La hora de la siesta
El rumano Paul Muresan explora el
lenguaje onírico de forma peculiar, pues en su cortometraje “Siesta”
(Pui de Somn) los sueños aparecen cuando los párpados se abren.
Como si se tratara de los sueños vistos a través de un View-Master,
éstos aparecen en planos que se antojan imposibles: murciélagos
saliendo de la nariz de un rostro que asemeja una montaña, el sol
que se desliza como canica al alcanzar durante el atardecer la cima
de una montaña, una ballena nadando sobre la arena del desierto, un
dragón-montaña que aloja toda una villa. En otros la luz juega con
las formas: un perro que asemeja el paso de un tren ilumina la sombra
de un búho que asemeja a un humano, un candil de la calle se apaga
para mover mágicamente una bolsa de basura, una estrella fugaz cuya
estela se transforma en la rama donde descansa un ave, el
compartimiento de un tren que se alumbra y descubre a algún
misterioso venado. Nada de lo que ocurre tiene sentido, pero conforme
las sombras se hacen más tenebrosas, con algún dinosaurio comiéndose
la luna, el ritmo se acelera y las imágenes o los sueños son cada
vez más cortos, las pesadillas son más veloces que las ensoñaciones. Luego todo se empieza a iluminar de nuevo y cuando
todo termina, volvemos a un plano subjetivo ubicado en la realidad. Ahí hay algo
interesante, al ponernos detrás de los párpados del protagonista,
Muresan ha narrado todo en plano subjetivo, sin importar si el
protagonista está despierto o si está dormido. A decir verdad, los juegos del subconsciente
son fáciles de olvidar, es más un ejercicio de estilo que otra
cosa, la animación aquí funciona para explorar pequeños mundos
surreales que son destruidos por la vigilia.

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