jueves, 31 de marzo de 2016

Olas '98 (Waves '98)




Buenas noches, Beirut


“Olas '98” (Waves '98) es una enigmática animación acerca de la experiencia de salir a conocer el mundo, anclada en el Beirut de 1998. El cineasta libanés Ely Dagher crea un personaje tratando de reflejar ese primer encuentro con el mundo exterior. El protagonista, Omar, es un chico que pasa las tardes aburrido ya sea mirando las noticias en el televisor (con imágenes de archivo reales en vez de animadas) y cuyos padres gustan pasar las tardes en el sillón mirando algún programa de entretenimiento (nuevamente con imágenes de video real). En algún momento, mientras contempla la ciudad desde alguna azotea, ve un extraño brillo, lo cual lo motiva a explorar de donde es que viene éste.

En “Olas '98” existen elementos tanto de fantasía como contrastantes: el personaje en un principio mira a la ciudad desde el centro hacia afuera, más tarde lo hará desde afuera hacia adentro; el diseño sonoro al inicio utiliza sonidos tanto de un rítmico tren como del tráfico de la ciudad, para después utilizar el ruido uniforme de una motocicleta resuelta al escape; las calles llegan a ser una mezcla de realidad con animación con una edición no tan sutil; hay una estatua moviéndose como una especie de monstruo que funciona como metáfora del mundo exterior, al tiempo que encapsula a la juventud dentro de la misma ciudad. Hay también un deseo de salir a descubrir el mundo y luego un aire de que, aunque no se quiera escapar de un lugar mejor para regresar a lo monótono, tampoco se puede dejar de pertenecer al lugar que lo vió a uno crecer. De algún modo, es imposible dejar de pertenecer, por eso el universo de fantasía creado por Dagher no sale realmente nunca de la Ciudad, al menos no de manera física. Es una mezcla de rebeldía juvenil vista con los ojos nostálgicos de un adulto. Quizás por eso, por el entorno y por tener un tema fácil con el cual conectarse, el cortometraje haya sido ganador de la Palma de Oro en el pasado festival de Cannes.

miércoles, 30 de marzo de 2016

El regalo (The present)



El hoy es un regalo, por eso se llama presente

Una madre llega a casa frente a su hijo, quien no deja de jugar videojuegos frente al sillón, y le deja una caja mencionándole que es un regalo para él. Tomando su historia de una de las tiras cómicas de Fabio Coala, el alemán Jacob Frey relata una emotiva pieza cinematográfica animada con computadora. “El regalo” (The present) es un cortometraje bastante básico en las reglas que emplea, pero las usa de una forma elegante. Es un cortometraje que cuestiona la adicción a los videojuegos pero que juega mejor con otra temática que ante la simpleza de esta historia de 4 minutos es mejor no mencionar. Lo interesante aquí es ver la reacción del niño protagonista y los cambios que surgen en él tras ver el contenido de la caja. Al mismo tiempo, como la historia va cambiando la perspectiva en el espectador y como se utilizan esos recursos para darle el punch final a la historia.Aquí la actitud define a la historia, pero también define la manera como se juega con el público.

Con un exceso de iluminación, una música optimista que se va convirtiendo en inspiracional y un sentido del humor oscuramente juguetón, “El regalo” es un lindo ejemplo de cómo mirar al otro y cómo encontrar un obsequio no en lo material, sino en lo que uno puede llegar a aprender de esas pequeñas lecciones que nos pueden dar quienes no se rinden.

martes, 29 de marzo de 2016

Mamás Ardiendo (Moms On Fire)



Ellás están encendidas

En “Mamás ardiendo” (Moms on fire), la sueca Joanna Rytel busca provocar a la audiencia utilizando a un par de mujeres irresponsables viviendo los últimos 4 días de su embarazo, con jocosos resultados. La cineasta sueca graduada en el Colegio Universitario de Artes, Artesanía y Diseño de Estocolmo se apoya en la ingeniosamente grotesca animación de Tim Maarse y la sensualmente electrónica música de Sara Lundén para reflejar el día a día de este par de mujeres como si estuvieran en las últimas horas de algún sucio antro poco antes de ser evacuadas del mismo. Sus precoces hijos se encargan de narrarnos para darnos un poco de contexto y soltar alguna que otra majadería igualmente provocadora. Aquí hay animación en stop motion con marionetas de plastilina y funcionales maquetas que hacen las veces de apartamento para los personajes.

