jueves, 6 de octubre de 2016

“Este es el primer amor” (Zhege niantou shi ai)



这个年头是爱

¿Ha sentido alguna vez ese impulso por ver a la persona amada a pesar de que esta se encuentre a kilómetros de distancia? No hay un plan establecido, se desea ver a esa persona aunque sea sólo un instante y compatir con esta una experiencia más. En “Este es el primer amor” (Zhege niantou shi ai), el director chino Lei Lei (también conocido como Ray Lei) anima un balbuceo romántico musical con música swing de jazz que toma esta idea. El concepto es muy sencillo: un hombre viaja a ver a su amada porque quiere ser romántico como los franceses. No hay una trama establecida pues se trata de ir y venir, por lo que estamos ante una animación cuyo ritmo es definido por la música. Los colores azules y rosados predominan, el estilo utilizado emula por algunos momentos al de la animación con recortes pues el protagonista transita por este aeropuerto a través de distintos escenarios que dan la sensación de superponerse. Es en este aeropuerto en el cual decide hacer su viaje mientras nos canta lo que va sucediendo. A pesar de que no es para nada algo sobresaliente, la animación transmite una alegría contagiosa. Es difícil no ponerse de buen humor ante la forma en la que el sinsentido amoroso brota de este hombre enamorado. El jazz cantado en chino tiene una fluidez que llama más la atención de lo que lo haría una canción cantada en inglés. Los versos riman y la música fluye agradablemente. Pareciera que para Ray Lei la animación es lo de menos, lo que importa es que esta persiga la letra que canta el hombre, que transmita esa idea de desespero por ver a la persona amada. En ese aspecto, el trabajo funciona. Es una animación agradable, embriagada de amor.

sábado, 1 de octubre de 2016

“Fotografía recuperada” (Zhaopian huishou)




照片回收

El animador chino Lei Lei crea en “Fotografía recuperada” (Zhaopian huishou) un mosaico documental a través de imágenes en negativo que retratan 30 años de la ciudad de Pekín. El concepto del proyecto suena más interesante de lo que ofrece el resultado final. Construida a partir de medio millón de películas en negativo de 35 mm que forman parte de la colección del francés Thomas Sauvin vemos cómo transitan las imágenes como si se tratara de un tren lleno de pasajeros. Los vagones del tren consisten en cada uno de los negativos, los cuales van desfilando de manera un tanto arbitraria al no haber sido creados deliberadamente como parte de un todo. No obstante esto, Lei Lei intenta darle un sentido a las imágenes en conjunto. El desfile trata de tomar imágenes que se parecen entre si, utilizando distintas personas que posan para la cámara en posiciones similares por lo que por momentos se crea la ilusión de que tienen puntos artísticos en común. Lo que le ayuda a la animación a dar esa impresión es que la gente normalmente toma fotografías de sí misma con algún punto turístico de fondo. En ese sentido no suele importar demasiado la composición, lo que importa es salir en la foto y que se note el lugar en donde se toma dicha foto. Es de esta forma en la que Lei Lei consigue crear cierto sentido de armonía dentro del caos que ofrece la inmensa colección de imágenes.

Todo se mueve de forma tan veloz que resulta difícil apreciarlas en lo individual, pero en su conjunto crean este mosaico que funciona como un time-lapse animado artificialmente. Es la creación a partir del reciclaje. Arte creado a partir de lo que la gente deja en la basura. Este archivo memoria que se reapropia de imágenes ajenas para construir una obra propia no tiene un impacto particular como el que suele tener la obra de alguien más experimentado como Peter Tscherkassky, quien suele trabajar bajo las mismas reglas: el mundo del ejercicio sensorial trabajado con fotografías ajenas, manipulándolas para construir algo distinto. “Fotografía Recuperada” carece de la audacia experimental de Tscherkassky. Muchos negativos no contienen una imagen clara, otros pasan desapercibidos ante el tumulto de imágenes y algunas más lucen paisajes vacíos bastante mundanos. La falta de ingenio visual es sustituida con un diseño sonoro que da la impresión de estar en medio de las vías de un tren. El sonido termina realzando la imagen en un desperdicio creado a partir del desperdicio.

viernes, 30 de septiembre de 2016

La orquesta (The Orchestra)


Sydney: Sinfonía de un gran asilo de ancianos

Un universo donde los transeúntes se mueven al ritmo de su propia banda sonora en un melodioso caos. Si algo sabe hacer bien el director australiano Mikey Hill en “La orquesta” (The orchestra) es establecer desde la primera secuencia el ritmo de un extraño mundo musical. En “La orquesta” estamos en un mundo en donde cada persona es acompañada de su propio grupo musical. Este grupo encabezado por diminutas personas que son pequeños clones de su dueño se dedica a acompañar en vivo el estado de ánimo de sus amos. Así, alguien en bicicleta transitara velozmente a ritmo de las campanas, algún viejo en su balcón será armonizado a través de un piano y los que se dedican a llevar a los muertos tendrán su propia banda tocando marchas fúnebres. Usted entiende la idea, si se encuentra triste, sus músicos estarán tocando canciones para cortarse las venas.

En este bizarro universo, se encuentra el protagonista, un anciano inseguro que tiene a sus enanos músicos tocando de la misma forma: sin ritmo, sin seguridad, sin conocimiento. Los músicos son casi un sustituto del lenguaje corporal. La animación es radiante, colorida y amable. El concepto es ambicioso, pero Hill decide optar por una narrativa mucho más convencional en aras de hacerlo accesible a todo público. Es decir, el protagonista intentará poner a sus músicos en cintura en pos de un nuevo interés romántico. De esta forma, lo que veremos es un trabajo que opta por un mensaje de superación personal al mismo tiempo que manda otro sobre la aceptación de la personalidad propia. Encauzarse a sí mismo esculpiendo (o componiendo) las mejores cualidades. Este modelo de tratar de encontrar la mejor versión de uno mismo hace que el trabajo sea un tanto encantador. Es cursi y meloso, más propio del pop que de los ritmos clásicos que manejan las composiciones musicales de la animación.

Hay ingeniosos detalles: un letrero que al igual que la música va cambiando según el estado de ánimo del protagonista, una flor de cactus que refleja su carácter de dulzura en estado espinoso, la elección en la instrumentación de cada persona que aparece en la animación, la forma en que se puede descontrolar el ritmo cuando uno de los personajes se pone nervioso y la forma en la que los músicos interactúan con sus amos en una continua improvisación. El principal mérito radica en ese entendimiento musical que juega a través de la animación: cuando los personajes musicales improvisan, consiguen los momentos más emotivos del filme, sin embargo, es a partir de los ensayos rigurosos donde consiguen pulir sus habilidades musicales. La animación también es un reflejo de la narrativa, los tonos rosados radiantes indican un optimismo desbordado aunque lo que ocurra alrededor en ocasiones pueda ser bastante trágico o patético.

“La orquesta” es una animación que indica como cada persona vive a su propio ritmo. Una en lo que lo que sentimos se transmite a los demás de forma inmediata aunque uno pretenda ocultarlo. Es por ello que propone que amarse con todo y sus inseguridades es la única forma de comenzar a encontrar el soundtrack más apropiado para acompañar nuestras vidas. Pop para ancianos, pero bastante disfrutable.

martes, 16 de agosto de 2016

Sueños de marca (Branded Dreams)



Irrealidad Publicitada

El actor mexicano Gabino Rodríguez en su blog personal Somos Reclamos suele mencionar una frase que reza: "Nada es mío, todo es robado", como un mantra consciente de la influencia de los demás sobre el pensamiento. Quizás por ello sea un tanto perverso que "Sueños de marca" (Branded Dreams) inicie con una cita del profesor James B. Twitchell. Twitchell, un ex-profesor de la Universidad de Florida con varios libros sobre publicidad, consumismo y cultura popular, quien fuera acusado de plagiar párrafos de sus libros de otros autores sin dar el crédito correspondiente en 2008, tuvo una jubilación prematura debido a estos plagios. El colectivo holandés Studio Smack conformado por Ton Meijdam, Thom Snels and Béla Zsigmond nos inserta en un bosque aparentemente inofensivo donde todas sus criaturas tienen la apariencia de ser un anuncio publicitario de la marca de soda más famosa del planeta. No es que se nos diga directamente la marca que se anuncia, pero los colores y siluetas lo dejan muy claro.  Imagine a un niño que no sabe leer, pero que conoce a la perfección la imagen de sus golosinas favoritas. En buena medida, el concepto visual es como un plagio del subconsciente, aún no sabemos leerlo pero sabemos interpretar su significado.

