Irrealidad Publicitada
El actor mexicano Gabino Rodríguez en
su blog personal Somos Reclamos suele mencionar una frase que reza: "Nada es
mío, todo es robado", como un mantra consciente de la
influencia de los demás sobre el pensamiento. Quizás por ello sea
un tanto perverso que "Sueños de marca" (Branded Dreams) inicie
con una cita del profesor James B. Twitchell. Twitchell, un
ex-profesor de la Universidad de Florida con varios libros sobre
publicidad, consumismo y cultura popular, quien fuera acusado de
plagiar párrafos de sus libros de otros autores sin dar el crédito
correspondiente en 2008, tuvo una jubilación prematura debido a
estos plagios. El colectivo holandés Studio Smack conformado por Ton
Meijdam, Thom Snels and Béla Zsigmond nos inserta en un bosque
aparentemente inofensivo donde todas sus criaturas tienen la
apariencia de ser un anuncio publicitario de la marca de soda más
famosa del planeta. No es que se nos diga directamente la marca que
se anuncia, pero los colores y siluetas lo dejan muy claro.
Imagine a un niño que no sabe leer, pero que conoce a la perfección
la imagen de sus golosinas favoritas.
En buena
medida, el concepto visual es como un plagio del subconsciente, aún no sabemos leerlo pero sabemos interpretar su significado.
Nadie está a salvo de la publicidad ni
de los productos de marca, la vemos en la televisión, en la red, en
correos electrónicos, en el cine, en la radio, en los deportes, en
nuestra ropa, posiblemente también en el lugar donde usted está
leyendo esto. ¿Pudiera ser que Twitchell, inmerso en el estudio de
los mecanismos publicitarios en verdad pensara que esas ideas que se
robó le pertenecian a él? Tomando en cuenta que los textos
plagiados por Twitchell tenían poca diferencia con su fuente
original resulta casi imposible pensar que no hubo mala intención.
Sin embargo, la ironía de que James B. Twitchell haya construido una
carrera sobre los efectos y mecanismos de la publicidad a partir de
ideas de otros, sin importar si haya sido de forma involuntaria o en
franca alevosía provoca también una invitación a pensar
maliciosamente. El concepto y la imagen de una marca pueden ser más
poderosas que las palabras mismas. Twitchell lo sabía, así que creo
su propia marca a través de "sus" escritos del poder de la
mercadotecnia. Las marcas utilizan
lo que funciona mejor, observan lo que realizan otras marcas más
exitosas y lo emplean para vendernos su producto, asegurándose que
llegue a la máxima audiencia posible.
Lo que hace interesante la propuesta de
los chicos de Studio Smack es como alteran la perspectiva de algo
aparentemente inofensivo al sembrar una idea antes de que la
animación comience. La frase en cuestión con la que inicia “Sueños
de marca” (Branded Dreams) nos dice que al ser bombardeados por la
publicidad desde todos los frentes, el único lugar seguro es el
inconsciente: el mundo de los sueños. Sin la frase inicial, esto
sería un gran comercial: seres que toman figuras de latas de
refresco, destapadores, siluetas de la famosa botella y gotas que
simulan el burbujeante gas como camuflaje de la naturaleza misma. Sin
embargo, al plantearse como un sueño, al decirnos que cuando la
publicidad ha invadido al inconsciente de tal manera que ya no se
puede estar seguros, todo se interpreta mas bien como una pesadilla:
las marcas han penetrado en nuestra mente con la posibilidad de
convertirnos en esclavos del consumo.
La animación es totalmente
corporativa, con un diseño sonoro que busca frescura, un toque
electrónico que fusiona este ambiente natural del bosque con las
artificiosas formas refresqueras que toman los animales. Es a la vez,
el sueño placentero de cualquier publicista, llevar la marca de tal
forma que el cliente se ponga la camiseta de la misma, un cliente que
viva, respire y sueñe con su producto o servicio predilecto. Integra
lo natural con el producto para dar la impresión de que hasta la
naturaleza misma estaría satisfecha con lo que se nos está
vendiendo.
La mercadotecnia nos predispone a tener
una idea de las cosas creyendo que son nuestras cuando en realidad
han sido sembradas para crear una necesidad de consumo. La estructura
de la animación utiliza esto como un truco publicitario pero lo hace
con fines artísticos. Nos planta esta idea, para que interpretemos
la animación de una forma totalmente distinta a la que se le daría
sin esa idea. Si no se puede estar seguro ya en el reino de los
sueños ante la invasión de la publicidad, ¿pueden seguir
perteneciéndonos nuestros pensamientos?, ¿consumimos sólo los
productos que nos resultan familiares hasta el hartazgo?, ¿hasta que punto la publicidad
puede considerarse la publicidad una invasión de la privacidad?, ¿dónde se rompe la línea ética de los anuncios publicitarios? Lo extraño
es que al plantar esta idea, se terminan cuestionando también
nuestros propios hábitos de consumo.No
es un tema ético menor, pero la animación sólo provoca que esas
preguntas salgan a la mente. Su encanto está en ello, no en
ofrecernos respuesta alguna. Quizás uno pueda encontrar luz leyendo
algún libro de Twitchell sobre los oscuros mecanismos del mundo publicitario, aunque como diría el buen Gabino: "nada sea suyo, sino que todo es robado."

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