martes, 16 de agosto de 2016

Sueños de marca (Branded Dreams)



Irrealidad Publicitada

El actor mexicano Gabino Rodríguez en su blog personal Somos Reclamos suele mencionar una frase que reza: "Nada es mío, todo es robado", como un mantra consciente de la influencia de los demás sobre el pensamiento. Quizás por ello sea un tanto perverso que "Sueños de marca" (Branded Dreams) inicie con una cita del profesor James B. Twitchell. Twitchell, un ex-profesor de la Universidad de Florida con varios libros sobre publicidad, consumismo y cultura popular, quien fuera acusado de plagiar párrafos de sus libros de otros autores sin dar el crédito correspondiente en 2008, tuvo una jubilación prematura debido a estos plagios. El colectivo holandés Studio Smack conformado por Ton Meijdam, Thom Snels and Béla Zsigmond nos inserta en un bosque aparentemente inofensivo donde todas sus criaturas tienen la apariencia de ser un anuncio publicitario de la marca de soda más famosa del planeta. No es que se nos diga directamente la marca que se anuncia, pero los colores y siluetas lo dejan muy claro.  Imagine a un niño que no sabe leer, pero que conoce a la perfección la imagen de sus golosinas favoritas. En buena medida, el concepto visual es como un plagio del subconsciente, aún no sabemos leerlo pero sabemos interpretar su significado.

Nadie está a salvo de la publicidad ni de los productos de marca, la vemos en la televisión, en la red, en correos electrónicos, en el cine, en la radio, en los deportes, en nuestra ropa, posiblemente también en el lugar donde usted está leyendo esto. ¿Pudiera ser que Twitchell, inmerso en el estudio de los mecanismos publicitarios en verdad pensara que esas ideas que se robó le pertenecian a él? Tomando en cuenta que los textos plagiados por Twitchell tenían poca diferencia con su fuente original resulta casi imposible pensar que no hubo mala intención. Sin embargo, la ironía de que James B. Twitchell haya construido una carrera sobre los efectos y mecanismos de la publicidad a partir de ideas de otros, sin importar si haya sido de forma involuntaria o en franca alevosía provoca también una invitación a pensar maliciosamente. El concepto y la imagen de una marca pueden ser más poderosas que las palabras mismas. Twitchell lo sabía, así que creo su propia marca a través de "sus" escritos del poder de la mercadotecnia. Las marcas utilizan lo que funciona mejor, observan lo que realizan otras marcas más exitosas y lo emplean para vendernos su producto, asegurándose que llegue a la máxima audiencia posible.

Lo que hace interesante la propuesta de los chicos de Studio Smack es como alteran la perspectiva de algo aparentemente inofensivo al sembrar una idea antes de que la animación comience. La frase en cuestión con la que inicia “Sueños de marca” (Branded Dreams) nos dice que al ser bombardeados por la publicidad desde todos los frentes, el único lugar seguro es el inconsciente: el mundo de los sueños. Sin la frase inicial, esto sería un gran comercial: seres que toman figuras de latas de refresco, destapadores, siluetas de la famosa botella y gotas que simulan el burbujeante gas como camuflaje de la naturaleza misma. Sin embargo, al plantearse como un sueño, al decirnos que cuando la publicidad ha invadido al inconsciente de tal manera que ya no se puede estar seguros, todo se interpreta mas bien como una pesadilla: las marcas han penetrado en nuestra mente con la posibilidad de convertirnos en esclavos del consumo. 

La animación es totalmente corporativa, con un diseño sonoro que busca frescura, un toque electrónico que fusiona este ambiente natural del bosque con las artificiosas formas refresqueras que toman los animales. Es a la vez, el sueño placentero de cualquier publicista, llevar la marca de tal forma que el cliente se ponga la camiseta de la misma, un cliente que viva, respire y sueñe con su producto o servicio predilecto. Integra lo natural con el producto para dar la impresión de que hasta la naturaleza misma estaría satisfecha con lo que se nos está vendiendo.  

La mercadotecnia nos predispone a tener una idea de las cosas creyendo que son nuestras cuando en realidad han sido sembradas para crear una necesidad de consumo. La estructura de la animación utiliza esto como un truco publicitario pero lo hace con fines artísticos. Nos planta esta idea, para que interpretemos la animación de una forma totalmente distinta a la que se le daría sin esa idea. Si no se puede estar seguro ya en el reino de los sueños ante la invasión de la publicidad, ¿pueden seguir perteneciéndonos nuestros pensamientos?, ¿consumimos sólo los productos que nos resultan familiares hasta el hartazgo?, ¿hasta que punto la publicidad puede considerarse la publicidad una invasión de la privacidad?, ¿dónde se rompe la línea ética de los anuncios publicitarios? Lo extraño es que al plantar esta idea, se terminan cuestionando también nuestros propios hábitos de consumo.No es un tema ético menor, pero la animación sólo provoca que esas preguntas salgan a la mente. Su encanto está en ello, no en ofrecernos respuesta alguna.  Quizás uno pueda encontrar luz leyendo algún libro de Twitchell sobre los oscuros mecanismos del mundo publicitario, aunque como diría el buen Gabino: "nada sea suyo, sino que todo es robado."