Nadie está a salvo de la publicidad ni de los productos de marca, la vemos en la televisión, en la red, en correos electrónicos, en el cine, en la radio, en los deportes, en nuestra ropa, posiblemente también en el lugar donde usted está leyendo esto. ¿Pudiera ser que Twitchell, inmerso en el estudio de los mecanismos publicitarios en verdad pensara que esas ideas que se robó le pertenecian a él? Tomando en cuenta que los textos plagiados por Twitchell tenían poca diferencia con su fuente original resulta casi imposible pensar que no hubo mala intención. Sin embargo, la ironía de que James B. Twitchell haya construido una carrera sobre los efectos y mecanismos de la publicidad a partir de ideas de otros, sin importar si haya sido de forma involuntaria o en franca alevosía provoca también una invitación a pensar maliciosamente. El concepto y la imagen de una marca pueden ser más poderosas que las palabras mismas. Twitchell lo sabía, así que creo su propia marca a través de "sus" escritos del poder de la mercadotecnia. Las marcas utilizan lo que funciona mejor, observan lo que realizan otras marcas más exitosas y lo emplean para vendernos su producto, asegurándose que llegue a la máxima audiencia posible.

Lo que hace interesante la propuesta de los chicos de Studio Smack es como alteran la perspectiva de algo aparentemente inofensivo al sembrar una idea antes de que la animación comience. La frase en cuestión con la que inicia “Sueños de marca” (Branded Dreams) nos dice que al ser bombardeados por la publicidad desde todos los frentes, el único lugar seguro es el inconsciente: el mundo de los sueños. Sin la frase inicial, esto sería un gran comercial: seres que toman figuras de latas de refresco, destapadores, siluetas de la famosa botella y gotas que simulan el burbujeante gas como camuflaje de la naturaleza misma. Sin embargo, al plantearse como un sueño, al decirnos que cuando la publicidad ha invadido al inconsciente de tal manera que ya no se puede estar seguros, todo se interpreta mas bien como una pesadilla: las marcas han penetrado en nuestra mente con la posibilidad de convertirnos en esclavos del consumo. 

La animación es totalmente corporativa, con un diseño sonoro que busca frescura, un toque electrónico que fusiona este ambiente natural del bosque con las artificiosas formas refresqueras que toman los animales. Es a la vez, el sueño placentero de cualquier publicista, llevar la marca de tal forma que el cliente se ponga la camiseta de la misma, un cliente que viva, respire y sueñe con su producto o servicio predilecto. Integra lo natural con el producto para dar la impresión de que hasta la naturaleza misma estaría satisfecha con lo que se nos está vendiendo.  

La mercadotecnia nos predispone a tener una idea de las cosas creyendo que son nuestras cuando en realidad han sido sembradas para crear una necesidad de consumo. La estructura de la animación utiliza esto como un truco publicitario pero lo hace con fines artísticos. Nos planta esta idea, para que interpretemos la animación de una forma totalmente distinta a la que se le daría sin esa idea. Si no se puede estar seguro ya en el reino de los sueños ante la invasión de la publicidad, ¿pueden seguir perteneciéndonos nuestros pensamientos?, ¿consumimos sólo los productos que nos resultan familiares hasta el hartazgo?, ¿hasta que punto la publicidad puede considerarse la publicidad una invasión de la privacidad?, ¿dónde se rompe la línea ética de los anuncios publicitarios? Lo extraño es que al plantar esta idea, se terminan cuestionando también nuestros propios hábitos de consumo.No es un tema ético menor, pero la animación sólo provoca que esas preguntas salgan a la mente. Su encanto está en ello, no en ofrecernos respuesta alguna.  Quizás uno pueda encontrar luz leyendo algún libro de Twitchell sobre los oscuros mecanismos del mundo publicitario, aunque como diría el buen Gabino: "nada sea suyo, sino que todo es robado."

domingo, 14 de agosto de 2016

Pánico en la granja: Vaquero Hulk (Panique Au Village: Cob'Hulk)


Sereno, Vaquero

En “Vaquero Hulk” (Cob'Hulk) la serie “Pánico en la granja” (Panique Au Village) se convierte en una parodia del hombre verde de Marvel. Un diminuto meteorito con forma de nugget de pollo se cuela en la sopa de Vaquero, lo que provoca que se transforme en una mole roja cada vez que lo hacen enojar. El humor recae en las mutaciones del buen amigo vaquero y en las reacciones de sus consternados amigos Caballo e Indio, los cuales no tienen ni la menor idea del porqué está ocurriendo esto.

A pesar de la repetición, pues hay destrucción por doquier, los directores Stéphane Aubier y Vincent Patar logran mantener el interés. Lo logran de dos formas, a nivel narrativo el espectador tiene información que los personajes no, así que en la mente de éste se crean posibles soluciones al conflicto, y es natural que se quiera saber cómo van a resolver los personajes este embrollo. A nivel visual van cambiando el aspecto de vaquero cada vez que éste pierde su forma de Hulk Rojo, pero lo hacen siendo fiel al estilo de animación stop motion que maneja la serie con figuras que asemejan muñecos de plástico, lo cual crea expectativa por ver la siguiente transformación. Acaso habría que reclamarle que los enojos de Vaquero podrían resultar confusos si no se conoce a Hulk, aunque con la popularidad del personaje de Marvel esto no es un gran problema. Si las reacciones de Vaquero al enojarse no son tan claras, pese a que parezca jarrito de tlaquepaque, lo que sí es refrescante son las reacciones de Indio y Caballo. Gran parte del sentido del humor recae en como ellos en un principio no se toman tan en serio el problema, como si el relajo fuera algo totalmente natural.

Además de todo esto, cada secuencia va creciendo en nivel de relajo. Ese es el punto fuerte de la serie, mientras más relajienta, mucho mejor. “Vaquero Hulk” parece entenderlo bien por lo que va aumentando su nivel de caos a la vez que la historia fluye de forma natural, a pesar de insertar un elemento sobrenatural a su trama. Ve a los “superpoderes” como una enfermedad que se extirpa a base de buen humor con personajes que se toman el enfado de otros con tranquilidad. Ante el enojo, serenidad.

sábado, 13 de agosto de 2016

Pánico en la granja: El sillón relax (Panique Au Village: Le Relax)


Relájate, no lo hagas


“El sillón relax” (Le Relax) es una animación que, como indica su título, tiene una narrativa muy relajada. Como parte de la serie “Pánico en la granja” (Panique Au Village) su función es mas bien informativa y se mueve por dos caminos distintos que buscan conectar temas de interés para un público infantil: el ir a conocer a los vecinos y el quedarse solo en casa sin supervisión adulta. Caballo, Indio y Vaquero se andan preparando unos waffles para el desayuno pero resulta que se les acabaron los huevos del refrigerador, por lo que saldrán con los vecinos a conseguir algunos. Cartero les ha dejado un paquete, por lo que Vaquero decide hacerse guaje fingiendo enfermedad para poder quedarse en casa y fisgonear el dichoso paquete. Así es como los directores Stéphane Aubier y Vincent Patarse se las ingenian para separar la trama con Vaquero en casa e Indio y Caballo yendo a conseguir los huevos.

No es un episodio tan ingenioso pues opta por la sencillez en todos los sentidos: no hay música mas que en el breve epílogo donde suena una especie de surf; no hay demasiado énfasis en los sonidos, pese a que algunos puedan ser escandalosos; el periódico que toma vaquero sólo tiene dibujada la primera y última páginas; y tanto los movimientos como las voces de los personajes son lo más funcionales posibles para expresar el sentir de los mismos. El mismo título arruina las posibles sorpresas pues ya sabemos lo que tendrá la caja, aunque ahí resida lo más complejo a nivel animación: las funciones del susodicho sillón. Y el título “Pánico en la granja” también es un indicador de la clase de vecinos que nuestros cocineros amigos irán a visitar. Bajo esta perspectiva no es una entrada destacada dentro de la serie a nivel de narración: es muy pausada, relajada en vez de relajienta, “tranqui” como podría indicar una traducción menos literal y que no ofrece demasiadas sorpresas o situaciones chuscas.

Las sorpresas son los personajes que conocemos en esta búsqueda por los huevos. Es como el mal necesario de toda serie, sirve exclusivamente para presentarnos nuevos personajes. ¿Podría hacerlo de manera más ingeniosa? Sin duda alguna. Otras series consiguen darle más valor a nuevos personajes en el momento de presentarlos al público. Lo que no se le puede reprochar, es no conocer a su público, el cómo mira el ir a pedir algo como una aventura en búsqueda de algún tesoro y el cómo toma el hecho de que el bodoque se quede en casa para experimentar con esa nueva libertad de poder hacer lo que se le venga en nada sin supervisión tienen esa inquietud de formar una conexión con la audiencia infantil. Las ganas de experimentar y jugar con los objetos que no está permitido tocar en casa, la travesura en solitario.

