miércoles, 27 de abril de 2016

Huellas (Footprints)




DE CACERÍA

El incansable estadounidense Bill Plympton es un viejo conocido en el mundo de la animación, ya sea como caricaturista o como autor cinematográfico. En “Huellas” (Footprints) explora una paradoja digna de algún sueño pesadillesco continuando con su estilo de “hágalo-usted mismo”. Este estilo de animación dibujada y coloreada a mano provoca un peculiar efecto tintineante. La historia, como dictan las reglas de un cortometraje es harto simple pero con buena pegada. Un tipo despierta tras el sonido que hace su ventana al romperse, toma su rifle y decide perseguir a lo que sea que haya ocasionado el percance. Como ese algo ha dejado huellas en el piso, el protagonista irá resuelto a cazar a la bestia.

Sí, la imaginación lo hará pensar en el monstruo al que enfrentará. En la observación de esos monstruos acechantes en la mente del protagonista es donde reside cierta parte creativa a nivel visual del filme, pero lo más dominante es la forma un tanto distorsionada que va adquiriendo la cacería del protagonista. En cierto momento, es fácil anticipar cómo terminará todo, lo cual ocurre por lo bien detallado de un momento específico donde Plympton le da una perspectiva distinta al terreno donde las huellas han dejado su rastro.

La mayor virtud de “Huellas” está en esa manera en que va distorsionando la perspectiva y en como utiliza la música para acentuar el resuelto sentido de su cazador protagonista. Es una obra sencilla, pero que sabe bien a donde disparar.

martes, 26 de abril de 2016

Ernie Biscuit (Ernée Bisquit)


Algunos días eres el parabrisas, algunos días el insecto.

El australiano Adam Elliot, ganador del Óscar por el cortometraje “Harvie Krumpet” y mayormente conocido por su largometraje “Mary & Max”, comienza “Ernie Biscuit” con una serie de eventos desafortunados que tocan a la puerta del protagonista. Reapropiándose del estilo narrativo de Jean Pierre Jeunet y narrado de forma soberbia por el actor John Flaus, “Ernie Biscuit” es una historia llena de ingenuidad cómica que también goza de tintes violentos, algo también muy típico del cine de Jeunet.

Estamos en el París de 1966, donde los vagabundos leen “Los Miserables” mientras que los sacerdotes de la catedral de Notre Dame leen pornografía. El prólogo, muy al estilo que Jean Pierre Jeunet usara en una escena de lágrima incluida en “La ciudad de los niños perdidos” (La cité des enfants perdus), inicia con el estornudo de un ave que descansa en lo alto de la catedral, el cual desemboca una cadena de eventos en cascada llenos de ingeniosa comicidad, donde los gatos, gárgolas, vagos, sacerdotes y caricaturistas provocan que algo asome a la puerta del protagonista, el taxidermista nombrado Ernie Biscuit (australianizado del nombre francés Ernée Bisquit). Después del magnífico prólogo, la historia dará algunos brincos en el tiempo, de 1938 a 1940 y a 1950. El estilo de estos flashbacks bien podrían ser importados de otras cintas de Jeunet: “Amélie” (Le fabuleux destin d'Amélie Poulain), “El joven y prodigioso T.S. Spivet” (The Young and Prodigious T.S. Spivet) o bien “Micmacs” (Micmacs à tire-larigot), usted elija.

Si en el cine de Jean Pierre Jeunet lo extrañamente perturbador es vencido por la terca ingenuidad, Adam Elliot lleva este homenaje no sólo hacia su propio cine, también hacia su propia patria: El protagonista viajará, contra su voluntad, de París a Australia. Ahí habitará un carnicero que será de nueva cuenta una referencia hacia la primera cinta de Jeunet, “Delicatessen”, acontecerá un romance entre dos personajes tímidos pero no por ello menos intensos y otra serie de graciosos acontecimientos, todos ellos animados en perfecto stop-motion en blanco y negro. Con todo y el homenaje a Jeunet, el sello de la casa no deja de ser predominante, la estructura de “Ernie Biscuit” tiene demasiados puntos en común con “Harvie Krumpet”: la cinta iniciará con una frase que pondera al fuerte frente al débil, hay un protagonista que viaja de Europa a Australia, en algún momento cambiará su nombre para hacerlo más australiano, tendrá una minicrisis vocacional, sufre o goza de una discapacidad, usará sus limitados conocimientos a su favor, habrá un bizarro romance y la frase inicial será como un mantra que definirá la actitud del protagonista ante la vida.

