lunes, 28 de marzo de 2016

El arca


Viaje Estático Celeste

Como una especie de sueño erótico trastocado por la ciencia ficción o viceversa, los cineastas chilenos Joaquín Cociño y Cristóbal León realizan un homenaje a Atanasio Kircher en “El arca”. Si Mary Shelley con su “Frankenstein” es la madre de la ciencia ficción, Kircher y su “Viaje Estático Celeste” (Iter extaticum coeleste) sería algo así como su abuelo deschabetado. Kircher era un estudioso jesuita destacado en aquellos tiempos barrocos donde la escolástica que predicaba era la que predominaba, hasta que llegara su contemporáneo Descartes a poner orden en esos tiempos “científicos” que estarían ligados a cualquier pseudociencia actual. Más tarde, cuando llegaran Newton, Leibniz y compañía, las descabelladas ideas de Kircher serían prácticamente descartadas por completo.

Hacia finales de 2011, como parte de una exposición de algunos libros originales escritos por Kircher , la Biblioteca Nacional de Chile exhibió algunas obras audiovisuales de Cristóbal León, Joaquín Cociña y Demian Schopf. Entre ellas se encontraba “El arca”, un cortometraje también exhibido en el Festival de Rotterdam en 2012 que busca crear una especie de puente entre los escritos de Kircher y la audiencia actual. El cortometraje también formó parte de una exposición llamada "El tercer mundo" en la Upstream Gallery en  Amsterdam, junto a "Padre.Madre" y "El templo", formando así una trilogía. En “El Arca”, un astronauta interpreta una suerte de mezcla entre el Noé biblico y algún científico loco salido de una vieja película de horror, una típica mezcla kircheriana de ciencia y religión. El astronauta, cual Coleccionista de la Marvel, viaja a través de la galaxia recolectando especies de animales.

León y Cociña utilizan una técnica burda y arcaica, sus personajes son muñecos de papel maché que funcionan como marionetas que apenas denotan movimiento. Con una sensación de chafez indigna hasta para el Santo contra los marcianos, se observan los hilos que “mueven” dichas marionetas. Y es que los hilos mueven a los personajes de maneras tan torpes que hasta un aleatorio viento podría hacerlo mejor. Además de las marionetas, el astronauta es un actor, también envuelto en papel maché. Esta marioneta humana también hace las veces de titiritero para desplazar a los personajes por la pantalla, ya sea en una “espectacular batalla” o en funciones de niñera de ovíparos humanoides. La distorsionada ciencia ficción de “El arca” abreva de los clásicos, convirtiendo al héroe en una especie de profeta transformado en científico loco que busca transmitir su energía seminal a través del universo, otra deuda bastante kircheriana. Pese a todo lo burdo que pueda ser, “El arca” termina siendo también el trabajo más interesante que han hecho Cociña y León hasta el momento, pues por primera vez sacrifican la técnica haciendo que esta este en todo momento al servicio de la historia. El actor termina siendo a su vez, una marioneta de los directores, como lo sería todo buen actor en cualquier película de ficción.

Es cierto que en un sentido estricto, “El arca” no es una animación, ¿pero dónde más colocar al cine de marionetas? Esto pertenece a ese viejo cine mudo con arcaicos efectos especiales, como si Georges Méliès tuviera algún primo lejano haciendo películas de serie B y como tal, “El arca” entrega un sentido homenaje a uno de los científicos menos talentosos, pero más entusiastas de la época barroca, mezcla de ciencia ficción, horror y locura religiosa, sin necesidad de ángeles perturbando los sueños.



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