domingo, 14 de agosto de 2016

Pánico en la granja: Vaquero Hulk (Panique Au Village: Cob'Hulk)


Sereno, Vaquero

En “Vaquero Hulk” (Cob'Hulk) la serie “Pánico en la granja” (Panique Au Village) se convierte en una parodia del hombre verde de Marvel. Un diminuto meteorito con forma de nugget de pollo se cuela en la sopa de Vaquero, lo que provoca que se transforme en una mole roja cada vez que lo hacen enojar. El humor recae en las mutaciones del buen amigo vaquero y en las reacciones de sus consternados amigos Caballo e Indio, los cuales no tienen ni la menor idea del porqué está ocurriendo esto.

A pesar de la repetición, pues hay destrucción por doquier, los directores Stéphane Aubier y Vincent Patar logran mantener el interés. Lo logran de dos formas, a nivel narrativo el espectador tiene información que los personajes no, así que en la mente de éste se crean posibles soluciones al conflicto, y es natural que se quiera saber cómo van a resolver los personajes este embrollo. A nivel visual van cambiando el aspecto de vaquero cada vez que éste pierde su forma de Hulk Rojo, pero lo hacen siendo fiel al estilo de animación stop motion que maneja la serie con figuras que asemejan muñecos de plástico, lo cual crea expectativa por ver la siguiente transformación. Acaso habría que reclamarle que los enojos de Vaquero podrían resultar confusos si no se conoce a Hulk, aunque con la popularidad del personaje de Marvel esto no es un gran problema. Si las reacciones de Vaquero al enojarse no son tan claras, pese a que parezca jarrito de tlaquepaque, lo que sí es refrescante son las reacciones de Indio y Caballo. Gran parte del sentido del humor recae en como ellos en un principio no se toman tan en serio el problema, como si el relajo fuera algo totalmente natural.

Además de todo esto, cada secuencia va creciendo en nivel de relajo. Ese es el punto fuerte de la serie, mientras más relajienta, mucho mejor. “Vaquero Hulk” parece entenderlo bien por lo que va aumentando su nivel de caos a la vez que la historia fluye de forma natural, a pesar de insertar un elemento sobrenatural a su trama. Ve a los “superpoderes” como una enfermedad que se extirpa a base de buen humor con personajes que se toman el enfado de otros con tranquilidad. Ante el enojo, serenidad.

sábado, 13 de agosto de 2016

Pánico en la granja: El sillón relax (Panique Au Village: Le Relax)


Relájate, no lo hagas


“El sillón relax” (Le Relax) es una animación que, como indica su título, tiene una narrativa muy relajada. Como parte de la serie “Pánico en la granja” (Panique Au Village) su función es mas bien informativa y se mueve por dos caminos distintos que buscan conectar temas de interés para un público infantil: el ir a conocer a los vecinos y el quedarse solo en casa sin supervisión adulta. Caballo, Indio y Vaquero se andan preparando unos waffles para el desayuno pero resulta que se les acabaron los huevos del refrigerador, por lo que saldrán con los vecinos a conseguir algunos. Cartero les ha dejado un paquete, por lo que Vaquero decide hacerse guaje fingiendo enfermedad para poder quedarse en casa y fisgonear el dichoso paquete. Así es como los directores Stéphane Aubier y Vincent Patarse se las ingenian para separar la trama con Vaquero en casa e Indio y Caballo yendo a conseguir los huevos.

No es un episodio tan ingenioso pues opta por la sencillez en todos los sentidos: no hay música mas que en el breve epílogo donde suena una especie de surf; no hay demasiado énfasis en los sonidos, pese a que algunos puedan ser escandalosos; el periódico que toma vaquero sólo tiene dibujada la primera y última páginas; y tanto los movimientos como las voces de los personajes son lo más funcionales posibles para expresar el sentir de los mismos. El mismo título arruina las posibles sorpresas pues ya sabemos lo que tendrá la caja, aunque ahí resida lo más complejo a nivel animación: las funciones del susodicho sillón. Y el título “Pánico en la granja” también es un indicador de la clase de vecinos que nuestros cocineros amigos irán a visitar. Bajo esta perspectiva no es una entrada destacada dentro de la serie a nivel de narración: es muy pausada, relajada en vez de relajienta, “tranqui” como podría indicar una traducción menos literal y que no ofrece demasiadas sorpresas o situaciones chuscas.