Partiendo de que el cine con temática lésbico-gay también tiene derecho a poseer personajes desagradables, Rytel va lanzando sus dardos para ver qué tan capaz es el respetable de aguantar lo irrespetable. Es atractivo ver como el cine con esta temática, actualmente puede poseer desde películas con una firme intención panfletaria, ya sea en contra como en la horripilante “Pink” de Paco del Toro donde se trata de advertir como los gays no deberían tener derecho a la adopción o a favor como en la atractiva “No sin ella” (Freeheld) de Peter Sollett donde se pelea adquirir los mismos derechos que conllevaría un matrimonio heterosexual. Aunque aportan más interés las cintas como “Mi abuela” (Grandma) de Paul Weitz donde se dan por ganados dichos derechos y aunque los personajes puedan ser cuestionados por la audiencia, pues en dicha cinta hay una abuela lesbiana mal hablada ayudando a su nieta a conseguir dinero para un aborto, en “Mi abuela” no aparece algún interés activista, lo cual hace que sus personajes sean mucho más ricos, dejando a la audiencia decidir sin necesidad de inclinar la balanza hacia algún lado. “Mamás ardiendo” hace lo opuesto a un panfleto, pues busca incomodar a la audiencia y es en esa busqueda de incomodidad donde pierde potencia en la reflexión de sus personajes, pero gana en comicidad. No luce mal que haya un par de mamás que mantengan interés en su sexualidad, pero la forma en que Rytel las retrata como dos chicas buenas para nada lo vuelve cuestionable. Dicho de otro modo en “Mamás ardiendo” uno puede terminar cuestionando cosas que no tendrían por qué ser controvertidas.

No obstante Rytel parece tener al público a su favor, la cinta ganó el premio del público en la sección Startsladden del festival de Göteborg y el premio Teddy de cortometraje en el pasado festival de Berlín. No es tanto porque la provocación aquí invite a la reflexión sobre el comportamineto que puede tener o no una mujer embarazada, sino porque termina siendo un muy buen trabajo en la parte cómica. Es como si Beavis & Butthead fueran mujeres embarazadas y en vez de ver videos en la MTV, se pusieran a escuchar música en su reproductor mp3 mientras “cuidan” a sus hijos. En una de esas, haciendo la prueba de la paternidad, resulta que en efecto Beavis & Butthead son los padres biológicos de estas mamás flojonazas de hormonas descarriladas.

lunes, 28 de marzo de 2016

El arca


Viaje Estático Celeste

Como una especie de sueño erótico trastocado por la ciencia ficción o viceversa, los cineastas chilenos Joaquín Cociño y Cristóbal León realizan un homenaje a Atanasio Kircher en “El arca”. Si Mary Shelley con su “Frankenstein” es la madre de la ciencia ficción, Kircher y su “Viaje Estático Celeste” (Iter extaticum coeleste) sería algo así como su abuelo deschabetado. Kircher era un estudioso jesuita destacado en aquellos tiempos barrocos donde la escolástica que predicaba era la que predominaba, hasta que llegara su contemporáneo Descartes a poner orden en esos tiempos “científicos” que estarían ligados a cualquier pseudociencia actual. Más tarde, cuando llegaran Newton, Leibniz y compañía, las descabelladas ideas de Kircher serían prácticamente descartadas por completo.

Hacia finales de 2011, como parte de una exposición de algunos libros originales escritos por Kircher , la Biblioteca Nacional de Chile exhibió algunas obras audiovisuales de Cristóbal León, Joaquín Cociña y Demian Schopf. Entre ellas se encontraba “El arca”, un cortometraje también exhibido en el Festival de Rotterdam en 2012 que busca crear una especie de puente entre los escritos de Kircher y la audiencia actual. El cortometraje también formó parte de una exposición llamada "El tercer mundo" en la Upstream Gallery en  Amsterdam, junto a "Padre.Madre" y "El templo", formando así una trilogía. En “El Arca”, un astronauta interpreta una suerte de mezcla entre el Noé biblico y algún científico loco salido de una vieja película de horror, una típica mezcla kircheriana de ciencia y religión. El astronauta, cual Coleccionista de la Marvel, viaja a través de la galaxia recolectando especies de animales.

