Monstruos errantes
El director belga Pieter Coudyzer
brinda en “¡Bestia!” (Beast!) una genial visión sobre un
imposible encuentro entre dos monstruos que no tienen cabida en este
mundo hostil. Con un estilo narrativo que remite a las películas de
ciencia ficción de finales de principios de los ochenta y cierta
ingenuidad que remite hasta los años cincuenta, “¡Bestia!”
combina esa sensación de asombro con una trama que evade responder
todas sus incógnitas para enfocarse en estos dos personajes
incomprendidos. Ciencia-ficción con una buena dosis de drama.
Un vagabundo ronda por las calles de la
ciudad, mientras una nave espacial aparece en el oscuro cielo. El
gobierno seguirá un cuestionable protocolo y habrá en consecuencia
un extraño vínculo rayando en la simbiosis entre el vagabundo y el
habitante de la nave espacial. Destacando que Coudyzer no dulcifica a
su vago, el tipo es agresivo, tosco y grotesco a partes iguales,
vemos todo bajo la perspectiva del mismo. No obstante su carácter,
no es muy difícil conectarse con el sentimiento de alienación que
éste posee. Coudyzer nos hace seguirlo con un rumbo incierto hasta
que se da el encuentro con la nave, el cual marca el momento en el que el vago encuentra
su propio camino. En la alianza o en la amistad, parece estar el
sentido de la vida.
La animación siempre es oscura,
incluso de día, como una tormenta sin fin. Con mucha neblina, sucia,
violenta y tan tosca como sus personajes pero con algún rayo de luz dándole un toque de esperanza. Eso le da también, por
incomprensible que parezca, una gran belleza. Al ser congruente con
lo que se cuenta, el estilo de animación resulta más poderoso,
dando la sensación de inmersión. Con tonos negros y azules, la
mugre en el rostro del protagonista, el paisaje urbano que predomina,
el contraste con el bosque, las arrugas del protagonista, la suciedad
de la ciudad, entre otras cosas, hay una atención al detalle y un
diseño visual que pareciera una pintura en óleo pasada por un
filtro oscuro. Las escenas de acción, lucen una sobriedad y un
dramatismo muy dignos, pues hay una sensación real de peligro. La
animosidad está presente en todo el trayecto. La música, ganadora
en el festival de animación Annecy, es decididamente triste: el
piano, la lluvia, la derrota, la bestia. El diseño sonoro es por
igual inmersivo, con emocionantes rugidos que logran comunicar sin
palabras.
La comunicación entre seres de ambos
mundos es sumamente spielbergiana, a un nivel adulto más que
infantil. “Encuentros cercanos del tercer tipo” (Close Encounters
of the third kind) por encima de “E.T. El Extraterrestre” (E.T.
The Extra-terrestrial) y una pizca de lo monstruoso en “La guerra de
los mundos” (War of the worlds). En “¡Bestia!” hay una
crítica al como el ser humano trata a lo desconocido, sean bestias,
animales u otros seres humanos que no encajan en la sociedad.
Mientras unos congenian, los otros atacan sin piedad. Los diferentes
hacen equipo, aunque no necesariamente puedan ser los ganadores. Por
eso cierta expresión hacia el final cobra una fuersa inusitada,
¿quién es la verdadera bestia, los diferentes o los seres
convencionales?

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