Las sorpresas son los personajes que conocemos en esta búsqueda por los huevos. Es como el mal necesario de toda serie, sirve exclusivamente para presentarnos nuevos personajes. ¿Podría hacerlo de manera más ingeniosa? Sin duda alguna. Otras series consiguen darle más valor a nuevos personajes en el momento de presentarlos al público. Lo que no se le puede reprochar, es no conocer a su público, el cómo mira el ir a pedir algo como una aventura en búsqueda de algún tesoro y el cómo toma el hecho de que el bodoque se quede en casa para experimentar con esa nueva libertad de poder hacer lo que se le venga en nada sin supervisión tienen esa inquietud de formar una conexión con la audiencia infantil. Las ganas de experimentar y jugar con los objetos que no está permitido tocar en casa, la travesura en solitario.

En la vida misma uno siempre descubre en algún momento nuevas personas o nuevas experiencias, algunas son fascinantes desde el principio, otras resultan un tanto fomes. Por desgracia, “El sillón relax” opta por lo fome. Le faltaron lo mismo que fueron a conseguir los personajes y le sobró una palabra parecida a la flojera que tampoco se la voy a decir, pero nomás porque esta es una cinta para niños, que conste.

viernes, 12 de agosto de 2016

Pánico en la granja: El Pastel (Panique Au Village: Le Gâteau)



 Queremos pastel, pastel, pastel

El primer episodio de las animaciones de “Pánico en la granja” (Panique au village), de la cual llegaría mas adelante su versión en largometraje establece a la perfección la dinámica tanto en animación como en personajes de toda la serie: un par de hombres que se comportan como niños causan problemas a su compañero de hogar, el cual toma el rol de tutor ante el infantiloide comportamiento de sus amigos. El concepto no es algo muy diferente de la serie “Friends” u otras similares, pero al llevarlo al terreno de la animación aprovecha las situaciones absurdas que se pueden generar utilizando el stop motion como si sus personajes fuesen caricaturas.

Indio y Vaquero, dos figuras que parecen juguetes de plástico animadas rudimentariamente y cuyos nombres nos indican tanto su apariencia como características, viven en la misma casa que Caballo (literalmente un caballo que también tiene la apariencia de un juguete de plástico). En “El pastel” (Le Gâteau), Indio y Vaquero molestan a un oso salvaje que intenta comerse un lindo pescadito. ¿Por qué fregados hay un pescado colgado de un árbol? Sepa la bola, pero basta como pretexto para detonar la trama, pues el oso se enoja mucho al ser molestado por estos dos adultos que se comportan como niños. De vuelta a casa Caballo ha horneado un pastel pero como ya es muy noche manda a los “niños” a dormir esperando que todos se coman el pastel hasta el otro día. Uno puede imaginarse lo que ocurrirá después cuando se tiene a dos niños glotones y mal portados que quieren pastel.

Los belgas Stéphane Aubier y Vincent Patar construyen su historia a partir de estos dos elementos muy simples que además van colisionando unos con otros: el oso enojado, el deseo del pastel y en medio de ellos el cuidador del mismo. Los directores van acelerando el ritmo y volviendo cada chiste más absurdo que el anterior, pero lo hacen de una manera muy divertida y lo elaboran cada vez de forma mas compleja de tal forma que todo se convierte en un caos organizado. Es un fiesta muy relajienta lo que logran con estos personajes a la vez que simulan el juego sin sentido que podría tener un niño con estas figuras de plástico. Aquí los directores todavía no dominan por completo el espacio cinematográfico, pero ya tienen dominada a la perfección la parte narrativa. Si digo que no dominan el espacio cinematográfico por completo es debido a que todavía hay ciertas composiciones un tanto confusas, especialmente cuando deciden convertir un objeto en cohete. Lo narran tan bien y lo editan aún mejor, que al final de cuentas uno entiende las cosas, pese a que a nivel visual sea difícil ubicar en algunos momentos a los personajes o saber que está haciendo cada uno de ellos en algunos encuadres.

La animacion siempre se ha caracterizado por ser rústica, cruda, básica y artesanal, una característica que utiliza a su favor. Además se pone énfasis en los sonidos, donde destacan los pasos de los personajes los cuales son incesantes golpeteos que suenan como los trotes de un caballo en el hipódromo o que resuenan también como golpes sobre la madera. A estos le añaden otros elementos como el viento, grillos y buhos nocturnos. Las voces son igualmente aceleradas, como de niño jugando con sus figuritas de acción. No son tan claras en lo que dicen, como queriendo que el espectador ponga más atención a lo que sucede a nivel visual, pero sí logran comunicar una emoción a través de la entonación. Y el clímax es acompañado de una música de persecución con guitarras que recordaría a la de aquellas viejas series western estilo Bonanza de no ser por que se le añade una onda disco bastante bizarra, por lo que es una mezcolanza acorde con lo ridículo de la situación.

“El pastel” resulta entonces en una excelente presentación de estos personajes pese a estos pequeños detalles visuales gracias a su hilarante sentido del humor. Encuentra el ingenio en lo ridículo gracias a sus grandes dotes narrativas.