sábado, 9 de julio de 2016

Historia del arte en un minuto (One Minute Art History)





Dinamismo del arte estático

La pintura es un arte estático, para apreciarla uno puede observar con detenimiento sus formas, trazos, colores, composición y como afecta su conjunto al espectador. Si la pintura es estática, la animación es un arte en movimiento. La diferencia en la apreciación estriba en el conjunto de imágenes y no en la singularidad, pese a que cada fotograma sea importante y pueda tener, de hecho, un valor singular. El director Cao Shu, maestro en la Academia de Arte de China, propone en “Historia del arte en un minuto” (One Minute Art History) algo que en primera instancia pudiera parecer contradictorio: ¿cómo apreciar 1440 pinturas que corren a 24 cuadros por segundo?

El dilema es este: como indica su título, “Historia del Arte en un minuto” propone durante ese lapso crear un recorrido a través de la historia de la pintura. Si en un minuto hay 1440 fotogramas (o más en estos tiempos digitales) resulta prácticamente imposible detenerse en cada corriente artística para apreciar todas sus formas con todo detalle. Lo que hace Shu para resolver eso es crear animaciones simples que imitan las distintas corrientes que busca plasmar en este cineminuto y al mismo tiempo dar la ilusión de movimiento insertando a un personaje que se mueve a través de dichas “pinturas”, personaje que muta según lo requiera la corriente que se expresa en cada fotograma. El resultado es un time-lapse artificial que camina velozmente a través de la evolución de la pintura, al mismo tiempo que funciona como una sencilla animación. El personaje que camina y se sienta muta de género y estilo de una forma curiosa.

Engañando al ojo, el director inserta algunos fotogramas que no tienen nada que ver con este personaje, pero cuya composición es similar al movimiento del mismo. De esta manera aunque el ojo percibe este rompimiento, no se pierde la animación principal debido a que son compatibles con lo que se ve, es decir, hay armonía en el conjunto de imágenes. El juego consiste en identificar qué corrientes artísticas se están expresando en cada fotograma y en observar cuantas disrupciones son insertadas en medio de éstas. En un sentido estético, hay cierto sacrificio al simplificar la animación. Sin embargo funciona debido a que a tal velocidad, la sencillez hace que sea un poco más fácil apreciar la corriente a imitar. Shu comienza su recorrido desde el arte egipcio y más adelante habrá incluso algún collage con la fotografía del presidente Barack Obama. En todo caso, se nota que lo laborioso del trabajo está en cómo usa Shu sus conocimientos sobre el arte para imitar todos estos estilos con sobriedad.

La sinopsis oficial indica algo aún más curioso, nos dice que esperar, como el arte mismo lo hace, es algo absurdo, un medio sin propósito ni fin. Es imposible saber hacia donde dará el arte su próximo salto importante, pero se puede observar hacia el pasado. Lo que nos quiere decir Shu aquí es que la pintura, como movimiento artístico, no permanece jamás estática, está en un cambio constante. Su historia nos dice que estos cambios pueden ser tanto armoniosos como disruptivos, pero siempre habrá una armonía estética en su conjunto, es cuestión de saber hacia donde y cómo mirar.

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