El envilecimiento del más noble sentimiento
El amor duele, no se atañe a nuestras
reglas o a nuestras ideas sobre él, lo cual no es necesariamente
malo ni bueno, simplemente es, ¿o acaso no es así? De nueva cuenta
escribiendo sobre un trabajo de menos de dos minutos de duración,
“La oscura verdad acerca del amor” (The Darkest Truth About Love)
es una animación que emplea métodos publicitarios con un fin un
tanto más siniestro que el de vendernos productos: vendernos una idea. Lo que cuestiona, es la existencia del amor mismo, haciéndolo a través de
su lado negativo al cual nos solemos negar a ver. La directora
británica Hannah Jacobs y la directora coreana Lara Lee construyen
esto como un anuncio que va a promover pensamientos sobre este lado
de las relaciones que no es perfecto. Acompañadas de una música
llena de tristeza pero que a su vez tiene un tiempo veloz que invita
a poner atención, las animaciones lucen bastante sencillas en su
diseño, con figuras geométricas simples, con un color dominando en
cada imagen y con las reflexiones sobre el amor plasmadas a través
de texto dentro de las mismas. Esto ayuda mucho a que se pueda poner
atención tanto al texto como a la imagen, lo cual indica que están
muy bien pensadas.
Hay bastante creatividad en la forma en
que van realizando las transiciones de una a otra: las figuras
geométricas son parte del entorno de la habitación, habrá un
momento en que la animación previa se transforme en un elemento de
la animación posterior, el texto tardará una fracción de segundo
en ir siendo completado en pantalla creando la sensación de suspenso
dándole énfasis a cada palabra, hay un personaje que es el que va
anotando las reflexiones en un cuaderno que lleva el título del
filme y las animaciones son presentadas como si nos adentráramos en
el sentir de este personaje completamente depresivo y ensimismado. La
música es bastante bella con el piano dominando la melodía con el
acompañamiento de otros instrumentos repitiéndose de manera
constante hasta dejar al piano dominando prácticamente por completo
hacia el final.
Sin importar la brevedad, hay muchos
cuestionamientos sobre la forma en la que vemos al amor y pese al
carácter introspectivo decididamente triste, hay un giro hacia el
final que hace que todo sea todavía más interesante. Jacobs y Lee
no traicionan el lado depresivo que predomina, sin embargo si ponen
una bienvenida ambigüedad que de alguna forma ya sea pone en tela de
juicio la completa negatividad de dichas reflexiones o bien la
terminan consagrando con una mala leche bárbara. No es tanto que el
final cambie la perspectiva hacia un lado luminoso, sino que reconoce
su existencia aunque sea con una no tan reconfortante mentira. La
cuestión acerca de si esa reflexión y sobre si ese plano final son bellos
o cruentos, dependerá de cada espectador. Lo que es digno de aplauso
es que las directoras no se tocan el corazón para reflejar que ese
sentimiento tan poderoso puede también destruirnos. Y la forma en la
que lo presentan confronta al espectador de una forma brutal. Si el
amor puede envilecernos, ¿acaso puede llamarse amor?

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