En la vida misma uno siempre descubre en algún momento nuevas personas o nuevas experiencias, algunas son fascinantes desde el principio, otras resultan un tanto fomes. Por desgracia, “El sillón relax” opta por lo fome. Le faltaron lo mismo que fueron a conseguir los personajes y le sobró una palabra parecida a la flojera que tampoco se la voy a decir, pero nomás porque esta es una cinta para niños, que conste.

viernes, 12 de agosto de 2016

Pánico en la granja: El Pastel (Panique Au Village: Le Gâteau)



 Queremos pastel, pastel, pastel

El primer episodio de las animaciones de “Pánico en la granja” (Panique au village), de la cual llegaría mas adelante su versión en largometraje establece a la perfección la dinámica tanto en animación como en personajes de toda la serie: un par de hombres que se comportan como niños causan problemas a su compañero de hogar, el cual toma el rol de tutor ante el infantiloide comportamiento de sus amigos. El concepto no es algo muy diferente de la serie “Friends” u otras similares, pero al llevarlo al terreno de la animación aprovecha las situaciones absurdas que se pueden generar utilizando el stop motion como si sus personajes fuesen caricaturas.

Indio y Vaquero, dos figuras que parecen juguetes de plástico animadas rudimentariamente y cuyos nombres nos indican tanto su apariencia como características, viven en la misma casa que Caballo (literalmente un caballo que también tiene la apariencia de un juguete de plástico). En “El pastel” (Le Gâteau), Indio y Vaquero molestan a un oso salvaje que intenta comerse un lindo pescadito. ¿Por qué fregados hay un pescado colgado de un árbol? Sepa la bola, pero basta como pretexto para detonar la trama, pues el oso se enoja mucho al ser molestado por estos dos adultos que se comportan como niños. De vuelta a casa Caballo ha horneado un pastel pero como ya es muy noche manda a los “niños” a dormir esperando que todos se coman el pastel hasta el otro día. Uno puede imaginarse lo que ocurrirá después cuando se tiene a dos niños glotones y mal portados que quieren pastel.

Los belgas Stéphane Aubier y Vincent Patar construyen su historia a partir de estos dos elementos muy simples que además van colisionando unos con otros: el oso enojado, el deseo del pastel y en medio de ellos el cuidador del mismo. Los directores van acelerando el ritmo y volviendo cada chiste más absurdo que el anterior, pero lo hacen de una manera muy divertida y lo elaboran cada vez de forma mas compleja de tal forma que todo se convierte en un caos organizado. Es un fiesta muy relajienta lo que logran con estos personajes a la vez que simulan el juego sin sentido que podría tener un niño con estas figuras de plástico. Aquí los directores todavía no dominan por completo el espacio cinematográfico, pero ya tienen dominada a la perfección la parte narrativa. Si digo que no dominan el espacio cinematográfico por completo es debido a que todavía hay ciertas composiciones un tanto confusas, especialmente cuando deciden convertir un objeto en cohete. Lo narran tan bien y lo editan aún mejor, que al final de cuentas uno entiende las cosas, pese a que a nivel visual sea difícil ubicar en algunos momentos a los personajes o saber que está haciendo cada uno de ellos en algunos encuadres.

La animacion siempre se ha caracterizado por ser rústica, cruda, básica y artesanal, una característica que utiliza a su favor. Además se pone énfasis en los sonidos, donde destacan los pasos de los personajes los cuales son incesantes golpeteos que suenan como los trotes de un caballo en el hipódromo o que resuenan también como golpes sobre la madera. A estos le añaden otros elementos como el viento, grillos y buhos nocturnos. Las voces son igualmente aceleradas, como de niño jugando con sus figuritas de acción. No son tan claras en lo que dicen, como queriendo que el espectador ponga más atención a lo que sucede a nivel visual, pero sí logran comunicar una emoción a través de la entonación. Y el clímax es acompañado de una música de persecución con guitarras que recordaría a la de aquellas viejas series western estilo Bonanza de no ser por que se le añade una onda disco bastante bizarra, por lo que es una mezcolanza acorde con lo ridículo de la situación.

“El pastel” resulta entonces en una excelente presentación de estos personajes pese a estos pequeños detalles visuales gracias a su hilarante sentido del humor. Encuentra el ingenio en lo ridículo gracias a sus grandes dotes narrativas.

miércoles, 27 de julio de 2016

Una cabeza desaparece (Une tête disparaît)




 Tierna senilidad

En “El inventario fantasma” (L'inventaire fantôme), el título hace alusión a aquellos bienes que aparecen como disponibles pero que en realidad no lo están. Dicha animación toma el carácter de una película de suspenso donde un recaudador fiscal llega al apartamento de un coleccionista a incautar sus bienes. ¿Existen estos bienes?, ¿por qué la animación da la impresión de que estamos en un cuento de horror? Intuimos qué va a pasar, pero aún así nos sorprende.

En “Sr. COK” (Monsieur COK) el título hace alusión al Costo de Inversión de Capital, un término económico que a grandes rasgos mide cuál de dos o más opciones trae los mejores beneficios. En dicha animación, un empresario fabricante de bombas decide despedir a sus empleados humanos para sustituirlos por robots. ¿Es el Señor COK un simple nombre arbitrario?, ¿se trata de distinguir quien puede ser más rentable entre humanos y robots? De nueva cuenta intuimos qué va a pasar, pero aún así nos sorprende.

En “Edmond era un burro” (Edmond était un âne) el título es más fácil de dilucidar, sabemos que decir: -¡Eres un burro! equivale a decir: -!Eres un tonto!   En esta animación, un tipo llamado Edmond es molestado por sus compañeros de trabajo por ser un tipo raro. ¿Es Edmond un tonto por no hacer nada frente a sus acosadores?, ¿por qué físicamente la animación hace que Edmond se asemeje a un burro? Una vez más, adivinó usted, intuimos lo que va a suceder, pero aún así nos sorprende.

Todos estos trabajos son dirigidos por el animador francés Franck Dion. Los títulos de sus animaciones parecen revelar la trama misma en su esencia más pura de tal forma que parece que nos están arruinando la experiencia, pero aún así Dion tiene la capacidad de sorprendernos al darle dos sentidos diametralmente distintos. Sus obras contienen de manera muy astuta un sentido tanto literal como figurado, de tal forma que nos importa saber el cómo va a suceder lo que nos indica el título y el porqué está sucendiendo de tal forma, por lo que se consigue que también nos termine importando el destino del protagonista.

En “Una cabeza desaparece” (Une tête disparaît), quizás la traducción al español no ayude mucho, pero sabemos que cuando alguien dice: -¡Has perdido la cabeza! equivale a decir: -¡Te has vuelto loco!  Aquí, una anciana mujer, fiel a su tradición para celebrar su cumpleaños, decide hacer su viaje anual a la playa. ¿Estamos simplemente ante una vieja senil que ha perdido la razón? ¿Por qué Dion decide animar a esta mujer cargando su propia cabeza separada de su cuerpo? Y sí, adivino usted, es fácil intuir qué es lo que va a pasar, pero de nueva cuenta nos termina sorprendiendo. ¿Cómo diablos lo logra?

Franck Dion es un director de animaciones con un estilo visual muy bien definido: utiliza colores que dan la sensación de falso blanco y negro sin ser del todo opacos al estar acompañados con una iluminación que deja entrar múltiples rayos de luz, donde la misma luz rodea todo el entorno como una neblina; dibuja rostros sumamente detallados que recalcan las facciones un tanto monstruosas de sus personajes; crea entornos de tal forma que construye una atmósfera de suspenso alrededor de todo el metraje. En el suspenso es donde está la clave de su éxito. Sus personajes se representan gráficamente de una forma literal pero la trama es narrada en un sentido figurado. Esta ambivalencia genera ese suspenso, nunca parece claro hacia donde inclinará la balanza, aunque en realidad en todo momento sea muy claro lo que cuenta. Son animaciones con una paradoja argumental llena de riqueza.

En “El inventario fantasma” con su apartamento donde se coleccionan souvenirs y en “Señor COK” con su fábrica de bombas, Dion tenía la posibilidad de dar animaciones más complejas a nivel visual. En “Una cabeza desaparece” (Une tête disparaît), Dion opta una vez más por un estilo visual sobrio, tal como lo hiciera en “Edmond era un burro”. Tenemos a una anciana que viajará a la playa en tren, así que no hay un entorno que le permita jugar de una forma demasiado compleja, aunque Dion se las ingenia para dar algunas pinceladas de fantasía dentro del concepto visual del filme. La anciana nos narra su experiencia de viaje cumpleañero, lo que provoca que el espectador se sumerja en esta locura. Como toda buena paradoja sobre la locura, la protagonista nos narra todo de manera muy cuerda. Los locos no saben que están locos, por lo que relatan las cosas con pasmosa lucidez. De hecho, no habría forma de saber si esta mujer está o no en sus cabales de no ser por la decisión de animarla con la cabeza fuera del cuerpo. Al acompañarla, el espectador se convierte de alguna forma en cómplice de su locura.

Existe en Dion una inquietud por acercarse a un público más amplio. No todo mundo conoce el significado de un inventario fantasma, Dion le inserta el género de terror para que eso no importe. Más complicado resulta saber qué es el COK, Dion narra una comedia de guerra para que eso no importe. Bastantes personas sufren acoso por ser distintos aunque justo por ser distintos son minoría, Dion relata todo como un documental testimonial para que eso no importe. Dion termina acercando al público a temas que le pueden resultar ajenos usando un lenguaje muy universal. Dion da muestras de su gran versatilidad al tocar temas distintos pero también al acercarse cada vez más a un público más amplio sin necesidad de sacrificar su estilo visual o su estilo narrativo.

