miércoles, 1 de junio de 2016

Los ases del corral




Échame un gallo


“Los ases del corral” recuerda un poco a aquellos tiempos donde don Ismael Rodríguez usaba a algunas niñas malcriadas haciendo travesuras durante la época de oro del cine mexicano, especialmente a la Chachita disputando terreno con algún cocinero francés en “¡Qué lindo es Michoacán!”. Claro, brincos dieran los directores Manuel Báez e Irving Sevilla de que su protagonista, la animada Avelita, fuera tan graciosamente malhumorada como aquella Chachita. No obstante, “Los ases del corral” tiene su propia gracia, no tan genial pero tampoco tan menor.

Avelita es una niña pollo o ave que vive con su abuelo don Goyo, quien es dueño de una fonda. Don Goyo quiere música en vivo por lo cual pone un anuncio solicitando músico, pero Avelita desea una rocola. Lo que acontece después es una trama de sabotaje con música jarocha, norteña y mariachi que apela al folclore, buscando entretener a su audiencia con el enfrentamiento entre los músicos y la caprichosa escuincla, otra reminiscencia del cine de la época dorada en su vena de graciosos duelos musicales.

Es precisamente en el argumento y en la música en donde “Los ases del corral” encuentra sus mejores armas. Con guión de la finada Violeta Salmón, a quien le dan una bonita dedicatoria póstuma, la trama se parte en dos: el duelo y lo que sucede tras la “victoria” de uno de los bandos. Al ser una animación para los niños, se crea un ambiente de comunión al optar por una malcriada protagonista, quien prefiere la tecnología en vez de lo humano (¿o lo aviar?), algo que no es inusual en una generación que suele preferir comunicarse por mensajes de texto a hacerlo en vivo, al mismo tiempo que usa elementos viejos que conectarán con los padres (¿o lo abuelos?), como la amenaza de la Rock-Ola o cierta colección de corcholatas. La música por otra parte propone una variedad de ritmos en su primera mitad, para después optar por una monótona melodía con una sola palabra repitiéndose infinitamente, congruente con el hastío que experimentarán ciertos personajes, para luego mezclarla cual salsa en una fusión que dará resolución a todo el asunto.

Del lado de la animación los personajes son aves antropomorfas, destacando la presentación del músico jarocho y también el duelo del gallo, cuyo comportamiento recuerda a esa caricatura de los animaniacs donde aparecía Kíkiri Boo. Sin embargo, esta animación que luce un estilo Flash tiene algunas transiciones que no se ven tan bien como pudieran, el exceso de colores de pronto hace que los personajes pierdan presencia y el acabado en general luce una austeridad estética. No es que los ases del corral sea una genial animación, a nivel técnico está lejos de serlo. Sin embargo, resulta un obra harto simpática, en especial por un par de momentos de la gruñona niña y también por un trío de pegajosas canciones donde uno piensa: "¡Ay, qué bonito cantan!"

Antojito mexicano: Un caldito de pollo con puro limón y cebolla. Le harán falta condimentos y más carnita, pero está bastante sabroso.

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