León y Cociña utilizan una técnica burda y arcaica, sus personajes son muñecos de papel maché que funcionan como marionetas que apenas denotan movimiento. Con una sensación de chafez indigna hasta para el Santo contra los marcianos, se observan los hilos que “mueven” dichas marionetas. Y es que los hilos mueven a los personajes de maneras tan torpes que hasta un aleatorio viento podría hacerlo mejor. Además de las marionetas, el astronauta es un actor, también envuelto en papel maché. Esta marioneta humana también hace las veces de titiritero para desplazar a los personajes por la pantalla, ya sea en una “espectacular batalla” o en funciones de niñera de ovíparos humanoides. La distorsionada ciencia ficción de “El arca” abreva de los clásicos, convirtiendo al héroe en una especie de profeta transformado en científico loco que busca transmitir su energía seminal a través del universo, otra deuda bastante kircheriana. Pese a todo lo burdo que pueda ser, “El arca” termina siendo también el trabajo más interesante que han hecho Cociña y León hasta el momento, pues por primera vez sacrifican la técnica haciendo que esta este en todo momento al servicio de la historia. El actor termina siendo a su vez, una marioneta de los directores, como lo sería todo buen actor en cualquier película de ficción.

Es cierto que en un sentido estricto, “El arca” no es una animación, ¿pero dónde más colocar al cine de marionetas? Esto pertenece a ese viejo cine mudo con arcaicos efectos especiales, como si Georges Méliès tuviera algún primo lejano haciendo películas de serie B y como tal, “El arca” entrega un sentido homenaje a uno de los científicos menos talentosos, pero más entusiastas de la época barroca, mezcla de ciencia ficción, horror y locura religiosa, sin necesidad de ángeles perturbando los sueños.



domingo, 27 de marzo de 2016

Veleta (Weathervane)


Buscar y destruir

"Veleta" (Weathervane) pareciera retratar un lugar donde los cuatro puntos cardinales se definen en función de los cuatro antiguos elementos naturales: el viento arrasa, el agua inunda, el fuego consume y la tierra abraza a los muertos desde su tumba. El cortometraje en solitario del chileno Joaquín Cociña, esta vez sin su habitual colaborador Cristóbal León, utiliza una técnica similar a lo visto en “Lucía” y “Luis” en las paredes: un dibujo con carbón que se va alterando a manera de stop motion, donde los dibujos originales no pueden sobrevivir al proceso de animación. En realidad, en “Veleta”, vemos 7 distintos cortometrajes utilizando dicha técnica. En el primero, una chica que hace las veces de veleta es consumida por el viento, no sin antes ser despojada de su vestimenta. En el segundo, la destrucción proviene del agua, con una perturbadora tina cuyas sombras no coinciden con sus formas humanas. En el tercero, es la acción combinada de ambos, el viento y el agua se unen para la destrucción, con un fondo de retratos que cobran vida en un perturbador estilo Harry Potter. El cuarto cuenta algo parecido a una historia, una niña observa como otra intenta hacer una maldad con la aparición de un elemento nuevo: el fuego. El quinto retoma esta idea de una niña haciendo maldades, pero esta vez como si se tratara de alguien poseído por algún demonio intentando asustar a alguna pobre abuela cuentacuentos. El sexto también retoma la idea de la posesión añadiéndole algún elemento vudú, pues la mano de una niña que termina poseída tiene la forma de un caballo, caballo que vemos a través de una ventana. El séptimo episodio retoma la idea de la maldad proveniente de la ventana, pero cambia la perspectiva pues estamos fuera de ella en algún extraño rito funeral donde la maldad lleva al difunto hasta su tumba debajo de la tierra. 

Originalmente planeados para que la banda neoyorquina The Freelance Whales pudiera utilizar estas animaciones para las canciones de su álbum "Weathervane", pareciera que finalmente no fueron utilizadas debido al carácter oscuro de las mismas, ya que contrasta con el optimista sonido de dicho álbum. En todo caso, Joaquín Cociña es coherente con el título más que con las canciones, pues las historias se hilan conforme termina la otra, van hacia donde las lleva el viento, aunque no cuenten algo complejo, es la belleza de observar las imágenes que se van consumiendo en donde radica lo interesante de esta obra. Si en “Lucía”, la tierra de una maceta creaba al personaje que aparecía en las paredes, aquí es la acción conjunta de el viento, el agua y el fuego, la que se encarga de llevar a los personajes animados hacia su destrucción debajo de la tierra. Joaquín Cociña sigue estando interesado en la creación a través de la destrucción, un cine donde el viento sopla hacia esa maldad que se anuncia por medio de los cuatro elementos naturales. En “Veleta” (Weathervane) el mal acecha como el viento inundando la pantalla con la nada. No es la naturaleza del mal, la naturaleza es el mal mismo.

sábado, 26 de marzo de 2016

Luis


 Te estaré vigilando


 “Luis” es un chico rencoroso que denota una inmensa tristeza, así que tiene sentido que su historia sea contada por él mismo con una ira que desemboca en una cacofonía de insultos ininteligibles. Esta secuela del cortometraje “Lucía” dirigida nuevamente por los cineastas chilenos Niles Atallah, Joaquín Cociña y Cristóbal León, y presentada como parte de la video instalación “Lucía, Luis y el lobo” junto a su antecesora, funciona como complemento perfecto para darle sentido al relato de “Lucía”. En este caso los cineastas utilizan la misma técnica, la combinación de un plano secuencia animado en stop motion dentro de un cuarto donde a su vez aparece dentro de las paredes del mismo otra animación que luce como si fuera dibujada de una forma más tradicional. 

Aquí solucionan varios de los problemas con los que contaba “Lucía” y le suben el grado de dificultad pues la construcción-destrucción de la habitación tiene muebles que hacen más complicado el proceso. “Luis” es decididamente un cortometraje mucho más articulado que "Lucía" en el sentido que lo que se narra es más claro y a su vez ofrece respuestas a su antecesora. La construcción es completamente en reversa a “Lucía”, pues aquí la habitación en vez de desordenarse hasta la destrucción como ocurría en aquella otra cinta, parte de una especie de cabaña con objetos completamente destruidos, los cuales van regresando a su forma original. Al mismo tiempo, el proceso de animación provoca que en vez de que la imagen se sature, se vaya ordenando de tal forma que es muy claro distinguir entre la animación de la destrucción de la habitación y la animación donde vemos al mismo tiempo al tímido Luis aparecer por las paredes, incluso llegando a interactuar con los objetos que se van ordenando, cual lobo feroz que soplará y soplará para derrumbarlo todo, sin conseguir éxito. 

Luis también es un personaje que parece ordenar sus ideas de manera más lenta y sencilla que su enamorada, cuya voz es proporcionada por Paula Florencia Navarrete, la misma actriz que le daba voz a Lucía, esta vez fingiendo ser un niño caprichoso en vez de una niña miedosa. Es natural en ese aspecto, que también sea más fácil comprender lo que dice, incluso si al final hay una retahíla de insultos incomprensibles para el oído, pero inteligibles al pensamiento, pues comprendemos los sentimientos de Luis. 

Vistas en conjunto, “Luis” y “Lucía” funcionan mucho mejor de lo que lo hacen por separado. Como en toda buena historia de amor que no termina felizmente, el corazón puede ser destruido. Algunos después vivirán con miedo, otros lo harán con rencor. Y sin importar qué tan desordenados u ordenados se puedan ser, algunos se ocultarán en alguna otra piel, acechando en la oscuridad al ser amado cuya mente no sabe de explicaciones.

viernes, 25 de marzo de 2016

Lucía

 ¿Le temes a la oscuridad?


“Lucía” es una chica que pareciera aterrada de la vida, de la oscuridad o de algo más, así que tiene sentido que su historia sea contada por ella misma como una especie de poético balbuceo. Tomando su base en la técnica, lo interesante del cortometraje dirigido a seis manos por los chilenos Niles Atallah, Joaquín Cociña y Cristóbal León, es cómo mezcla la destrucción de un cuarto en aparente plano secuencia a través de una animación en stop motion y a su vez construye otra animación dentro de las paredes de dicho cuarto para relatar un cuento de miedo infantil. Donde falla es en fragmentar la atención del espectador, pues todo se corrompe tan deprisa que uno requiere procesar de manera simultánea la confusa forma de contar el miedo de su protagonista y el desastre en lo que se va convirtiendo los objetos que forman parte del cuarto, además de fragmentar también a nivel visual con la aparición de la protagonista en las paredes , como si se tratara de una animación tradicional pintada en ellas con una especie de tierra que asemeja al carbón de un lápiz. Es sin duda una técnica animada que luce compleja y en aras de dicha complejidad, sacrifica la claridad en su narración. ¿A qué teme Lucía? No es claro si es a la extinción del amor, al lobo o a la oscuridad del bosque, aunque pareciera ser que los tres son la misma cosa. Lo que si sabemos es que al parecer nadie le cree, ya sea por no ser lo bastante clara en sus insinuasiones o por ese deseo cobarde de que haya alguien más que sufra por ella. Una animación que se construye a partir de la destrucción de sus objetos.