lunes, 4 de julio de 2016

La oscura verdad acerca del amor (The Darkest Truth About Love)





El envilecimiento del más noble sentimiento


El amor duele, no se atañe a nuestras reglas o a nuestras ideas sobre él, lo cual no es necesariamente malo ni bueno, simplemente es, ¿o acaso no es así? De nueva cuenta escribiendo sobre un trabajo de menos de dos minutos de duración, “La oscura verdad acerca del amor” (The Darkest Truth About Love) es una animación que emplea métodos publicitarios con un fin un tanto más siniestro que el de vendernos productos: vendernos una idea. Lo que cuestiona, es la existencia del amor mismo, haciéndolo a través de su lado negativo al cual nos solemos negar a ver. La directora británica Hannah Jacobs y la directora coreana Lara Lee construyen esto como un anuncio que va a promover pensamientos sobre este lado de las relaciones que no es perfecto. Acompañadas de una música llena de tristeza pero que a su vez tiene un tiempo veloz que invita a poner atención, las animaciones lucen bastante sencillas en su diseño, con figuras geométricas simples, con un color dominando en cada imagen y con las reflexiones sobre el amor plasmadas a través de texto dentro de las mismas. Esto ayuda mucho a que se pueda poner atención tanto al texto como a la imagen, lo cual indica que están muy bien pensadas.

Hay bastante creatividad en la forma en que van realizando las transiciones de una a otra: las figuras geométricas son parte del entorno de la habitación, habrá un momento en que la animación previa se transforme en un elemento de la animación posterior, el texto tardará una fracción de segundo en ir siendo completado en pantalla creando la sensación de suspenso dándole énfasis a cada palabra, hay un personaje que es el que va anotando las reflexiones en un cuaderno que lleva el título del filme y las animaciones son presentadas como si nos adentráramos en el sentir de este personaje completamente depresivo y ensimismado. La música es bastante bella con el piano dominando la melodía con el acompañamiento de otros instrumentos repitiéndose de manera constante hasta dejar al piano dominando prácticamente por completo hacia el final.


Sin importar la brevedad, hay muchos cuestionamientos sobre la forma en la que vemos al amor y pese al carácter introspectivo decididamente triste, hay un giro hacia el final que hace que todo sea todavía más interesante. Jacobs y Lee no traicionan el lado depresivo que predomina, sin embargo si ponen una bienvenida ambigüedad que de alguna forma ya sea pone en tela de juicio la completa negatividad de dichas reflexiones o bien la terminan consagrando con una mala leche bárbara. No es tanto que el final cambie la perspectiva hacia un lado luminoso, sino que reconoce su existencia aunque sea con una no tan reconfortante mentira. La cuestión acerca de si esa reflexión y sobre si ese plano final son bellos o cruentos, dependerá de cada espectador. Lo que es digno de aplauso es que las directoras no se tocan el corazón para reflejar que ese sentimiento tan poderoso puede también destruirnos. Y la forma en la que lo presentan confronta al espectador de una forma brutal. Si el amor puede envilecernos, ¿acaso puede llamarse amor?

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