Tierna senilidad
En “El inventario fantasma”
(L'inventaire fantôme), el título hace alusión a aquellos bienes
que aparecen como disponibles pero que en realidad no lo están.
Dicha animación toma el carácter de una película de suspenso donde
un recaudador fiscal llega al apartamento de un coleccionista a
incautar sus bienes. ¿Existen estos bienes?, ¿por qué la animación
da la impresión de que estamos en un cuento de horror? Intuimos qué
va a pasar, pero aún así nos sorprende.
En “Sr. COK” (Monsieur COK) el
título hace alusión al Costo de Inversión de Capital, un término
económico que a grandes rasgos mide cuál de dos o más opciones
trae los mejores beneficios. En dicha animación, un empresario
fabricante de bombas decide despedir a sus empleados humanos para
sustituirlos por robots. ¿Es el Señor COK un simple nombre
arbitrario?, ¿se trata de distinguir quien puede ser más rentable
entre humanos y robots? De nueva cuenta intuimos qué va a pasar,
pero aún así nos sorprende.
En “Edmond era un burro” (Edmond
était un âne) el título es más fácil de dilucidar, sabemos que
decir: -¡Eres un burro! equivale a decir: -!Eres un tonto!
En esta animación, un tipo llamado Edmond es molestado por sus
compañeros de trabajo por ser un tipo raro. ¿Es Edmond un tonto por
no hacer nada frente a sus acosadores?, ¿por qué físicamente la
animación hace que Edmond se asemeje a un burro? Una vez más,
adivinó usted, intuimos lo que va a suceder, pero aún así nos
sorprende.
Todos estos trabajos son dirigidos por
el animador francés Franck Dion. Los títulos de sus animaciones
parecen revelar la trama misma en su esencia más pura de tal forma
que parece que nos están arruinando la experiencia, pero aún así
Dion tiene la capacidad de sorprendernos al darle dos sentidos
diametralmente distintos. Sus obras contienen de manera muy astuta un
sentido tanto literal como figurado, de tal forma que nos importa
saber el cómo va a suceder lo que nos indica el título y el porqué
está sucendiendo de tal forma, por lo que se consigue que también
nos termine importando el destino del protagonista.
En “Una cabeza desaparece” (Une
tête disparaît), quizás la traducción al español no ayude mucho,
pero sabemos que cuando alguien dice: -¡Has perdido la cabeza!
equivale a decir: -¡Te has vuelto loco! Aquí, una anciana
mujer, fiel a su tradición para celebrar su cumpleaños, decide hacer
su viaje anual a la playa. ¿Estamos simplemente ante una vieja senil
que ha perdido la razón? ¿Por qué Dion decide animar a esta mujer
cargando su propia cabeza separada de su cuerpo? Y sí, adivino
usted, es fácil intuir qué es lo que va a pasar, pero de nueva
cuenta nos termina sorprendiendo. ¿Cómo diablos lo logra?
Franck Dion es un director de
animaciones con un estilo visual muy bien definido: utiliza colores
que dan la sensación de falso blanco y negro sin ser del todo opacos
al estar acompañados con una iluminación que deja entrar múltiples
rayos de luz, donde la misma luz rodea todo el entorno como una
neblina; dibuja rostros sumamente detallados que recalcan las
facciones un tanto monstruosas de sus personajes; crea entornos de
tal forma que construye una atmósfera de suspenso alrededor de todo
el metraje. En el suspenso es donde está la clave de su éxito. Sus
personajes se representan gráficamente de una forma literal pero la
trama es narrada en un sentido figurado. Esta ambivalencia genera ese
suspenso, nunca parece claro hacia donde inclinará la balanza,
aunque en realidad en todo momento sea muy claro lo que cuenta. Son
animaciones con una paradoja argumental llena de riqueza.
