sábado, 23 de julio de 2016

Camino de gigantes (Caminho dos gigantes)



El ritual de la flauta que no era de pan

Un diseño no demasiado ostentoso, mucho más interesado en crear una atmósfera; personajes con rasgos crudos a los cuales les bastan pocas figuras geométricas para establecer sus rostros; un estilo tribal de música con flautas y tambores que retumban. Todo ello le va bien a la historia que se cuenta, la cual no parece tan clara al inicio pero se va revelando paulatinamente. El director peruano-brasileño Alois Di Leo cuenta la historia de una niña temerosa de su propio éxito, ¿pero a qué le teme exactamente? La respuesta a ese misterio es lo que ofrece este “Camino de gigantes” (Caminho dos gigantes).

Un grupo de niños tallando madera se dedica a construir flautas. El jefe de la tribu, el cual también da la apariencia de ser el abuelo de estos niños, es el encargado de dar el visto bueno para decidir cuál es la flauta mejor construida. Cuando esta niña triunfa, ella expresa tristeza en vez de alegría. Di Leo consigue de manera muy buena hacernos entender, a través del comportamiento y las expresiones de sus personajes, que esto es un ritual. Es una historia que apela al naturalismo ubicada en un bosque con árboles gigantescos. El uso de la luz es fabuloso, es lo que más destaca a nivel animación, incluyendo las escenas nocturnas. El cómo la luz del sol y de la luna penetran por las rendijas que dejan los árboles le otorga una belleza enorme a todo el entorno. Di Leo propone algo ecológico, fiel a las tradiciones, pero inyectándole sus propias obsesiones. La música sigue tradiciones andinas con la flauta guiando tanto la melodía como la narrativa. La niña tiene el nombre Oquirá, el cual es también el nombre de una calle en la ciudad de São Paulo. La niña es, de cierta manera, su propio camino.

Es una trabajo que va en contrasentido de la animación anterior de Di Leo. Si en “El niño que quería ser un león” (The boy who wanted to be a lion) un chico sordo se negaba a pertenecer a un mundo artificialmente urbanizado, aquí la protagonista es una niña que se niega a pertenecer a un mundo naturalmente orgánico. En este choque de lo urbano frente a lo natural, ambas animaciones tienen un punto de encuentro al tener protagonistas que se niegan a aceptar las costumbres de su sociedad, aunque las consecuencias del autoexilio de los protagonistas son muy distintas en ambos filmes. Son trabajos que tienen pinta de crecimiento juvenil, pero que deciden tomar rumbos opuestos en su resolución, proponen un impacto que invite a la reflexión al mismo tiempo que son congruentes con la historia que desarrollan. En este mundo donde nada se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma, lo que se toma de la naturaleza, hay que devolverlo a la naturaleza. “Camino de gigantes” transita por ese lugar donde impera la ley de la conservación de la materia usando ornamentos propios de la ficción para aprehender la idea que todo en la vida tiene ciclos y el comprenderlos es parte de lo que nos hace madurar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario