lunes, 25 de abril de 2016

Disonancia (Dissonance)

  
La animación subordinada a la realidad


Mundos paralelos surreales, notas de piano en cascada encaminadas hacia la locura y músicos dotados sumidos en la ignominia. En “Disonancia” (Dissonance), el alemán Till Nowak combina la animación con la acción viva para crear un universo nolaniano onda “El Origen” (Inception), el cual irá colapsando conforme el protagonista se dé cuenta de que su realidad no se encuentra en dicho mundo de solitaria confinación animada.

Un músico con ayuda de su achichincle se la pasa tocando un piano rotatorio cuyas teclas giran 360° en una solitaria ciudad que parece elevarse sobre los aires. Paralelamente veremos a dicho músico en el mundo real, tocando como un organillero en la calle justo debajo del departamento donde vive su hija, a la cual se le ha impedido ver. Lo que ocurre afuera, en la realidad, influye en el mundo de animación en donde el protagonista se ha exiliado, sin quedar claro si fue por voluntad propia o producto de su falta de cordura. La demencial animación es magnífica, Nowak construye un mundo arquitectónico que choca con la realidad, pero que bebe de ella. En muchos momentos, el rostro del protagonista en el mundo real es alterado para retratar su forma animada. Quizás lo más hermoso de “Disonancia” no sea su extraordinaria animación o la increíble banda sonora con ese piano desbocado, sino su capacidad de fusionar ambos mundos de una manera enigmáticamente bella. Y quizás el mayor reclamo es que después de atrapar nuestra atención de manera tan poderosa, su conclusión no resulte tan satisfactoria como lo que plantea: colapsar la locura por medio de la razón, aunque la razón pueda obligarnos a renunciar a aquello que más amamos.

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