martes, 26 de abril de 2016

Ernie Biscuit (Ernée Bisquit)


Algunos días eres el parabrisas, algunos días el insecto.

El australiano Adam Elliot, ganador del Óscar por el cortometraje “Harvie Krumpet” y mayormente conocido por su largometraje “Mary & Max”, comienza “Ernie Biscuit” con una serie de eventos desafortunados que tocan a la puerta del protagonista. Reapropiándose del estilo narrativo de Jean Pierre Jeunet y narrado de forma soberbia por el actor John Flaus, “Ernie Biscuit” es una historia llena de ingenuidad cómica que también goza de tintes violentos, algo también muy típico del cine de Jeunet.

Estamos en el París de 1966, donde los vagabundos leen “Los Miserables” mientras que los sacerdotes de la catedral de Notre Dame leen pornografía. El prólogo, muy al estilo que Jean Pierre Jeunet usara en una escena de lágrima incluida en “La ciudad de los niños perdidos” (La cité des enfants perdus), inicia con el estornudo de un ave que descansa en lo alto de la catedral, el cual desemboca una cadena de eventos en cascada llenos de ingeniosa comicidad, donde los gatos, gárgolas, vagos, sacerdotes y caricaturistas provocan que algo asome a la puerta del protagonista, el taxidermista nombrado Ernie Biscuit (australianizado del nombre francés Ernée Bisquit). Después del magnífico prólogo, la historia dará algunos brincos en el tiempo, de 1938 a 1940 y a 1950. El estilo de estos flashbacks bien podrían ser importados de otras cintas de Jeunet: “Amélie” (Le fabuleux destin d'Amélie Poulain), “El joven y prodigioso T.S. Spivet” (The Young and Prodigious T.S. Spivet) o bien “Micmacs” (Micmacs à tire-larigot), usted elija.

Si en el cine de Jean Pierre Jeunet lo extrañamente perturbador es vencido por la terca ingenuidad, Adam Elliot lleva este homenaje no sólo hacia su propio cine, también hacia su propia patria: El protagonista viajará, contra su voluntad, de París a Australia. Ahí habitará un carnicero que será de nueva cuenta una referencia hacia la primera cinta de Jeunet, “Delicatessen”, acontecerá un romance entre dos personajes tímidos pero no por ello menos intensos y otra serie de graciosos acontecimientos, todos ellos animados en perfecto stop-motion en blanco y negro. Con todo y el homenaje a Jeunet, el sello de la casa no deja de ser predominante, la estructura de “Ernie Biscuit” tiene demasiados puntos en común con “Harvie Krumpet”: la cinta iniciará con una frase que pondera al fuerte frente al débil, hay un protagonista que viaja de Europa a Australia, en algún momento cambiará su nombre para hacerlo más australiano, tendrá una minicrisis vocacional, sufre o goza de una discapacidad, usará sus limitados conocimientos a su favor, habrá un bizarro romance y la frase inicial será como un mantra que definirá la actitud del protagonista ante la vida.

Lo notable en el guión es como la vida de Ernie está construida de la misma forma que el prólogo, es una cadena de eventos desafortunados que responden a causas y efectos, pero si la evolución en el cine de Adam Elliot ya apuntaba primordialmente a guiones cada vez más elaborados, ahora también apunta hacia una animación construida con mayor minuciosidad, pues en “Ernie Biscuit” el estilo visual toma caminos transitados por la casa Aardman. La narración sería un valor agregado al ingenio visual, de no ser porque el guión es igual de prodigioso. Ernie Biscuit es un tipo que se encuentra en una encrucijada, conoceremos lo que le aconteció en su pasado, para luego contemplar su futuro a través de sus decisiones en el presente. “Ernie Biscuit” habla sobre un hombre que por azares del destino termina decidiendo que es tiempo de tomar las riendas del suyo. Y por lo que hemos aprendido del cine de Adam Elliot, el destino lo forja uno mismo, aunque sepamos que nos gobierne el poder del azar.

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