miércoles, 27 de julio de 2016

Una cabeza desaparece (Une tête disparaît)




 Tierna senilidad

En “El inventario fantasma” (L'inventaire fantôme), el título hace alusión a aquellos bienes que aparecen como disponibles pero que en realidad no lo están. Dicha animación toma el carácter de una película de suspenso donde un recaudador fiscal llega al apartamento de un coleccionista a incautar sus bienes. ¿Existen estos bienes?, ¿por qué la animación da la impresión de que estamos en un cuento de horror? Intuimos qué va a pasar, pero aún así nos sorprende.

En “Sr. COK” (Monsieur COK) el título hace alusión al Costo de Inversión de Capital, un término económico que a grandes rasgos mide cuál de dos o más opciones trae los mejores beneficios. En dicha animación, un empresario fabricante de bombas decide despedir a sus empleados humanos para sustituirlos por robots. ¿Es el Señor COK un simple nombre arbitrario?, ¿se trata de distinguir quien puede ser más rentable entre humanos y robots? De nueva cuenta intuimos qué va a pasar, pero aún así nos sorprende.

En “Edmond era un burro” (Edmond était un âne) el título es más fácil de dilucidar, sabemos que decir: -¡Eres un burro! equivale a decir: -!Eres un tonto!   En esta animación, un tipo llamado Edmond es molestado por sus compañeros de trabajo por ser un tipo raro. ¿Es Edmond un tonto por no hacer nada frente a sus acosadores?, ¿por qué físicamente la animación hace que Edmond se asemeje a un burro? Una vez más, adivinó usted, intuimos lo que va a suceder, pero aún así nos sorprende.

Todos estos trabajos son dirigidos por el animador francés Franck Dion. Los títulos de sus animaciones parecen revelar la trama misma en su esencia más pura de tal forma que parece que nos están arruinando la experiencia, pero aún así Dion tiene la capacidad de sorprendernos al darle dos sentidos diametralmente distintos. Sus obras contienen de manera muy astuta un sentido tanto literal como figurado, de tal forma que nos importa saber el cómo va a suceder lo que nos indica el título y el porqué está sucendiendo de tal forma, por lo que se consigue que también nos termine importando el destino del protagonista.

En “Una cabeza desaparece” (Une tête disparaît), quizás la traducción al español no ayude mucho, pero sabemos que cuando alguien dice: -¡Has perdido la cabeza! equivale a decir: -¡Te has vuelto loco!  Aquí, una anciana mujer, fiel a su tradición para celebrar su cumpleaños, decide hacer su viaje anual a la playa. ¿Estamos simplemente ante una vieja senil que ha perdido la razón? ¿Por qué Dion decide animar a esta mujer cargando su propia cabeza separada de su cuerpo? Y sí, adivino usted, es fácil intuir qué es lo que va a pasar, pero de nueva cuenta nos termina sorprendiendo. ¿Cómo diablos lo logra?

Franck Dion es un director de animaciones con un estilo visual muy bien definido: utiliza colores que dan la sensación de falso blanco y negro sin ser del todo opacos al estar acompañados con una iluminación que deja entrar múltiples rayos de luz, donde la misma luz rodea todo el entorno como una neblina; dibuja rostros sumamente detallados que recalcan las facciones un tanto monstruosas de sus personajes; crea entornos de tal forma que construye una atmósfera de suspenso alrededor de todo el metraje. En el suspenso es donde está la clave de su éxito. Sus personajes se representan gráficamente de una forma literal pero la trama es narrada en un sentido figurado. Esta ambivalencia genera ese suspenso, nunca parece claro hacia donde inclinará la balanza, aunque en realidad en todo momento sea muy claro lo que cuenta. Son animaciones con una paradoja argumental llena de riqueza.

En “El inventario fantasma” con su apartamento donde se coleccionan souvenirs y en “Señor COK” con su fábrica de bombas, Dion tenía la posibilidad de dar animaciones más complejas a nivel visual. En “Una cabeza desaparece” (Une tête disparaît), Dion opta una vez más por un estilo visual sobrio, tal como lo hiciera en “Edmond era un burro”. Tenemos a una anciana que viajará a la playa en tren, así que no hay un entorno que le permita jugar de una forma demasiado compleja, aunque Dion se las ingenia para dar algunas pinceladas de fantasía dentro del concepto visual del filme. La anciana nos narra su experiencia de viaje cumpleañero, lo que provoca que el espectador se sumerja en esta locura. Como toda buena paradoja sobre la locura, la protagonista nos narra todo de manera muy cuerda. Los locos no saben que están locos, por lo que relatan las cosas con pasmosa lucidez. De hecho, no habría forma de saber si esta mujer está o no en sus cabales de no ser por la decisión de animarla con la cabeza fuera del cuerpo. Al acompañarla, el espectador se convierte de alguna forma en cómplice de su locura.

Existe en Dion una inquietud por acercarse a un público más amplio. No todo mundo conoce el significado de un inventario fantasma, Dion le inserta el género de terror para que eso no importe. Más complicado resulta saber qué es el COK, Dion narra una comedia de guerra para que eso no importe. Bastantes personas sufren acoso por ser distintos aunque justo por ser distintos son minoría, Dion relata todo como un documental testimonial para que eso no importe. Dion termina acercando al público a temas que le pueden resultar ajenos usando un lenguaje muy universal. Dion da muestras de su gran versatilidad al tocar temas distintos pero también al acercarse cada vez más a un público más amplio sin necesidad de sacrificar su estilo visual o su estilo narrativo.

Dion delega de nueva cuenta  la música a su fiel compositor de cabecera: Pierre Caillet. En esta ocasión, Caillet no llama la atención sobre sí mismo. La música es muy bella, pero como se limita a ir acompañando a la protagonista de forma muy sutil y puntual, no es tan fácil recordarla, algo que resulta extrañamente apropiado para un trabajo que habla sobre senilidad. Uno recuerda que la música está ahí, que es bella, pero es como un recuerdo vago. Todo el armado de la animación resulta de forma similar.

En esta apuesta de Dion por tocar temas cada vez más universales, “Una cabeza desaparece” funciona en gran medida porque todos estamos envejeciendo, todos hemos sentido perder la cordura o actuar con locura creyendo estar completamente cuerdos. La vida es una quijotesca lucha constante entre conservar la cordura y no perder la cabeza, literal y figuradamente. Es en parte por ello que la conclusión, pese a lo previsible, resulta tiernamente apabullante. La senilidad vista con gran lucidez no es un oxímoron, es una hermosa paradoja.

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