Dion delega de nueva cuenta  la música a su fiel compositor de cabecera: Pierre Caillet. En esta ocasión, Caillet no llama la atención sobre sí mismo. La música es muy bella, pero como se limita a ir acompañando a la protagonista de forma muy sutil y puntual, no es tan fácil recordarla, algo que resulta extrañamente apropiado para un trabajo que habla sobre senilidad. Uno recuerda que la música está ahí, que es bella, pero es como un recuerdo vago. Todo el armado de la animación resulta de forma similar.

En esta apuesta de Dion por tocar temas cada vez más universales, “Una cabeza desaparece” funciona en gran medida porque todos estamos envejeciendo, todos hemos sentido perder la cordura o actuar con locura creyendo estar completamente cuerdos. La vida es una quijotesca lucha constante entre conservar la cordura y no perder la cabeza, literal y figuradamente. Es en parte por ello que la conclusión, pese a lo previsible, resulta tiernamente apabullante. La senilidad vista con gran lucidez no es un oxímoron, es una hermosa paradoja.

domingo, 24 de julio de 2016

La necesidad de Iván (Ivan's Need)




Fetichismos panaderos

Con una onda un tanto surreal, “La necesidad de Iván” (Ivan's Need) habla de un extremamente extraño despertar sexual: Iván es un chico que trabaja en una panadería y está obsesionado con la sensación de la masa sobre sus manos, lo cuál irrita a su patrón. La aparición de una chica llamada Alva y sus grandes pechos provocará que Iván se aloque aún más. Manuela Leuenberger es una de las directoras que presentan este trabajo fetichista y tiene como curiosidad el hecho de que ella se dedicaba a fabricar pasteles y dulces de chocolate, por lo que uno podría intuir que parte de las fantasías que surgen en esta animación provienen de ahí. Los otros dos directores son sus compatriotas suizos y compañeros de escuela Verónica Lingg Montaño y Lukas Suter. Y es que “La necesidad de Iván” resulta ser el trabajo de titulación de esta terna de animadores graduados de la Escuela de Arte y Diseño de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de Lucerna.

“La necesidad de Iván” tiene la peculiaridad de mezclar el deseo masculino con el femenino. Si bien el protagonista es un hombre, cuando lo vemos envuelto en este acto sexual con la mujer hay un notorio equilibrio entre ambos deseos y de que incluso el placer femenino es lo que va a terminar predominando hacia la conclusión del filme, como recalcando que hay dos mujeres directoras inclinando la balanza a su favor. Las cosas se tornan demasiado explícitas, pero antes de llegar a ello hay un sentido del humor igualmente picarón, a la vez que un tanto infantil. Iván se comporta como un niño glotón buscando golosinas, por lo que es entendible que su patrón encuentre un tanto repulsivo su fetichismo hacia la masa. Siguiendo este tono, Alva es presentada de una forma muy similar al cuento de Rapunzel, sólo que en vez del cabello, son sus pechos los que descenderán por la gran torre. Los protagonistas siguen sus impulsos, su voluntad ha sido suplantada por sus descontroladas hormonas.

El estilo de animación es sencillo pero agresivo, con facciones toscas y grotescas, los personajes son iluminados con colores atípicos: Iván podrá tener rasgos humanos pero es iluminado de color azul. En el relleno de cada fondo o de cada elemento animado, predomina un color uniforme que abarca practicamente todo dicho elemento. Es como el niño que tiene algún cuaderno para iluminar donde se le indica de qué color rellenar exactamente cada figura geométrica cerrada y el niño decide optar por sus propios colores en vez de usar el adecuado para cada figura. El diseño de Alva recuerda a la reciente “Superbia” de la directora Luca Tóth donde se opta por retratar a la mujer con larguísimos pechos que se utilizan como si fueran sus brazos. Iván y sus rasgos japoneses recuerdan en alguna medida a aquel maestro Roshi de Dragon Ball en su carácter libidinoso. Iván y Alva se gustan así que dicen vamos directo a lo que vamos.

Esta terna de jóvenes directores desnudan sus propias inquietudes de igual manera. Todos van a lo que van, sin demasiado disimulo, así es como esta historia equipara al cunnilingus como el sumergimiento en un mar de infinito deseo. Si el sexo es visto como un juego descontrolado, la animación es bastante gráfica al respecto, conservando este estilo de figuras toscas envueltas en la pasión. Todo se transforma en un sueño erótico que descubre nuevos placeres al mismo tiempo que el estilo surrealista transporta a los personajes a una intimidad que explora su propia sensibilidad. Es un trabajo que refleja inquietudes de una manera bastante directa, sin demasiados tapujos, con sumo descaro. Es un deseo incontrolable más típico de adolescentes y jóvenes adultos. Es una seducción torpe, pero consensuada. Y sí, placentera.

sábado, 23 de julio de 2016

Camino de gigantes (Caminho dos gigantes)



El ritual de la flauta que no era de pan

Un diseño no demasiado ostentoso, mucho más interesado en crear una atmósfera; personajes con rasgos crudos a los cuales les bastan pocas figuras geométricas para establecer sus rostros; un estilo tribal de música con flautas y tambores que retumban. Todo ello le va bien a la historia que se cuenta, la cual no parece tan clara al inicio pero se va revelando paulatinamente. El director peruano-brasileño Alois Di Leo cuenta la historia de una niña temerosa de su propio éxito, ¿pero a qué le teme exactamente? La respuesta a ese misterio es lo que ofrece este “Camino de gigantes” (Caminho dos gigantes).

Un grupo de niños tallando madera se dedica a construir flautas. El jefe de la tribu, el cual también da la apariencia de ser el abuelo de estos niños, es el encargado de dar el visto bueno para decidir cuál es la flauta mejor construida. Cuando esta niña triunfa, ella expresa tristeza en vez de alegría. Di Leo consigue de manera muy buena hacernos entender, a través del comportamiento y las expresiones de sus personajes, que esto es un ritual. Es una historia que apela al naturalismo ubicada en un bosque con árboles gigantescos. El uso de la luz es fabuloso, es lo que más destaca a nivel animación, incluyendo las escenas nocturnas. El cómo la luz del sol y de la luna penetran por las rendijas que dejan los árboles le otorga una belleza enorme a todo el entorno. Di Leo propone algo ecológico, fiel a las tradiciones, pero inyectándole sus propias obsesiones. La música sigue tradiciones andinas con la flauta guiando tanto la melodía como la narrativa. La niña tiene el nombre Oquirá, el cual es también el nombre de una calle en la ciudad de São Paulo. La niña es, de cierta manera, su propio camino.

Es una trabajo que va en contrasentido de la animación anterior de Di Leo. Si en “El niño que quería ser un león” (The boy who wanted to be a lion) un chico sordo se negaba a pertenecer a un mundo artificialmente urbanizado, aquí la protagonista es una niña que se niega a pertenecer a un mundo naturalmente orgánico. En este choque de lo urbano frente a lo natural, ambas animaciones tienen un punto de encuentro al tener protagonistas que se niegan a aceptar las costumbres de su sociedad, aunque las consecuencias del autoexilio de los protagonistas son muy distintas en ambos filmes. Son trabajos que tienen pinta de crecimiento juvenil, pero que deciden tomar rumbos opuestos en su resolución, proponen un impacto que invite a la reflexión al mismo tiempo que son congruentes con la historia que desarrollan. En este mundo donde nada se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma, lo que se toma de la naturaleza, hay que devolverlo a la naturaleza. “Camino de gigantes” transita por ese lugar donde impera la ley de la conservación de la materia usando ornamentos propios de la ficción para aprehender la idea que todo en la vida tiene ciclos y el comprenderlos es parte de lo que nos hace madurar.

viernes, 22 de julio de 2016

Accidentes, torpezas y calamidades (Accidents, Blunders and Calamities)


Cuentos del infortunio para ir a dormir

“Accidentes, torpezas y calamidades” (Accidents, blunders and calamities) funciona como una versión muy libre del abecedario para niños no apto para niños conocido como “Los pequeños macabros” (The Gashlycrumb Tinies) de Edward Gorey. Dicho abecedario ilustrado contiene en pequeños versos ilustrados en blanco y negro, los nombres de niños pequeños y la forma absurda en que estos terminaron muriendo. A cada letra del abecedario corresponde un niño y su muerte. Siguiendo la misma estructura, pero con una animación computarizada a todo color, “Accidentes, torpezas y calamidades” plantea un universo similar pero reemplaza a los niños con animales. Las absurdas formas en las que estas criaturas mueren son causadas por los propios humanos y su indiferencia con el entorno. La obra tiene un sentido del humor totalmente negro y al cambiar a los niños por animales funciona también como una muestra de como el ser humano ha terminado invadiendo todos los hábitats donde estas especies se desenvuelven, lo cual termina causando su inminente deceso. Como dice el título de la película, el destino de estos animales es visto como una consecuencia de la mala suerte, de su propia torpeza o de su incapacidad para prevenir el peligro de estar cerca de los humanos, el estar en el lugar incorrecto en el momento equivocado.

