domingo, 24 de julio de 2016

La necesidad de Iván (Ivan's Need)




Fetichismos panaderos

Con una onda un tanto surreal, “La necesidad de Iván” (Ivan's Need) habla de un extremamente extraño despertar sexual: Iván es un chico que trabaja en una panadería y está obsesionado con la sensación de la masa sobre sus manos, lo cuál irrita a su patrón. La aparición de una chica llamada Alva y sus grandes pechos provocará que Iván se aloque aún más. Manuela Leuenberger es una de las directoras que presentan este trabajo fetichista y tiene como curiosidad el hecho de que ella se dedicaba a fabricar pasteles y dulces de chocolate, por lo que uno podría intuir que parte de las fantasías que surgen en esta animación provienen de ahí. Los otros dos directores son sus compatriotas suizos y compañeros de escuela Verónica Lingg Montaño y Lukas Suter. Y es que “La necesidad de Iván” resulta ser el trabajo de titulación de esta terna de animadores graduados de la Escuela de Arte y Diseño de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Artes de Lucerna.

“La necesidad de Iván” tiene la peculiaridad de mezclar el deseo masculino con el femenino. Si bien el protagonista es un hombre, cuando lo vemos envuelto en este acto sexual con la mujer hay un notorio equilibrio entre ambos deseos y de que incluso el placer femenino es lo que va a terminar predominando hacia la conclusión del filme, como recalcando que hay dos mujeres directoras inclinando la balanza a su favor. Las cosas se tornan demasiado explícitas, pero antes de llegar a ello hay un sentido del humor igualmente picarón, a la vez que un tanto infantil. Iván se comporta como un niño glotón buscando golosinas, por lo que es entendible que su patrón encuentre un tanto repulsivo su fetichismo hacia la masa. Siguiendo este tono, Alva es presentada de una forma muy similar al cuento de Rapunzel, sólo que en vez del cabello, son sus pechos los que descenderán por la gran torre. Los protagonistas siguen sus impulsos, su voluntad ha sido suplantada por sus descontroladas hormonas.

El estilo de animación es sencillo pero agresivo, con facciones toscas y grotescas, los personajes son iluminados con colores atípicos: Iván podrá tener rasgos humanos pero es iluminado de color azul. En el relleno de cada fondo o de cada elemento animado, predomina un color uniforme que abarca practicamente todo dicho elemento. Es como el niño que tiene algún cuaderno para iluminar donde se le indica de qué color rellenar exactamente cada figura geométrica cerrada y el niño decide optar por sus propios colores en vez de usar el adecuado para cada figura. El diseño de Alva recuerda a la reciente “Superbia” de la directora Luca Tóth donde se opta por retratar a la mujer con larguísimos pechos que se utilizan como si fueran sus brazos. Iván y sus rasgos japoneses recuerdan en alguna medida a aquel maestro Roshi de Dragon Ball en su carácter libidinoso. Iván y Alva se gustan así que dicen vamos directo a lo que vamos.

Esta terna de jóvenes directores desnudan sus propias inquietudes de igual manera. Todos van a lo que van, sin demasiado disimulo, así es como esta historia equipara al cunnilingus como el sumergimiento en un mar de infinito deseo. Si el sexo es visto como un juego descontrolado, la animación es bastante gráfica al respecto, conservando este estilo de figuras toscas envueltas en la pasión. Todo se transforma en un sueño erótico que descubre nuevos placeres al mismo tiempo que el estilo surrealista transporta a los personajes a una intimidad que explora su propia sensibilidad. Es un trabajo que refleja inquietudes de una manera bastante directa, sin demasiados tapujos, con sumo descaro. Es un deseo incontrolable más típico de adolescentes y jóvenes adultos. Es una seducción torpe, pero consensuada. Y sí, placentera.

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