Dinamismo del arte estático
La pintura es un arte estático, para
apreciarla uno puede observar con
detenimiento sus formas, trazos, colores, composición y como afecta
su conjunto al espectador. Si la pintura es estática, la animación
es un arte en movimiento. La diferencia en la apreciación estriba en
el conjunto de imágenes y no en la singularidad, pese a que cada
fotograma sea importante y pueda tener, de hecho, un valor singular.
El director Cao Shu, maestro en la Academia de Arte de China, propone
en “Historia del arte en un minuto” (One Minute Art History) algo
que en primera instancia pudiera parecer contradictorio: ¿cómo
apreciar 1440 pinturas que corren a 24 cuadros por segundo?
El dilema es este: como indica su
título, “Historia del Arte en un minuto” propone durante ese
lapso crear un recorrido a través de la historia de la pintura. Si
en un minuto hay 1440 fotogramas (o más en estos tiempos digitales)
resulta prácticamente imposible detenerse en cada corriente
artística para apreciar todas sus formas con todo detalle. Lo que
hace Shu para resolver eso es crear animaciones simples que imitan
las distintas corrientes que busca plasmar en este cineminuto y al
mismo tiempo dar la ilusión de movimiento insertando a un personaje
que se mueve a través de dichas “pinturas”, personaje que muta
según lo requiera la corriente que se expresa en cada fotograma. El
resultado es un time-lapse artificial que camina velozmente a través
de la evolución de la pintura, al mismo tiempo que funciona como una
sencilla animación. El personaje que camina y se sienta muta de
género y estilo de una forma curiosa.
Engañando al ojo, el director inserta
algunos fotogramas que no tienen nada que ver con este personaje,
pero cuya composición es similar al movimiento del mismo. De esta
manera aunque el ojo percibe este rompimiento, no se pierde la
animación principal debido a que son compatibles con lo que se ve,
es decir, hay armonía en el conjunto de imágenes. El juego consiste
en identificar qué corrientes artísticas se están expresando en
cada fotograma y en observar cuantas disrupciones son insertadas en
medio de éstas. En un sentido estético, hay cierto sacrificio al
simplificar la animación. Sin embargo funciona debido a que a tal
velocidad, la sencillez hace que sea un poco más fácil apreciar la
corriente a imitar. Shu comienza su recorrido desde el arte egipcio y
más adelante habrá incluso algún collage con la fotografía del
presidente Barack Obama. En todo caso, se nota que lo laborioso del
trabajo está en cómo usa Shu sus conocimientos sobre el arte para
imitar todos estos estilos con sobriedad.
La sinopsis oficial indica algo aún
más curioso, nos dice que esperar, como el arte mismo lo hace, es
algo absurdo, un medio sin propósito ni fin. Es imposible saber
hacia donde dará el arte su próximo salto importante, pero se puede
observar hacia el pasado. Lo que nos quiere decir Shu aquí es que la
pintura, como movimiento artístico, no permanece jamás estática,
está en un cambio constante. Su historia nos dice que estos cambios
pueden ser tanto armoniosos como disruptivos, pero siempre habrá una
armonía estética en su conjunto, es cuestión de saber hacia donde
y cómo mirar.

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