El neozelandés James Cunningham dirige con un retorcido sentido del humor todo el asunto. Lo que vemos en pantalla y las rimas son contadas por un amoroso padre que le lee a sus hijos su libro favorito antes de dormir. Dicho padre, es un pósum, pariente neozelandés de las zarigüeyas, variación que conocemos en México como tlacuache. En Nueva Zelanda, estos marsupiales son considerados como una plaga que acaba con el ecosistema. El cómo equipara Cunningham a los humanos con los pósums como seres que destruyen todo a su paso sin ninguna consideración, que incluso se mofan de las desgracias ajenas, es una acertada decisión en este entorno con un macabro sentido del humor. Es muy graciosa, aunque quizás no debería serlo.

La animación tiene un estilo realista que busca contar cada muerte a través de diversos ángulos, algunos más ingeniosos que otros. En general, la perspectiva en la que vemos cada muerte está muy cuidada y bien resuelta, con excepción de la de el pulpo Ollie, la cual carece de claridad. Hay dos estilos marcados: el que predomina es uno en el que vemos primero al animal en cuestión de tal forma que en un principio no sabemos cómo es que le va a llegar su fin y el otro en donde la toma nos deja ver desde un inicio el artefacto que le provocará la muerte. El beneficio de esta estructura está en la expectativa que genera el no saber por donde llegará el golpe y por el otro lado la angustia de saber desde inicio cómo será el infortunio sin la posibilidad de hacer nada por el pobre animal. Hay una excepción, donde vemos primero el artefacto y después al animal, la cual se encuentra en un justo punto intermedio y está bien resuelta en el sentido de tener una buena dosis de ironía pues la desgracia del animal es a su vez una proeza deportiva del humano que la ejecuta.

El manejo que se le da a los humanos es intencionalmente difuso, siempre aparecen en segundo plano aunque sean los causantes del infortunio, incluso cuando aparecen con todo esplendor como en la escena del hockey, tienen un casco en el rostro. Se busca tener una clara separación emocional entre los humanos y sus víctimas como para recalcar la indiferencia de estos con el entorno.Y las animaciones de los animales además de apelar al realismo tienen esos movimientos torpes insertados en lo que lucen como escenarios que mezclan la animación con la acción real. La música a su vez es un vals de la muerte que se adorna con la voz de una soprano como para mezclar la alegría de la comedia con la épica de la desgracia. Recuerda un poco a alguno de los vals de Amélie Poulain donde suena el acordeón.

Desde luego que la trama no es novedosa, ya al inicio de “Ernie Biscuit” o de “Desperaux: Un pequeño gran héroe” (The Tale of Despereaux) se observa una serie de eventos desafortunados que involucran a los humanos con los animales en este tipo de situaciones. La diferencia está en que aquellas manejaban la desgracia como un mecanismo de relojería para luego contar otra historia, mientras que en “Accidentes, torpezas y calamidades” el argumento recae en la repetición y usa la misma a su favor. “El abecedario de la muerte” (The ABC of Death) y su secuela también ya plantean un territorio narrativo similar y la saga de “Destino Final” (Final Destination) también usa mucho de este planteamiento de jugar con la expectativa de ver por donde llegará la muerte a reclamar lo suyo. “Accidentes, Torpezas y calamidades” juega en esas ligas, pero buscando la fascinación de los niños por las desgracias, contándolas con gracia. Aunque seguramente habrá algunos padres a los que no les haga gracia que sus hijos vean el infortunio del mundo animal causado por los humanos en este universo donde la victoria de algunos es necesariamente la derrota de otros.

martes, 12 de julio de 2016

¡Bestia! (Beast!)




Monstruos errantes

El director belga Pieter Coudyzer brinda en “¡Bestia!” (Beast!) una genial visión sobre un imposible encuentro entre dos monstruos que no tienen cabida en este mundo hostil. Con un estilo narrativo que remite a las películas de ciencia ficción de finales de principios de los ochenta y cierta ingenuidad que remite hasta los años cincuenta, “¡Bestia!” combina esa sensación de asombro con una trama que evade responder todas sus incógnitas para enfocarse en estos dos personajes incomprendidos. Ciencia-ficción con una buena dosis de drama.

Un vagabundo ronda por las calles de la ciudad, mientras una nave espacial aparece en el oscuro cielo. El gobierno seguirá un cuestionable protocolo y habrá en consecuencia un extraño vínculo rayando en la simbiosis entre el vagabundo y el habitante de la nave espacial. Destacando que Coudyzer no dulcifica a su vago, el tipo es agresivo, tosco y grotesco a partes iguales, vemos todo bajo la perspectiva del mismo. No obstante su carácter, no es muy difícil conectarse con el sentimiento de alienación que éste posee. Coudyzer nos hace seguirlo con un rumbo incierto hasta que se da el encuentro con la nave, el cual marca el momento en el que el vago encuentra su propio camino. En la alianza o en la amistad, parece estar el sentido de la vida.

La animación siempre es oscura, incluso de día, como una tormenta sin fin. Con mucha neblina, sucia, violenta y tan tosca como sus personajes pero con algún rayo de luz dándole un toque de esperanza. Eso le da también, por incomprensible que parezca, una gran belleza. Al ser congruente con lo que se cuenta, el estilo de animación resulta más poderoso, dando la sensación de inmersión. Con tonos negros y azules, la mugre en el rostro del protagonista, el paisaje urbano que predomina, el contraste con el bosque, las arrugas del protagonista, la suciedad de la ciudad, entre otras cosas, hay una atención al detalle y un diseño visual que pareciera una pintura en óleo pasada por un filtro oscuro. Las escenas de acción, lucen una sobriedad y un dramatismo muy dignos, pues hay una sensación real de peligro. La animosidad está presente en todo el trayecto. La música, ganadora en el festival de animación Annecy, es decididamente triste: el piano, la lluvia, la derrota, la bestia. El diseño sonoro es por igual inmersivo, con emocionantes rugidos que logran comunicar sin palabras.

La comunicación entre seres de ambos mundos es sumamente spielbergiana, a un nivel adulto más que infantil. “Encuentros cercanos del tercer tipo” (Close Encounters of the third kind) por encima de “E.T. El Extraterrestre” (E.T. The Extra-terrestrial) y una pizca de lo monstruoso en “La guerra de los mundos” (War of the worlds). En “¡Bestia!” hay una crítica al como el ser humano trata a lo desconocido, sean bestias, animales u otros seres humanos que no encajan en la sociedad. Mientras unos congenian, los otros atacan sin piedad. Los diferentes hacen equipo, aunque no necesariamente puedan ser los ganadores. Por eso cierta expresión hacia el final cobra una fuersa inusitada, ¿quién es la verdadera bestia, los diferentes o los seres convencionales?

sábado, 9 de julio de 2016

Historia del arte en un minuto (One Minute Art History)





Dinamismo del arte estático

La pintura es un arte estático, para apreciarla uno puede observar con detenimiento sus formas, trazos, colores, composición y como afecta su conjunto al espectador. Si la pintura es estática, la animación es un arte en movimiento. La diferencia en la apreciación estriba en el conjunto de imágenes y no en la singularidad, pese a que cada fotograma sea importante y pueda tener, de hecho, un valor singular. El director Cao Shu, maestro en la Academia de Arte de China, propone en “Historia del arte en un minuto” (One Minute Art History) algo que en primera instancia pudiera parecer contradictorio: ¿cómo apreciar 1440 pinturas que corren a 24 cuadros por segundo?

El dilema es este: como indica su título, “Historia del Arte en un minuto” propone durante ese lapso crear un recorrido a través de la historia de la pintura. Si en un minuto hay 1440 fotogramas (o más en estos tiempos digitales) resulta prácticamente imposible detenerse en cada corriente artística para apreciar todas sus formas con todo detalle. Lo que hace Shu para resolver eso es crear animaciones simples que imitan las distintas corrientes que busca plasmar en este cineminuto y al mismo tiempo dar la ilusión de movimiento insertando a un personaje que se mueve a través de dichas “pinturas”, personaje que muta según lo requiera la corriente que se expresa en cada fotograma. El resultado es un time-lapse artificial que camina velozmente a través de la evolución de la pintura, al mismo tiempo que funciona como una sencilla animación. El personaje que camina y se sienta muta de género y estilo de una forma curiosa.

Engañando al ojo, el director inserta algunos fotogramas que no tienen nada que ver con este personaje, pero cuya composición es similar al movimiento del mismo. De esta manera aunque el ojo percibe este rompimiento, no se pierde la animación principal debido a que son compatibles con lo que se ve, es decir, hay armonía en el conjunto de imágenes. El juego consiste en identificar qué corrientes artísticas se están expresando en cada fotograma y en observar cuantas disrupciones son insertadas en medio de éstas. En un sentido estético, hay cierto sacrificio al simplificar la animación. Sin embargo funciona debido a que a tal velocidad, la sencillez hace que sea un poco más fácil apreciar la corriente a imitar. Shu comienza su recorrido desde el arte egipcio y más adelante habrá incluso algún collage con la fotografía del presidente Barack Obama. En todo caso, se nota que lo laborioso del trabajo está en cómo usa Shu sus conocimientos sobre el arte para imitar todos estos estilos con sobriedad.

