Buscar y destruir
"Veleta" (Weathervane) pareciera retratar un lugar donde los cuatro puntos cardinales se definen en función de los cuatro antiguos elementos naturales: el viento arrasa, el agua inunda, el fuego consume y la tierra abraza a los muertos desde su tumba. El cortometraje en solitario del chileno
Joaquín Cociña, esta vez sin su habitual colaborador Cristóbal
León, utiliza una técnica similar a lo visto en “Lucía” y
“Luis” en las paredes: un dibujo con carbón que se va alterando
a manera de stop motion, donde los dibujos originales no pueden
sobrevivir al proceso de animación. En realidad, en “Veleta”,
vemos 7 distintos cortometrajes utilizando dicha técnica. En el
primero, una chica que hace las veces de veleta es consumida por el
viento, no sin antes ser despojada de su vestimenta. En el segundo, la
destrucción proviene del agua, con una perturbadora tina cuyas
sombras no coinciden con sus formas humanas. En el tercero, es la
acción combinada de ambos, el viento y el agua se unen para la
destrucción, con un fondo de retratos que cobran vida en un
perturbador estilo Harry Potter. El cuarto cuenta algo parecido a una
historia, una niña observa como otra intenta hacer una maldad con la
aparición de un elemento nuevo: el fuego. El quinto retoma esta idea
de una niña haciendo maldades, pero esta vez como si se tratara de
alguien poseído por algún demonio intentando asustar a alguna pobre
abuela cuentacuentos. El sexto también retoma la idea de la posesión
añadiéndole algún elemento vudú, pues la mano de una niña que
termina poseída tiene la forma de un caballo, caballo que vemos a
través de una ventana. El séptimo episodio retoma la idea de la
maldad proveniente de la ventana, pero cambia la perspectiva pues
estamos fuera de ella en algún extraño rito funeral donde la maldad
lleva al difunto hasta su tumba debajo de la tierra.
Originalmente planeados para que la banda neoyorquina The Freelance
Whales pudiera utilizar estas animaciones para las canciones de su álbum
"Weathervane", pareciera que finalmente no fueron utilizadas debido al carácter oscuro de las mismas, ya que contrasta con el optimista sonido de dicho álbum. En todo caso,
Joaquín Cociña es coherente con el título más que con las canciones, pues las historias se
hilan conforme termina la otra, van hacia donde las lleva el viento,
aunque no cuenten algo complejo, es la belleza de observar las
imágenes que se van consumiendo en donde radica lo interesante de
esta obra. Si en “Lucía”, la tierra de una maceta creaba al
personaje que aparecía en las paredes, aquí es la acción conjunta
de el viento, el agua y el fuego, la que se encarga de llevar a los
personajes animados hacia su destrucción debajo de la tierra.
Joaquín Cociña sigue estando interesado en la creación a través de la destrucción, un cine
donde el viento sopla hacia esa maldad que se anuncia por
medio de los cuatro elementos naturales. En
“Veleta” (Weathervane) el mal acecha como el viento inundando la
pantalla con la nada. No es la naturaleza del mal,
la naturaleza es el mal mismo.
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