Échame un gallo
“Los ases del corral” recuerda un
poco a aquellos tiempos donde don Ismael Rodríguez usaba a algunas
niñas malcriadas haciendo travesuras durante la época de oro del
cine mexicano, especialmente a la Chachita disputando terreno con
algún cocinero francés en “¡Qué lindo es Michoacán!”. Claro,
brincos dieran los directores Manuel Báez e Irving Sevilla de que su
protagonista, la animada Avelita, fuera tan graciosamente malhumorada
como aquella Chachita. No obstante, “Los ases del corral” tiene
su propia gracia, no tan genial pero tampoco tan menor.
Avelita es una niña pollo o ave que
vive con su abuelo don Goyo, quien es dueño de una fonda. Don Goyo
quiere música en vivo por lo cual pone un anuncio solicitando
músico, pero Avelita desea una rocola. Lo que acontece después es
una trama de sabotaje con música jarocha, norteña y mariachi que
apela al folclore, buscando entretener a su audiencia con el
enfrentamiento entre los músicos y la caprichosa escuincla, otra
reminiscencia del cine de la época dorada en su vena de graciosos
duelos musicales.
Es precisamente en el argumento y en la
música en donde “Los ases del corral” encuentra sus mejores
armas. Con guión de la finada Violeta Salmón, a quien le dan una
bonita dedicatoria póstuma, la trama se parte en dos: el duelo y lo
que sucede tras la “victoria” de uno de los bandos. Al ser una
animación para los niños, se crea un ambiente de comunión al optar por una malcriada protagonista, quien prefiere la tecnología en vez de lo
humano (¿o lo aviar?), algo que no es inusual en una generación que suele preferir
comunicarse por mensajes de texto a hacerlo en vivo, al mismo tiempo
que usa elementos viejos que conectarán con los padres (¿o lo abuelos?), como la
amenaza de la Rock-Ola o cierta colección de corcholatas. La música
por otra parte propone una variedad de ritmos en su primera mitad,
para después optar por una monótona melodía con una sola palabra
repitiéndose infinitamente, congruente con el hastío que
experimentarán ciertos personajes, para luego mezclarla cual salsa
en una fusión que dará resolución a todo el asunto.
Del lado de la animación los
personajes son aves antropomorfas, destacando la presentación del
músico jarocho y también el duelo del gallo, cuyo comportamiento
recuerda a esa caricatura de los animaniacs donde aparecía Kíkiri
Boo. Sin embargo, esta animación que luce un estilo Flash tiene
algunas transiciones que no se ven tan bien como pudieran, el exceso
de colores de pronto hace que los personajes pierdan presencia
y el acabado en general luce una austeridad estética. No es que los
ases del corral sea una genial animación, a nivel técnico está
lejos de serlo. Sin embargo, resulta un obra harto simpática, en especial por un par de momentos de
la gruñona niña y también por un trío de pegajosas canciones donde uno piensa: "¡Ay, qué bonito cantan!"
Antojito mexicano: Un
caldito de pollo con puro limón y cebolla. Le harán falta
condimentos y más carnita, pero está bastante sabroso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario