Viaje
Estático Celeste
Como
una especie de sueño erótico trastocado por la ciencia ficción o
viceversa, los cineastas chilenos Joaquín Cociño y Cristóbal León
realizan un homenaje a Atanasio Kircher en “El arca”. Si Mary
Shelley con su “Frankenstein” es la madre de la ciencia ficción,
Kircher y su “Viaje Estático Celeste” (Iter
extaticum coeleste) sería
algo así como su abuelo deschabetado. Kircher era un estudioso
jesuita destacado en aquellos tiempos barrocos donde la escolástica
que predicaba era la que predominaba, hasta que llegara su
contemporáneo Descartes a poner orden en esos tiempos “científicos”
que estarían ligados a cualquier pseudociencia actual. Más tarde,
cuando llegaran Newton, Leibniz y compañía, las descabelladas ideas
de Kircher serían prácticamente descartadas por completo.
Hacia finales de 2011, como
parte de una exposición de algunos libros originales escritos por
Kircher , la Biblioteca Nacional de Chile
exhibió algunas obras audiovisuales de Cristóbal León, Joaquín
Cociña y Demian Schopf. Entre ellas se encontraba “El arca”, un
cortometraje también exhibido en el Festival de Rotterdam en 2012
que busca crear una especie de puente entre los escritos de Kircher y
la audiencia actual. El cortometraje también formó parte de una exposición llamada "El tercer mundo" en la Upstream Gallery en Amsterdam, junto a "Padre.Madre" y "El templo", formando así una trilogía. En “El Arca”, un astronauta interpreta una
suerte de mezcla entre el Noé biblico y algún científico loco
salido de una vieja película de horror, una típica mezcla kircheriana de
ciencia y religión. El astronauta, cual Coleccionista de
la Marvel, viaja a través de la galaxia recolectando especies de
animales.
León
y Cociña utilizan una técnica burda y arcaica, sus personajes son
muñecos de papel maché que funcionan como marionetas que apenas
denotan movimiento. Con una sensación de chafez indigna hasta para
el Santo contra los marcianos, se observan los hilos que “mueven”
dichas marionetas. Y es que los hilos mueven a los personajes de
maneras tan torpes que hasta un aleatorio viento podría hacerlo
mejor. Además de las marionetas, el astronauta es un actor, también
envuelto en papel maché. Esta marioneta humana también hace las
veces de titiritero para desplazar a los personajes por la pantalla,
ya sea en una “espectacular batalla” o en funciones de niñera de
ovíparos humanoides. La distorsionada ciencia ficción de “El
arca” abreva de los clásicos, convirtiendo al héroe en una
especie de profeta transformado en científico loco que busca
transmitir su energía seminal a través del universo, otra deuda
bastante kircheriana. Pese a todo lo burdo que pueda ser, “El arca”
termina siendo también el trabajo más interesante que han hecho
Cociña y León hasta el momento, pues por primera vez sacrifican la
técnica haciendo que esta este en todo momento al servicio de la
historia. El actor termina siendo a su vez, una marioneta de los directores, como lo sería todo buen actor en cualquier película de ficción.
Es
cierto que en un sentido estricto, “El arca” no es una animación,
¿pero dónde más colocar al cine de marionetas? Esto pertenece a
ese viejo cine mudo con arcaicos efectos especiales, como si Georges
Méliès tuviera algún primo lejano haciendo películas de serie B y
como tal, “El arca” entrega un sentido homenaje a uno de los
científicos menos talentosos, pero más entusiastas de la época
barroca, mezcla de ciencia ficción, horror y locura religiosa, sin
necesidad de ángeles perturbando los sueños.

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