Lo notable en el guión es como la vida de Ernie está construida de la misma forma que el prólogo, es una cadena de eventos desafortunados que responden a causas y efectos, pero si la evolución en el cine de Adam Elliot ya apuntaba primordialmente a guiones cada vez más elaborados, ahora también apunta hacia una animación construida con mayor minuciosidad, pues en “Ernie Biscuit” el estilo visual toma caminos transitados por la casa Aardman. La narración sería un valor agregado al ingenio visual, de no ser porque el guión es igual de prodigioso. Ernie Biscuit es un tipo que se encuentra en una encrucijada, conoceremos lo que le aconteció en su pasado, para luego contemplar su futuro a través de sus decisiones en el presente. “Ernie Biscuit” habla sobre un hombre que por azares del destino termina decidiendo que es tiempo de tomar las riendas del suyo. Y por lo que hemos aprendido del cine de Adam Elliot, el destino lo forja uno mismo, aunque sepamos que nos gobierne el poder del azar.

lunes, 25 de abril de 2016

Disonancia (Dissonance)

  
La animación subordinada a la realidad


Mundos paralelos surreales, notas de piano en cascada encaminadas hacia la locura y músicos dotados sumidos en la ignominia. En “Disonancia” (Dissonance), el alemán Till Nowak combina la animación con la acción viva para crear un universo nolaniano onda “El Origen” (Inception), el cual irá colapsando conforme el protagonista se dé cuenta de que su realidad no se encuentra en dicho mundo de solitaria confinación animada.

Un músico con ayuda de su achichincle se la pasa tocando un piano rotatorio cuyas teclas giran 360° en una solitaria ciudad que parece elevarse sobre los aires. Paralelamente veremos a dicho músico en el mundo real, tocando como un organillero en la calle justo debajo del departamento donde vive su hija, a la cual se le ha impedido ver. Lo que ocurre afuera, en la realidad, influye en el mundo de animación en donde el protagonista se ha exiliado, sin quedar claro si fue por voluntad propia o producto de su falta de cordura. La demencial animación es magnífica, Nowak construye un mundo arquitectónico que choca con la realidad, pero que bebe de ella. En muchos momentos, el rostro del protagonista en el mundo real es alterado para retratar su forma animada. Quizás lo más hermoso de “Disonancia” no sea su extraordinaria animación o la increíble banda sonora con ese piano desbocado, sino su capacidad de fusionar ambos mundos de una manera enigmáticamente bella. Y quizás el mayor reclamo es que después de atrapar nuestra atención de manera tan poderosa, su conclusión no resulte tan satisfactoria como lo que plantea: colapsar la locura por medio de la razón, aunque la razón pueda obligarnos a renunciar a aquello que más amamos.

domingo, 24 de abril de 2016

Día 40 (Day 40)



El arca de Noé distópica

El canadiense Sol Friedman toma la historia de “El arca de Noé” trastocándola en una obra donde las perversiones humanas son transmitidas a sus bestias. Con una animación cuyo concepto es sencillo, fondo blanco con trazos de líneas negras, pero con una ejecución cuidadosa donde hay movimientos que denotan complejidad en el armado de estos dibujos y en la perspectiva de dichas imágenes, el guión toma caminos sumamente descabellados.

“Día 40” (Day 40) es una especie de fan fiction bíblico donde el Génesis hace una veloz aparición con la creación y evolución del hombre culminando en un rampante hedonismo. Como es sabido, Dios le encargará a Noé que busque un par de cada especie animal para trasladarlos en su arca mientras el diluvio acaba con los pecadores, ¿pero qué pasa cuando las bestias no están desprovistas de pasiones? Ese cuestionamiento forma la base de “Día 40”, la cual es llevada hasta sus últimas consecuencias de maneras peculiarmente cómicas, pero no por ello menos violentas. En cierta forma, la incorrección política hace su aparición de manera similar a lo que hace Friedman en su cortometraje más reciente "Tocino & La Ira de Dios", en donde una judía decide comer tocino por primera vez. No parece tanto un ataque frontal hacia la religión, pero sí un cuestionamiento incómodo para los creyentes, no exento de buen humor.