En “El inventario fantasma” con su apartamento donde se coleccionan souvenirs y en “Señor COK” con su fábrica de bombas, Dion tenía la posibilidad de dar animaciones más complejas a nivel visual. En “Una cabeza desaparece” (Une tête disparaît), Dion opta una vez más por un estilo visual sobrio, tal como lo hiciera en “Edmond era un burro”. Tenemos a una anciana que viajará a la playa en tren, así que no hay un entorno que le permita jugar de una forma demasiado compleja, aunque Dion se las ingenia para dar algunas pinceladas de fantasía dentro del concepto visual del filme. La anciana nos narra su experiencia de viaje cumpleañero, lo que provoca que el espectador se sumerja en esta locura. Como toda buena paradoja sobre la locura, la protagonista nos narra todo de manera muy cuerda. Los locos no saben que están locos, por lo que relatan las cosas con pasmosa lucidez. De hecho, no habría forma de saber si esta mujer está o no en sus cabales de no ser por la decisión de animarla con la cabeza fuera del cuerpo. Al acompañarla, el espectador se convierte de alguna forma en cómplice de su locura.
En “El inventario fantasma” con su apartamento donde se coleccionan souvenirs y en “Señor COK” con su fábrica de bombas, Dion tenía la posibilidad de dar animaciones más complejas a nivel visual. En “Una cabeza desaparece” (Une tête disparaît), Dion opta una vez más por un estilo visual sobrio, tal como lo hiciera en “Edmond era un burro”. Tenemos a una anciana que viajará a la playa en tren, así que no hay un entorno que le permita jugar de una forma demasiado compleja, aunque Dion se las ingenia para dar algunas pinceladas de fantasía dentro del concepto visual del filme. La anciana nos narra su experiencia de viaje cumpleañero, lo que provoca que el espectador se sumerja en esta locura. Como toda buena paradoja sobre la locura, la protagonista nos narra todo de manera muy cuerda. Los locos no saben que están locos, por lo que relatan las cosas con pasmosa lucidez. De hecho, no habría forma de saber si esta mujer está o no en sus cabales de no ser por la decisión de animarla con la cabeza fuera del cuerpo. Al acompañarla, el espectador se convierte de alguna forma en cómplice de su locura.
Existe en Dion una inquietud por
acercarse a un público más amplio. No todo mundo conoce el
significado de un inventario fantasma, Dion le inserta el género de
terror para que eso no importe. Más complicado resulta saber qué
es el COK, Dion narra una comedia de guerra para que eso no importe.
Bastantes personas sufren acoso por ser distintos aunque justo por
ser distintos son minoría, Dion relata todo como un documental
testimonial para que eso no importe. Dion termina acercando al público a temas que le
pueden resultar ajenos usando un lenguaje muy universal. Dion da muestras de su gran
versatilidad al tocar temas distintos pero también al acercarse cada
vez más a un público más amplio sin necesidad de sacrificar su
estilo visual o su estilo narrativo.
Dion delega de nueva cuenta la música
a su fiel compositor de cabecera: Pierre Caillet. En esta ocasión,
Caillet no llama la atención sobre sí mismo. La música es muy
bella, pero como se limita a ir acompañando a la protagonista de
forma muy sutil y puntual, no es tan fácil recordarla, algo que
resulta extrañamente apropiado para un trabajo que habla sobre
senilidad. Uno recuerda que la música está ahí, que es bella, pero
es como un recuerdo vago. Todo el armado de la animación resulta de
forma similar.
En esta apuesta de Dion por tocar temas cada vez más universales, “Una cabeza desaparece” funciona en gran medida porque todos estamos envejeciendo, todos hemos sentido perder la cordura o actuar con locura creyendo estar completamente cuerdos. La vida es una quijotesca lucha constante entre conservar la cordura y no perder la cabeza, literal y figuradamente. Es en parte por ello que la conclusión, pese a lo previsible, resulta tiernamente apabullante. La senilidad vista con gran lucidez no es un oxímoron, es una hermosa paradoja.
En esta apuesta de Dion por tocar temas cada vez más universales, “Una cabeza desaparece” funciona en gran medida porque todos estamos envejeciendo, todos hemos sentido perder la cordura o actuar con locura creyendo estar completamente cuerdos. La vida es una quijotesca lucha constante entre conservar la cordura y no perder la cabeza, literal y figuradamente. Es en parte por ello que la conclusión, pese a lo previsible, resulta tiernamente apabullante. La senilidad vista con gran lucidez no es un oxímoron, es una hermosa paradoja.











