Te estaré vigilando
“Luis” es un chico
rencoroso que denota una inmensa tristeza, así que tiene sentido que
su historia sea contada por él mismo con una ira que desemboca en
una cacofonía de insultos ininteligibles. Esta secuela del
cortometraje “Lucía” dirigida nuevamente por los cineastas
chilenos Niles Atallah, Joaquín Cociña y Cristóbal León, y
presentada como parte de la video instalación “Lucía, Luis y el
lobo” junto a su antecesora, funciona como complemento perfecto
para darle sentido al relato de “Lucía”. En este caso los
cineastas utilizan la misma técnica, la combinación de un plano
secuencia animado en stop motion dentro de un cuarto donde a su vez
aparece dentro de las paredes del mismo otra animación que luce como
si fuera dibujada de una forma más tradicional.
Aquí solucionan
varios de los problemas con los que contaba “Lucía” y le suben
el grado de dificultad pues la construcción-destrucción de la
habitación tiene muebles que hacen más complicado el proceso.
“Luis” es decididamente un cortometraje mucho más articulado que "Lucía" en
el sentido que lo que se narra es más claro y a su vez ofrece
respuestas a su antecesora. La construcción es completamente en
reversa a “Lucía”, pues aquí la habitación en vez de
desordenarse hasta la destrucción como ocurría en aquella otra
cinta, parte de una especie de cabaña con objetos completamente
destruidos, los cuales van regresando a su forma original. Al mismo
tiempo, el proceso de animación provoca que en vez de que la imagen
se sature, se vaya ordenando de tal forma que es muy claro distinguir
entre la animación de la destrucción de la habitación y la
animación donde vemos al mismo tiempo al tímido Luis aparecer por
las paredes, incluso llegando a interactuar con los objetos que se
van ordenando, cual lobo feroz que soplará y soplará para derrumbarlo todo, sin conseguir
éxito.
Luis también es un personaje que parece ordenar sus ideas de
manera más lenta y sencilla que su enamorada, cuya voz es proporcionada por Paula Florencia
Navarrete, la misma actriz que le daba voz a Lucía, esta vez
fingiendo ser un niño caprichoso en vez de una niña miedosa. Es natural en ese aspecto, que también sea más fácil comprender lo que dice, incluso si al final hay una retahíla de insultos incomprensibles para el oído, pero inteligibles al pensamiento, pues comprendemos los sentimientos de Luis.
Vistas
en conjunto, “Luis” y “Lucía” funcionan mucho mejor de lo
que lo hacen por separado. Como en toda buena historia de amor que no
termina felizmente, el corazón puede ser destruido. Algunos después
vivirán con miedo, otros lo harán con rencor. Y sin importar qué tan
desordenados u ordenados se puedan ser, algunos se ocultarán en
alguna otra piel, acechando en la oscuridad al ser amado cuya mente
no sabe de explicaciones.

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