El final será aún más absurdo, aunque no menos congruente que aquel diluvio que acabara con esta perversa humanidad para reiniciar un nuevo ciclo de involución-degradación.

martes, 19 de abril de 2016

Pizarra (Carte Noire)




Espectros de la carretera

En “Pizarra”(Carte Noire), la austriaca Michaela Grill contruye una animación fantasmal trazando un viaje en carretera donde la obscuridad permea y la luz intenta escapar. Con un punzante diseño sonoro, la carretera se convierte en un espectro que apenas se observa tras estos relámpagos que permiten apreciar poco el camino. De ninguna forma es un trabajo destacado, pero posee esa peculiaridad de borrar y transmutar sus imágenes como si se tratáse de un pizarron mágico con toque experimental. Quizás por ello hacia el final nos indica que sólo las salvajes criaturas nocturnas pueden apreciar el camino de manera clara.

lunes, 18 de abril de 2016

Auto Retratos (Autos Portraits)




Que sera, sera


En “Trópico de Cáncer”, Rubén Albarrán, vocalista de Café Tacuba interpretando a algún ingeniero de Petróleos Mexicanos cantaba que los humanos no necesitamos más hidrocarburos y que él no quería tener nada que ver con esa fea relación de acción, construcción y destrucción, por lo cual se retiraba. En “Auto Retratos” (Autos Portraits/Carface), los automóviles cantan, como si se tratáse del mundo pixariano de Cars convertido en una alegre distopía abrazando la idea de la destrucción en vez de retirarse como aquel ingeniero mexicano ficticio. La animación es oscura, sucia como el aceite y ensamblada como en una fábrica que está a punto de colapsar. Los automóviles brincan alegremente hacia una piscina de gasolina en este lugar donde las tuercas y motores terminarán por acabar con el planeta. Todo sea por una ficción dentro de la ficción. El autocinema donde los automóviles observan el retrato de su industria, con petróleo, gasolina y aceite deslizándose por la pantalla hasta combustionarla.

El apocalipsis fordiano acrecentándose con el martilleo de las perforaciones petroleras es reflejado como un pesadillesco musical donde los automóviles cantan la canción ganadora del Óscar en 1956: Whatever Will Be, Will Be (Que Sera, Sera). El futuro no es nuestro dice la canción, y en las manos del canadiense Claude Cloutier, “Auto Retratos” se convierte en un videoclip donde el futuro le pertenece a una industria que no teme acabar con la Tierra de manera alegre. Lo que será, será.

domingo, 17 de abril de 2016

Siesta (Pui de Somn)

La hora de la siesta

El rumano Paul Muresan explora el lenguaje onírico de forma peculiar, pues en su cortometraje “Siesta” (Pui de Somn) los sueños aparecen cuando los párpados se abren. Como si se tratara de los sueños vistos a través de un View-Master, éstos aparecen en planos que se antojan imposibles: murciélagos saliendo de la nariz de un rostro que asemeja una montaña, el sol que se desliza como canica al alcanzar durante el atardecer la cima de una montaña, una ballena nadando sobre la arena del desierto, un dragón-montaña que aloja toda una villa. En otros la luz juega con las formas: un perro que asemeja el paso de un tren ilumina la sombra de un búho que asemeja a un humano, un candil de la calle se apaga para mover mágicamente una bolsa de basura, una estrella fugaz cuya estela se transforma en la rama donde descansa un ave, el compartimiento de un tren que se alumbra y descubre a algún misterioso venado. Nada de lo que ocurre tiene sentido, pero conforme las sombras se hacen más tenebrosas, con algún dinosaurio comiéndose la luna, el ritmo se acelera y las imágenes o los sueños son cada vez más cortos, las pesadillas son más veloces que las ensoñaciones. Luego todo se empieza a iluminar de nuevo y cuando todo termina, volvemos a un plano subjetivo ubicado en la realidad. Ahí hay algo interesante, al ponernos detrás de los párpados del protagonista, Muresan ha narrado todo en plano subjetivo, sin importar si el protagonista está despierto o si está dormido. A decir verdad, los juegos del subconsciente son fáciles de olvidar, es más un ejercicio de estilo que otra cosa, la animación aquí funciona para explorar pequeños mundos surreales que son destruidos por la vigilia.