La sinopsis oficial indica algo aún más curioso, nos dice que esperar, como el arte mismo lo hace, es algo absurdo, un medio sin propósito ni fin. Es imposible saber hacia donde dará el arte su próximo salto importante, pero se puede observar hacia el pasado. Lo que nos quiere decir Shu aquí es que la pintura, como movimiento artístico, no permanece jamás estática, está en un cambio constante. Su historia nos dice que estos cambios pueden ser tanto armoniosos como disruptivos, pero siempre habrá una armonía estética en su conjunto, es cuestión de saber hacia donde y cómo mirar.

miércoles, 6 de julio de 2016

Punto de origen (Suijungenten)



水準原点

Una poesía del japonés Yoshiro Ishihara, quien fuera prisionero de guerra en Rusia peleando en la Segunda Guerra Mundial para después convertirse en poeta a su regreso a Japón, es la que guía esta animación del director Ryo Orikasa. Quizá por ello “Punto de origen” (Suijungenten) centra su atención en el ritmo y en un paisaje estilo siberiano, para luego dar lugar a las palabras que conforman el poema. Reflejando el ritmo de las olas, aunque la imagen pueda dar la impresión de estar viendo nieve, el desarrollo va siendo cada vez más hipnótico, alterando poco a poco el sentido de estos punzantes vaivenes, ya sea cambiando la altura para simular un gran tsunami, alterando la dirección creando una tormenta marítima, o bien generando vórtices para evocar a un remolino.

Luego de jugar con los movimientos marinos, la animación, sin cambiar su perspectiva, la cual siempre tiene este oleaje caminando hacia nosotros, altera los movimientos de tal forma que es claro que la simulación es generada por las corrientes de agua dulce, ya sean riachuelos, lagos o ríos. Dada la característica de la animación en color blanco, desde luego que en algún momento también parecerá una avalancha que arrastra todo a su paso. El avance es implacable, pese a que la dirección y el sentido luzcan por completo inmutables.


¿Pero qué tiene todo esto que ver con la poesía además del ritmo y la belleza del paisaje? Después de engatusarnos con el ritmo, el agua va descubriendo a manera de sedimentos escondidos en el fondo de la arena de alguna desembocadura donde se mezcla el agua dulce con el agua salada, los kanjis que develan las palabras de la poesía. El poema al que se hace ilusión, habla precisamente del agua y el cómo ésta encuentra siempre su camino hacia el origen. Como todo buen poema, esto tiene varias vías de interpretación, una literal y otra un tanto más filosófica. Si Bruce Lee decía que hay que ser como el agua, Ryo Orikasa nos dice que el agua siempre encuentra el camino de regreso a su punto de origen, de la misma manera en que cierto prisionero de guerra volvió a casa para convertirse en poeta.

martes, 5 de julio de 2016

Escama (Squame)




Tegumentos azucarados

El canadiense Nicolás Brault tiene un extraño proyecto que utiliza el cuerpo humano para crear animaciones experimentales interesadas en el uso de la técnica más que en la narrativa. Después de presentar “Cuerpos extraños” (Corps étrangers) donde usaba aparatos médicos creando imágenes con tomografías de resonancia magnética, entre otros, para construir su animación, en “Escama” (Squame) continua con este estilo experimental que vuelve a innovar en la técnica en la que desarrolla la animación. Utilizando moléculas de azúcar, Brault las anima de tal manera que simulan la piel humana. Como indica el título, al ser escamas de piel, éstas se van cayendo por lo que la animación destruye estos pliegues cutáneos creados de manera artificial.

Da la sensación de que estamos viendo a través de un microscopio o de algún aparato de rayos x cómo es que van mutando las distintas pieles, pues todo ocurre sobre un fondo negro. Hacia el final hay un detalle amoroso que va en sentido opuesto, pues construye las cosas en vez de derruirlas. Desde luego que es un trabajo que va del lado de la abstracción, aunque el lado negativo es que precisamente por ir deformando las animaciones de forma tan ágil, el detalle de las mismas se va perdiendo dentro de su propio ritmo. Este cambio tan constante provoca que el experimento funcione como una danza, animándose de manera que la coreografía creada es complementada con un diseño sonoro que opta por ser percusivo, colapsando y disolviéndose en la nada. La música igualmente es atmosférica más que melódica.

Si bien puede dar la sensación de que estamos viendo la estructura de un cuerpo que no ha sido completado, como cuando los actores son filmados a través de la captura de movimiento para después ser animados en algo distinto, el carácter experimental de Brault proyecta más la idea de un científico haciendo magia. Funciona como la ilusión de un químico juando con biomoléculas aunque en realidad estemos viendo a un animador exfoliándose con azúcar. Una simulación de la ciencia con méritos artísticos.


lunes, 4 de julio de 2016

La oscura verdad acerca del amor (The Darkest Truth About Love)





El envilecimiento del más noble sentimiento


El amor duele, no se atañe a nuestras reglas o a nuestras ideas sobre él, lo cual no es necesariamente malo ni bueno, simplemente es, ¿o acaso no es así? De nueva cuenta escribiendo sobre un trabajo de menos de dos minutos de duración, “La oscura verdad acerca del amor” (The Darkest Truth About Love) es una animación que emplea métodos publicitarios con un fin un tanto más siniestro que el de vendernos productos: vendernos una idea. Lo que cuestiona, es la existencia del amor mismo, haciéndolo a través de su lado negativo al cual nos solemos negar a ver. La directora británica Hannah Jacobs y la directora coreana Lara Lee construyen esto como un anuncio que va a promover pensamientos sobre este lado de las relaciones que no es perfecto. Acompañadas de una música llena de tristeza pero que a su vez tiene un tiempo veloz que invita a poner atención, las animaciones lucen bastante sencillas en su diseño, con figuras geométricas simples, con un color dominando en cada imagen y con las reflexiones sobre el amor plasmadas a través de texto dentro de las mismas. Esto ayuda mucho a que se pueda poner atención tanto al texto como a la imagen, lo cual indica que están muy bien pensadas.

Hay bastante creatividad en la forma en que van realizando las transiciones de una a otra: las figuras geométricas son parte del entorno de la habitación, habrá un momento en que la animación previa se transforme en un elemento de la animación posterior, el texto tardará una fracción de segundo en ir siendo completado en pantalla creando la sensación de suspenso dándole énfasis a cada palabra, hay un personaje que es el que va anotando las reflexiones en un cuaderno que lleva el título del filme y las animaciones son presentadas como si nos adentráramos en el sentir de este personaje completamente depresivo y ensimismado. La música es bastante bella con el piano dominando la melodía con el acompañamiento de otros instrumentos repitiéndose de manera constante hasta dejar al piano dominando prácticamente por completo hacia el final.


Sin importar la brevedad, hay muchos cuestionamientos sobre la forma en la que vemos al amor y pese al carácter introspectivo decididamente triste, hay un giro hacia el final que hace que todo sea todavía más interesante. Jacobs y Lee no traicionan el lado depresivo que predomina, sin embargo si ponen una bienvenida ambigüedad que de alguna forma ya sea pone en tela de juicio la completa negatividad de dichas reflexiones o bien la terminan consagrando con una mala leche bárbara. No es tanto que el final cambie la perspectiva hacia un lado luminoso, sino que reconoce su existencia aunque sea con una no tan reconfortante mentira. La cuestión acerca de si esa reflexión y sobre si ese plano final son bellos o cruentos, dependerá de cada espectador. Lo que es digno de aplauso es que las directoras no se tocan el corazón para reflejar que ese sentimiento tan poderoso puede también destruirnos. Y la forma en la que lo presentan confronta al espectador de una forma brutal. Si el amor puede envilecernos, ¿acaso puede llamarse amor?

domingo, 3 de julio de 2016

Pa Pa Pa



Estando presos lejos y aquí


Escribir sobre “Pa pa pa” es una labor ingrata tomando en cuenta que su descaro no invita a un análisis demasiado riguroso, que es un trabajo de menos de dos minutos de duración y parte de su belleza está en descubrirla sin tener que saber mucho al respecto. De cualquier forma parece sano hacer la advertencia por si usted decide usted no leer más y regresar a este texto una vez vivida la experiencia de “descubrirla” completamente virgen. Justamente por ser un trabajo veloz tampoco es que el saber de antemano de qué va el asunto arruine del todo la experiencia, pues el título mismo que aparece en pantalla va acompañado de tres palabras que definen lo que se va a observar: sexo, cosplay y naturaleza. Que suena algo así como “Sexo, mentiras y video” con onda ecologista.

