entregarnos una escena cargada de optimismo, sin traicionarse a sí mismas. Hay momentos en que para estar en paz con el desamor se intenta extirpar por completo el nombre de la persona que ya no se ama, es verdad, aunque Guimarães y Santos proponen algo más pragmático, que aunque los recuerdos del amor siempre se llevan en el corazón, algunos nos pueden ocasionar dolor, así que habrá que guardarlos en algún lugar y seguir caminando hacia adelante, con una sonrisa.

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