sábado, 16 de abril de 2016

Un retrato (A portrait)



Mi abuelo


El griego Aristotelis Maragkos contruye una animación con una técnica bastante peculiar: todos sus dibujos utilizan un solo trazo, dicho trazo se va alterando o rediseñando conforme la narración va tomando lugar y es tan sencilla como un lápiz grueso dibujando sobre el papel. Como bien indica su título, “Un retrato” (A Portrait) contruye su animación representando al abuelo del director a través de esta línea cambiante y ofreciendo una descripción narrada por el propio director que abarca la vida del abuelo. En tan solo dos minutos, la historia de este abuelo que esconde secretos, sirve al director como una catarsis que expresa tanto su preocupación por el parecido que él tiene con su abuelo como su peculiar visión de la vida de este hombre al que aún no comprende por completo. En esta confusión Maragkos busca deshacerse de ese miedo que él posee al ser tan parecido al abuelo. Es un cortometraje sumamente sencillo en la forma, rico en contenido tomando en cuenta su duración y quizás por lo mismo, no tan memorable, pues el propio director al intentar deshacerse de dichos recuerdos, transmite a su audiencia esa sensación de no querer ser parte de esta historia. En todo caso, “Un retrato” (A portrait) conecta con su público en el sentimiento de desear construir la historia propia luchando contra la genética, recordando con recelo la historia de aquel familiar del cual se heredaron rasgos y comportamientos, como si la batalla herencia vs aprendizaje se ganara al recordar los errores de nuestros abuelos.



sábado, 2 de abril de 2016

La nostalgia del Sr. Alambre



EL MÁS GRANDE ESPECTÁCULO SOBRE LA TIERRA

La nostalgia del señor alambre”

Perteneciente a un grupo de cineastas mexicanos que han probado suerte en el mundo del stop-motion con gran calidad, entre los cuales destacan las damas Rita Basulto, Karla Castañeda y Sofía Carrillo (de las cuales también será conveniente escribir ante el talento de estas mujeres), el cineasta Jonathan Ostos Yaber brinda el aporte masculino combinando marionetas con animación generada por computadora (CGI) para intentar equilibrar un poco la balanza con “La nostalgia del señor alambre”, una obra que juega con el poder creativo y destructor del cine.

En “La nostalgia del Señor Alambre” un narrador nos cuenta la historia de un niño, parecido a un muñeco de alambre, que podía manipular este material a su antojo, para júbilo de los niños del pueblo. Descubriendo su vocación como un juego que le serviría para conquistar a la chica de sus sueños, este niño que se convertirá en el señor alambre, quien crea espectáculos que se parecen mucho al cine pese a que lo que haga sea una especie de teatro de sombras chinas mecanizadas. El protagonista dispone de alambres para construir el equivalente a una pianola cinematográfica, a partir de la cual construye marionetas que proyectan su sombra sobre una manta blanca que funge como pantalla para contar historias aptas del cine mudo: una persecución en auto, una bestia marina atacando, un perro ladrando, un acto circense, un kingkongnesco monstruo que ataca la ciudad. La linterna mágica mecanizada es manipulada no por un director, sino por un hábil titiritero que no teme tomar sacrificios, ¿pero se puede tener todo o se debe elegir siempre entre la vocación o el amor?. A partir de este conflicto muy primitivo, el de escoger entre la realización profesional o la realización personal, Ostos Yaber contruye un cortometraje que entiende al cine como un espectáculo circense que conlleva riesgo. Sin importar que el presupuesto sea holgado o raquítico, el realizador siempre estará jugándose el pellejo con tal de entretener a su audiencia.

"La nostalgia del señor alambre" da la impresión de ser un homenaje a aquellos pioneros de la animación y del cine, como si estuvieramos ante un Charles-Émile Reynaud mexicano con todo y desenlace cruel incluído. Habrá quien diga que no es crueldad, sino que es nostalgia y la nostalgia siempre brinda un dejo de tristeza.