Es un trabajo que no tiene una trama como tal y cuyo humor recae justamente en la sorpresa. El título es una onomatopeya acerca de lo que se observa en pantalla al tiempo que describe esas tres palabras como una incógnita pronta a resolver. Estamos en un solitario bosque nevado con una cabaña y árboles marchitos acompañados de alguna guitarra con alegre ritmo. Cuando termina la brevísima introducción se escucha el sonido de algún leñador, pero cuando la toma se acerca nos damos cuenta de que, ¡oh, sorpresa!, “Pa pa pa” no trata precisamente de cortar leña. 

En México, Brozo, el Payaso Tenebroso, habría utilizado la expresión “Prau Prau (con otro prau adicional)” para definir el acto que realizan estos exhibicionistas muñecos de plastilina envueltos en más plastilina. El grupo de rock pop Neón habría sido más romántico y habría cantado "Pa pa reo, Pa pa ueo". El director taiwanés Kai-Hsun Chan, rebautizado como Eden Chan, simplemente lo define como "Pa Pa Pa", él va directo a lo que va. 

Utilizando un stop motion lujurioso, lo cierto es que el tipo conoce muy bien su oficio y crea la maqueta del bosque nevado de una forma impecable e inserta a estos muñecos con un hilarante desparpajo. Es una animación para adultos más cómica que erótica que no se olvida del juego y de la travesura. También es una animación en la que uno no está tan seguro de que la corta duración del acto sea tan pertinente, pero de que está bien realizada y hecha con amor, eso ni duda cabe.

sábado, 2 de julio de 2016

Spoon



The daily recall which causes pain


In "Spoon", german filmmaker Markus Kempken has created an animation that develops through the childhood memories, one that tells us not all of those memories are necessarily happy ones. It is a job about childhood traumas and how these can affect the present life. In this case, recalling events of domestic violence which is reflected as a family heritage that passes down through generations, leaving its mark on each one of its members. When we learn about the meaning of its title, we realize it is something really scathing. Kempken doesn't pretend to give us answers, but he makes us take part of this sad, traumatic and blistering feeling without leaving us out the beauty hiding beneath this pain, giving the animation a reflexive quality which follows a poetic turn.

Childhood sufferings transform themselves into the adult traumas. Kempken uses flashbacks mixing color with black and white, not necessarily to separate present from past since some of the color animations also happen during the past sequences, but to make a distinction betweeen the memories which are the most obscure and harder to cope. If sadness invites compassion, there is also a notorious dignity seducing the audience into admiring its lead, voiced by the own Kempken, who gives the impression of doing an honest confession about his own past.

The art is really beautiful using a blurry style, like watching thunderclouds in the sky in the case of the color sequences and pencil drawing sketches in the case of the black and white ones. This art suits really good the story that Kempken unfolds. What may not be so grateful is the fact that the theme of the film is an easy one to identify with, as it brings light to a common issue that may resonate well with generations from 50 to 60 years ago. One is grateful that because Kempken doesn't want to give any answers, he limits himself by telling his story without judging any of the characters involved. Past can't be fixed, but venting proves sorrow doesn't have to be fought in solitude, we also have to share our pains.

Cuchara (Spoon)





El recuerdo cotidiano que provocaba pena


En “Cuchara” (Spoon), el alemán Markus Kempken crea una animación que se desarrolla en los recuerdos de la niñez, una que nos indica que no todos esos recuerdos son necesariamente gratos. Es un trabajo que parte de los traumas de la infancia y en cómo estos pueden afectar la vida presente, en este caso relatando una serie de memorias que tienen que ver con la violencia intrafamiliar, la cual refleja como una herencia que se pasa a través de generaciones y que deja una huella distinta en cada uno de sus integrantes. Cuando nos enteramos del porqué del título, observamos que es algo sumamente mordaz. Kempken no pretende dar soluciones, sino más bien hacernos partícipes de ese lado traumático, triste y desolador sin dejar de lado la belleza que puede haber en ese dolor, dotando a la animación con un carácter reflexivo que se torna un tanto poético. Los sufrimientos de la niñez se transforman en los traumas de la vida adulta.

Kempken recurre a la analepsis mezclando el color con el blanco y negro, no necesariamente para separar los tiempos pasado y presente porque parte de las animaciones en color también ocurren en tiempo pasado, pero sí para diferenciar qué momentos se quedaron impregnados como los más oscuros e imposibles de superar. Si la tristeza crea compasión, hay también una dignidad sobresaliente que invita al espectador a admirar al protagonista, cuya voz es la del propio Kempken, quien pareciera que está haciendo una honesta confesión sobre su propio pasado.

El arte es muy bonito, con un estilo borroso, como si observaramos nubarrones en el caso del color y bocetos a lápiz en en el caso del blanco y negro que complementan de buena forma la historia que va recordando Kempken. Y probablemente aunque no sea tan grato, el tema que trata sea uno con el cual es fácil identificarse pues desgraciadamente no es algo poco común, sobre todo en generaciones de hace 50-60 años. Lo que se agradece es que Kempken al no ofrecer soluciones tampoco juzga a los involucrados, sino que se limita a contar su historia. El pasado no puede remediarse, pero el desahogo indica que la pesadumbre no tiene porque vivirse en solitario, también hay que compartir las penas.

viernes, 1 de julio de 2016

Servicio de entrega de los tres pequeños ninjas (Service de livraison des trois petits ninjas)




Lo que sea, cuando sea, donde sea

En la típica historia de princesas atrapadas en la torre de un castillo es en donde recae la trama de este episodio del “Servicio de entrega de los tres pequeños ninjas” (Service de livraison des trois petits ninjas). Pero, ¿en qué diablos consiste? Bueno, el mismo nombre lo indica, pero lo que hace especial a este servicio de paquetería express es que esta terna de individuos promete entregar lo que sea, donde sea y cuando sea.

Una princesa atrapada en un castillo recibe las visitas constantes de varios príncipes dispuestos a usurpar su amor venciendo al dragón que la tiene capturada en la torre del castillo. Lo que subvierte a esta típica historia es que la princesa realmente no está cautiva sino que utiliza al dragón como su guardaespaldas personal para desechar a los poco atractivos visitantes que intentan “rescatarla”. Cuando uno de los feos príncipes logra vencer al dragón, ella desesperada enviará una carta para que los ninjas le entreguen a un nuevo dragón, antes de que ella tenga que casarse con este poco agraciado galán.

La animación creada por el belga Kim Claeys y codirigida junto a Karim Rhellam recae en el vertiginoso ritmo. Los ninjas (voces del propio Kim Claeys) se comportan de forma muy similar a los minions de “Mi villano favorito” (Despicable Me) en cuanto a que son torpemente eficientes, la princesa (voz de Megan Quill) es un arquetipo de la niña rica y mimada, mientras que el príncipe (voz de John Tillotson) es ese tipo ñoño e irritante que probablemente mereciera mejor suerte pero hay que usarlo como carne de cañón para beneplácito del respetable.

La historia en ese rubro no ofrece nada completamente nuevo, si bien quizás “Shrek” sea la animación más conocida en tiempos recientes que altera el orden de princesas rescatadas, ya desde los inicios de la animación con “¡Pobre Pierrot!” (Pauvre Pierrot!) se jugaba con una historia donde uno de los pretendientes no era bien apreciado por la dama que habitaba sobre el balcón y el otro pretendiente que sí era apreciado era el encargado de mofarse de las pocas cualidades del susodicho. Es algo irónico que aunque se recaiga en viejos vicios, el cortometraje al mismo tiempo vaya en contra de lo normalmente establecido que es la princesa deseando ser rescatada, a la vez que el personaje de forma no explícita hace que uno entienda que eventualmente aceptaría a un príncipe de buen parecido o que sea de su gusto, lo cual reenforza el poder femenino, pese a que el personaje aquí se comporte como una niña malcriada.


A nivel animación las cosas no son tan destacadas: los movimientos de los personajes no son tan bien fluidos como debieran, el acabado de los fondos luce cierta austeridad y los colores son en extremo dulcificados. Lo que sí se agradece es que el ritmo sea tan ágil y las ingeniosas puntadas: cierto portal de tecnología avanzada mezclado en situaciones con tecnología primitivamente, el dragón como perro guardián, ciertos tickets para esperar turno y un muy buen remate final. Uno observa que se busca conectar con la audiencia a través de una historia que sea familiar pero que al mismo tiempo tenga ciertos toques atípicos pese a que no sean del todo novedosos. Y sin duda el concepto de tres ninjas alocados que entregan lo que sea, cuando sea y donde sea tiene el suficiente atractivo como para seguir explorando otras historias con estos atractivos personajes.

jueves, 30 de junio de 2016

Ensayo y error (Trial & Error)



Animación al tanteo

La directora alemana Antje Heyn tiene un peculiar estilo de animación donde se dibuja como en un pizarrón mágico completamente en blanco con una actitud sumamente juguetona. En esta ocasión, presentando “Ensayo y error” (Trial and error) continua con este estilo que usa este procedimiento experimental de prueba y fallo de una manera bastante simpática. Un hombre de acento inglés ha perdido el botón de su camisa y como no puede encontrar el cajón de los botones decide utilizar todo lo que se encuentra a su paso para ver si algún utensilio le funciona como reemplazo del susudicho botón.