Este post estaba originalmente pensado para el blog de cine mexicano "Mexican churros y otros antojitos", asi que...

...Antojito Mexicano: un algodón de azúcar, porque es colorido y esponjoso. Y aunque sabemos que nos puede provocar una caries, jamás dejará de ser dulce.

viernes, 1 de abril de 2016

Ghost Cell



Exploding Cell


Like an exercise in animated technique, taking the City of Paris as if it was an animal cell, French filmmaker Antoine Delacharlery builds a kind of virtual anthill where it is possible to see from the Parisian streets trance transit to the Stalingrad subway's station with the passersby coming to life. This animated short film in black and white begins faking a microscope’s zoom, focusing its “cell” with a musical note fading in until it reaches a trance rhythm courtesy of composer Bastien Prevosto. Seems like in this electronic microscope, the filmmaker is adjusting the microscope's diaphragm little by little, in order to be able to see in detail whatever is taking place in this small microorganism.

If at the beginning everything is a little fuzzy, as urban passages define themselves, “Ghost Cell” starts reaching its own rhythm, just like Bastien Prevosto’s music. It is a film that honors its title since images always look like a virtual world that doesn’t seem to be fully constructed, like the halo of a ghost. It’s like watching the edges of an animation that has not been finished, where one can see the outlines, fill them with some unpolished details and leaving those as incomplete structures. It also reflects the visual qualities of an actual cell, with its enzymes and proteins replaced by cars and pedestrians, injecting life to this architectural structure. At some times like an unfinished Wachowski Sisters' “Matrix”, at others like the lines designed for that old video game system in 3D known as Virtual Boy, but with a better definition, the structure evolves until it plays in a style reminiscent of Christopher Nolan's “Inception”, with its buildings unfolding one in top of each other.

There is a smell of video clip in all the matter, specially taking in consideration that the work avoids a narrative and the music is as important as the animation itself. At the end of the day, “Ghost Cell” ends being that enjoyable exercise in style where its mutations know exactly how to evolve, giving the impression that by unfolding like they do, they will know how to enhance their DNA without seeming someone else’s clone.

Célula Fantasma (Ghost Cell)



Célula que explota


Con un ejercicio de técnica animada que toma a la Ciudad de París como si fuera una célula animal, el cineasta francés Antoine Delacharlery construye una especie de hormiguero virtual donde pueden verse desde las calles parisinas hasta la estación del metro de Stalingrado con los transeúntes cobrando vida. Este cortometraje animado en blanco y negro comienza enfocando su “célula” simulando el acercamiento de un microscopio con una nota musical que va también aumentando el volumen hasta llegar a este ritmo trance en que lo coloca la música. Pareciera que en este microscopio electrónico con un tránsito en trance el cineasta se pusiera a ajustar el diafragma poco a poco para poder observar con detalle lo que ocurre dentro de este pequeño microorganismo.

Si en un inicio todo es un tanto nebuloso, conforme se van definiendo los parajes citadinos, “Célula Fantasma” (Ghost Cell) empieza a cobrar ritmo al igual que su música compuesta por Bastien Prevosto. Es una cinta que hace honor a su título pues las imágenes siempre lucen un mundo virtual que no termina de construirse del todo, como el halo de un fantasma. Es parecido a ver los bordes de una animación sin terminar donde se observa el contorno, para después ir rellenándola de a poco, pero dejando a las estructuras sin completarse del todo. También se reflejan visualmente las cualidades de una célula con sus enzimas y proteínas que hacen las veces de autos y peatones inyectándole vida a esta estructura arquitectónica. Por momentos como una “Matrix” a medio terminar, por otros como aquellas líneas de ese viejo sistema 3D para videojuegos llamado Virtual Boy con una mejor definición, la estructura va evolucionando poco a poco hasta reproducirse en un estilo “El origen” (Inception) con sus edificios desdoblándose hasta colocarse uno encima del otro.

Hay un aire de videoclip en todo el asunto tomando en cuenta que no hay una intención narrativa y que la música es un elemento tan importante como la animación, pero a final de cuentas “Célula Fantasma” termina siendo ese agradable ejercicio de estilo cuyas mutaciones saben evolucionar, resultando un nuevo ente que mejora sus condiciones genéticas sin terminar pareciendo un mero clon de algo más.