Lo que hace llamativa a la animación es que Heyn decide no mostrarnos mas que la camisa y las manos del hombre, quien nos va narrando sus desvaríos de una forma absurdamente amigable. La voz termina siendo un elemento importantísimo muy bien llevado por el actor Alexis Krüger, quien con ese marcado acento inglés le da el caracter absurdo que provoca que estas pruebas que hace el personaje para encontrar un sucedáneo para el botón resulten divertidas. El tipo da la impresión de ser una persona pragmática pero lo que vemos contrasta con esta impráctica forma heurística con la que intenta resolver su dilema. El protagonista terminará reencontrándose y recordando elementos de su pasado, lo que da una buena dosis de humanidad al personaje.

El hecho de que Heyn se limite a dibujar sobre un fondo blanco, como es habitual en ella, le da un estilo sencillo dando la impresión de que cualquiera que se lo proponga puede lograr animar: hojas cuadriculadas; hojas blancas; plumas de colores azules y rojas; imaginación. Su estilo de animación es interesante en cuanto a que la perspectiva va jugando con esta limitación autoimpuesta mientras observamos los artefactos que va utilizando el protagonista. Algo parecido había hecho Heyn en “Lumo” donde el juego coonsistía en desdibujar y redibujar la imagen, la diferencia es que aquí el jugo está en la perspectiva y se le añade la voz que nos lleva al estado mental del personaje. Y al igual que en “Lumo”, Heyn tiene algunos momentos en donde rompe sus propias reglas. En “Lumo” una vez que agotaba las posibilidades de dibujar una y otra vez al personaje, lo hacía mutar en algo más. Aquí la regla se rompe cuando vemos a otros personajes que terminan complementando esta pequeña historia, lo cual no está nada mal. 

Es un trabajo que funcionará mejor para niños pequeños en la medida que tiene esta forma juguetona y la voz tiene esta actitud del británico de generar simpatía a través de su infortunio, cosa que suelen tener muchos métodos de enseñanza del inglés, particularmente a través de ese tan manido “Oh dear”. En resumidas cuentas, Heyn goza de un buen sentido del humor, el cual lleva incluso a los créditos del trabajo donde se incluyen agradecimientos hacia un gato. Y “Ensayo y error” es sin duda un buen título para una directora de animación que se caracteriza por ver hasta donde puede llevar a sus dibujos intentando distintas formas hasta llegar a una conclusión satisfactoria.

miércoles, 1 de junio de 2016

Los ases del corral




Échame un gallo


“Los ases del corral” recuerda un poco a aquellos tiempos donde don Ismael Rodríguez usaba a algunas niñas malcriadas haciendo travesuras durante la época de oro del cine mexicano, especialmente a la Chachita disputando terreno con algún cocinero francés en “¡Qué lindo es Michoacán!”. Claro, brincos dieran los directores Manuel Báez e Irving Sevilla de que su protagonista, la animada Avelita, fuera tan graciosamente malhumorada como aquella Chachita. No obstante, “Los ases del corral” tiene su propia gracia, no tan genial pero tampoco tan menor.

Avelita es una niña pollo o ave que vive con su abuelo don Goyo, quien es dueño de una fonda. Don Goyo quiere música en vivo por lo cual pone un anuncio solicitando músico, pero Avelita desea una rocola. Lo que acontece después es una trama de sabotaje con música jarocha, norteña y mariachi que apela al folclore, buscando entretener a su audiencia con el enfrentamiento entre los músicos y la caprichosa escuincla, otra reminiscencia del cine de la época dorada en su vena de graciosos duelos musicales.

Es precisamente en el argumento y en la música en donde “Los ases del corral” encuentra sus mejores armas. Con guión de la finada Violeta Salmón, a quien le dan una bonita dedicatoria póstuma, la trama se parte en dos: el duelo y lo que sucede tras la “victoria” de uno de los bandos. Al ser una animación para los niños, se crea un ambiente de comunión al optar por una malcriada protagonista, quien prefiere la tecnología en vez de lo humano (¿o lo aviar?), algo que no es inusual en una generación que suele preferir comunicarse por mensajes de texto a hacerlo en vivo, al mismo tiempo que usa elementos viejos que conectarán con los padres (¿o lo abuelos?), como la amenaza de la Rock-Ola o cierta colección de corcholatas. La música por otra parte propone una variedad de ritmos en su primera mitad, para después optar por una monótona melodía con una sola palabra repitiéndose infinitamente, congruente con el hastío que experimentarán ciertos personajes, para luego mezclarla cual salsa en una fusión que dará resolución a todo el asunto.

Del lado de la animación los personajes son aves antropomorfas, destacando la presentación del músico jarocho y también el duelo del gallo, cuyo comportamiento recuerda a esa caricatura de los animaniacs donde aparecía Kíkiri Boo. Sin embargo, esta animación que luce un estilo Flash tiene algunas transiciones que no se ven tan bien como pudieran, el exceso de colores de pronto hace que los personajes pierdan presencia y el acabado en general luce una austeridad estética. No es que los ases del corral sea una genial animación, a nivel técnico está lejos de serlo. Sin embargo, resulta un obra harto simpática, en especial por un par de momentos de la gruñona niña y también por un trío de pegajosas canciones donde uno piensa: "¡Ay, qué bonito cantan!"

Antojito mexicano: Un caldito de pollo con puro limón y cebolla. Le harán falta condimentos y más carnita, pero está bastante sabroso.

martes, 31 de mayo de 2016

Si yo fuera Dios... (If I Was God...)



Divagaciones Omnipotentes


El dos veces nominado al Óscar, Cordell Barker, es un viejo conocido del mundo de la animación, pese a que en su larga trayectoria sólo haya filmado cuatro cortometrajes. Con un estilo frenético, un humor un tanto cínico y una predilección por un tono de ironía, se convirtió en uno de los animadores canadienses más reconocidos. En “Si yo fuera Dios...” (If I Was God...) hay dos cambios importantes: es la primera vez que Barker filma en stop motion y el frenetismo cambia la rápida sucesión de imágenes por una reflexiva voz en off donde el propio Cordell va relatando cierto día escolar donde su clase diseccionaba una rana.

Cordell es un niño de 12 años que en plena pubertad comienza a sentir la llegada del mundo adulto en la dichosa clase, por lo que empieza a divagar sobre qué pasaría si el fuera un Dios. Bajo esta premisa Cordell Barker, el director, se comporta como niño con juguete nuevo experimentando con técnicas de animación desconocidas para él. Las reglas son bastante claras, usar lo que Cordell, el protagonista, tiene a su disposición en el salón de clases como pretexto para que él cree mundos de fantasía con dichos objetos. Así, el póster de clase del experimento de la rana diseccionada se transforma, en la cabeza del protagonista (tanto en sentido literal como figurado), en un folioscopio estilo Frankenstein donde la rana es reanimada a través de un ingenioso mecanismo de animación. El pizarrón, con sus incomprensibles ecuaciones, se transformará en una animación tradicional relatando una persecusión para luego saltar a una animación con plastilina, usando los dioramas encontrados en el salón de clases. Y finalmente, la lluvia dará pie a que la maqueta del planetario escolar se transforme en otra fantasía donde hace su aparición la animación con papel maché.

Si en un inicio se nos indica lo manipuladora que puede resultar la educación mencionando como los niños ignoran que han sido sistemáticamente civilizados para tomar el control del planeta, existe una clara lucha entre el cinismo adulto y la imaginación infantil. La trama es narrada por el Cordell adulto, mientras que la animación es protagonizada por el Cordell niño. El Cordell director es el que manipula cual Dios a un equipo de animadores bastante talentosos (Sylvie Trouvé y Dale Hayward impresionando especialmente en los efectos de la lluvia y la mosca) quienes le ayudan con las maquetas y las marionetas que conforman el stop motion del salón de clases. Cordell, el animador, es quien construye los mundos de fantasía contrastándolos con los creados por Trouvé y Hayward. El experimento de la rana de Galvani termina siendo un pretexto para recordar a través de la fantasía, justamente como un trabajo que toma vida utilizando corrientes alternas de animación. Si casi todo mundo ha divagado en alguna aburrida clase, Cordell utiliza la nostalgia a su favor, equiparando la sensación de poder que se tiene al transformarse en un adulto con la que tendría un Dios al mismo tiempo que hace una disección de estereotipos de la clase escolar, con un inesperado giro positivo.

El resultado es sumamente meritorio. Si en todos sus trabajos anteriores el mundo puede estar al borde del desastre debido a la aparición de alguien inesperado, en esta ocasión, por más que el Cordell adulto intente hacerse valer, terminará optando por una resolución lúdica. “Si yo fuera Dios...” narra una memoria de tiempos más ingenuos, una donde el niño termina venciendo al adulto, por más que éste quiera jugar a ser Dios.